Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Interescuadras
Eduardo García Gaspar
14 junio 2002
Sección: NEGOCIOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Mientras la mayor parte del mundo ve el deporte más popular del mundo, dentro de la FIFA hay otro torneo y al parecer, de enormes dimensiones.

Es una pelea interna y eso puede no ser de interés para nadie en realidad, pues más emocionante es ver los partidos que los datos de las denuncias y los reportajes.

Un hombre con nombre de Michel Zen-Ruffinen, que es el secretario general de la FIFA, ha dicho que su jefe, Sepp Blatter, el presidente de ese organismo, hizo pagos no autorizados con fondos de la institución, incluyendo 25,000 dólares a un árbitro.

También, a la confederación de fútbol del Caribe y América del Norte le canceló un préstamo de nueve millones. La FIFA oficialmente estimó una pérdida de casi 32 millones por la quiebra de su socio de marketing, una empresa de nombre ISL, y ahora resulta que la pérdida es de más de 111 millones.

Los interesacuadras tienen otro protagonista, incluyendo a otra persona con un aún más improbable nombre, Issa Hayatou, quien es el mero mero del futbol africano.

La revista, The Economist, al reportar estos hechos ha añadido una pieza de información adicional en extremo útil.

Durante un breve tiempo, Henry Kissinger, estuvo involucrado en la FIFA y comentó que lo vivido allí le hizo extrañar los conflictos del Medio Oriente. Existen, pues, al descubierto los síntomas de una organización podrida desde dentro.

Pero, la verdad, no tenemos esa seguridad. Sólo poseemos muestras, síntomas y signos de lo que adentro sucede.

La FIFA es una organización de la que se desconoce casi todo, una institución que no reporta a nadie y que no tiene a quien rendir cuentas. Más o menos igual que el Comité Olímpico Internacional o una ONG cualquiera.

Lo que trae a la memoria a Joao Havelange, durante años el mandamás de la FIFA y memorable al menos para mí por su gesto adusto, hosco, severo, malhumorado, como el de quien tiene que soportar malos olores a su alrededor.

Una hija de Joao, por cierto, está casada con el número uno del fútbol de Brasil.

De nuevo, le digo, los indicios de organizaciones putrefactas, o por ponerlo en términos constructivos, instituciones con enormes y gigantescas oportunidades de mejora.

Es posible que ésta sea una buena ocasión para una segunda opinión que señale el contraste entre los dos grandes segmentos del fútbol profesional.

Siguiendo la clasificación tradicional, me refiero a los de pantalón corto y a los de pantalón largo. Entre ellos hay enormes diferencias y, además, las fallas de unos provocan daños en los otros.

Si usted toma a los jugadores, verá con facilidad que ellos rinden cuentas a otros cada vez que juegan. En cada partido, de cada jornada, cada equipo presenta un reporte de su estado al público en general. Los partidos son abiertos, cualquiera puede entrar a los estadios y constatar por sí mismo el estado de los equipos.

Pero los de pantalón largo hacen exactamente lo contrario. Se ocultan, se esconden. Están tras paredes y organizaciones que impiden verlos. No rinden cuentas a nadie, no reportan nada.

Todo es secreto, oculto y misterioso. Ya que al resto de la humanidad le interesa mucho más el espectáculo, poco inclinados estamos a querer siquiera enterarnos un poco de lo que ese grupo enigmático hace. Nos gusta ver partidos nada más.

Los de pantalón corto están abiertos al escrutinio público, los de pantalón largo no.

Y esa diferencia es importante, pues quien no rinde cuentas tiende naturalmente a la irresponsabilidad, lo que significa en general que si los de pantalón corto tienen problemas, la explicación más probable es la de fallas en los de pantalón largo, más ocupados con sus enredos que con la calidad del producto que venden.

Es más que una posibilidad que la caída del fútbol de Brasil se deba a los problemas de sus organizadores que a la baja de calidad de sus jugadores. La cosa, al final, es sencilla.

De todos los negocios de todo el mundo, uno de los más envidiables dado el tamaño de su mercado es el futbol. Si se pudiera comprar, se ofrecerían miles de millones de dólares por él, y más, dadas las cantidades que se pagan por patrocinios.

¿Puede un negocio con esa solidez de mercado y siendo monopolio estar seriamente emproblemado? Obviamente sí.

La única posible explicación es una mala administración, tan mala como grande es el fútbol en el mundo. Los signos abundan. ¿Podrá recuperarse?

Nadie lo sabe, pero sí es posible prever que la probabilidad de corrección es mínima, pues la FIFA no tiene un mecanismo de rendimiento de cuentas a nadie. Y, mientras eso no exista, muy poco puede hacerse.

Hasta que, el deporte mismo, caiga en calidad y espectáculo, con audiencias menores y asistencia exigua en los estadios, o lo acostumbrado en nuestro país: una mala selección nacional tradicional. Y aún así…

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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