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La reventa de boletos, un examen económico. Otro claro caso de lo que diferencia a un mal economista de uno bueno. Esa capacidad para ver lo que los otros no ven. ¿Debe prohibirse la reventa de boletos? No, si es que se examina con detenimiento.

Introducción

Examinar la economía diaria y real es un extraordinario ejercicio mental. El caso de los revendedores, que en la superficie vemos como negativo, una vez evaluado nos da una perspectiva diferente y más rica.

Con análisis similares podremos ver las bondades de muchas cosas que vemos como negativas y, lo mejor, el viceversa. 

La obra en la que está basada esta carta es libro de Block, Walter, Defending the undefendable. New York. Fleet Press Corp., «The Ticker Scalper», pp. 80-86.

El autor ha tomado en su libro a diversos personajes de la sociedad, los vistos como negativos. Por ejemplo, la prostituta, el avaro, el chantajista, y los ha analizado desde el punto de vista económico. 

El caso de la reventa de boletos presenta una buena oportunidad para reafirmar la idea de Bastiat. La importancia de las cosas que no se ven.

Es decir, en todas partes se tienen oportunidades de examinar a la conducta económica, incluso en un bar. En otras palabras, la economía está a la vista de todos los que quieran verla.

El caso del revendedor

Es el revendedor de boletos (ticket scalper), ese individuo que por lo general compra boletos de algún espectáculo y posteriormente los revende a otros con una ganancia.

El revendedor, desde luego, es percibido de forma negativa. Solo hay que imaginar lo que piensa quien desea asistir a una obra de teatro y encuentra en la reventa que los boletos que tienen precio de venta de 100 pesos valen ahora 250.

Eso que se ve de inmediato

La percepción obvia es que eso no es justo, que los revendedores compran los boletos y se esperan a encontrar personas tan desesperadas que están dispuestas a pagar precios sustancialmente mayores por boletos de un partido de fútbol o de cualquier otro espectáculo.

Más aún, la reventa es una actividad en varias partes penalizada por las leyes. Por ejemplo, en México.

Block dice que el análisis económico de la reventa de boletos indica que la labor del revendedor, en la realidad, no es injusta.

La gran utilidad de esta idea de Block es permitirnos poner sobre la mesa algo que dábamos por hecho y ejercitarnos así para la evaluación de otras actividades y propuestas económicas. Un modo de aprender a ver lo que el mal economista no ve.

La reventa de boletos y entradas

Este fenómeno tiene un origen en las condiciones que existen.

Escasez de billetes de entrada

Hay una condición necesaria para la reventa. Sin esta condición la reventa simplemente no podría existir.

Esta condición es la cantidad fija y limitada de boletos en existencia. Si esa cantidad fuera mayor, si esa cantidad pudiera producirse en más cantidades la reventa sería difícil o imposible.

Pero es un hecho que los boletos de un espectáculo constituyen una cantidad limitada en la oferta, lo que es una condición obligatoria para que la reventa surja.

Un precio impreso

Otra condición necesaria para que exista reventa se encuentra en los mismos boletos, pues ellos tienen un precio de venta, claramente anotado en ellos.

Eso lo hacen los empresarios del espectáculo, quizá porque así lo pide el público, o quizá por comodidad.

Pero el hecho es que los boletos tienen un precio de venta impreso y claro para todos y esto es una condición necesaria para la reventa. Las acciones en una bolsa de valores, por ejemplo, no tienen precios de venta impresos y por ello es imposible su reventa.

Un precio fijado

Otra condición para que la reventa emerja es la realidad de un precio de venta fijado por los empresarios de espectáculos que es menor al precio de equilibrio en el mercado. Es decir, el precio en el que la demanda igualara a la oferta.

Si el precio de venta de los boletos es inferior al precio de equilibrio, es obvio que la demanda superará a la oferta, lo que es un incentivo para la reventa.

Llama la atención la razón por la que los empresarios ponen precios bajos a sus boletos, más bajos de lo que ellos mismos pudieran cobrar.

Según el autor, hacen eso porque así se ahorran en publicidad al formarse largas filas para la compra de boletos: sin publicidad tratan de asegurarse que venderán todos sus boletos.

Tienen precios de venta inferiores a los que pudieran cobrar porque además temen una reacción negativa del público, que puede pensar en que los empresarios cobran demasiado.

El hecho es que intencionalmente los boletos de los espectáculos tienen precios inferiores a los de equilibrio de mercado y eso es un incentivo a la reventa.

El problema económico de la reventa

Tenemos, entonces, un problema económico, el de bienes cuyo precio es demasiado bajo para la demanda que existe. Hay más personas que boletos y este problema lo resuelve la intervención del revendedor. Lo hace racionando los boletos.

El racionamiento de los boletos

Para mejor entender esto, deben verse dos tipos de racionamiento de productos.

Uno de esos tipos es el que raciona bienes por medio del precio. Los precios del artículo en cuestión se elevan, lo que constituye la única forma racional de racionamiento de bienes cuando se dan casos de demandas mayores a la oferta.

Pero hay otro tipo posible para racionar bienes, es el tipo de racionamiento que no se basa en el precio. Por ejemplo, el método de este tipo más usado por los empresarios de espectáculos es el de vender boletos en el orden en el que las personas se colocan en una fila.

En este sentido el racionamiento se hace discriminando a las personas según su orden en una fila.

Hay otros posibles sistemas de racionamiento no basados en el precio, como por ejemplo el del nepotismo. Eso es dar preferencia para la compra de boletos a parientes y amigos, o preferir a hombres que a mujeres.

Todos estos sistemas discriminan a uno o más grupos, sin que eso pueda evitarse. Pero el sistema más justo es el de dejar que los precios se eleven hasta llegar a su punto de equilibrio.

Hay que ver los números, dice el autor. Por ejemplo, si el precio de venta de un boleto es de 5 pesos, pero su precio de equilibrio es de 9; entonces, si hay 20 mil boletos y se venden 18,000 a 5 pesos, el resto, los 2 mil necesitarían venderse a 45 pesos cada uno para llegar al equilibrio.

El racionamiento del empresario

El sistema que se piensa más justo, según los empresarios, es el de dejar que las personas hagan fila ante la taquilla. Y que compren boletos según el orden en el que se encuentren hasta que la cantidad limitada de boletos se haya terminado.

Típicamente la taquilla abre a una cierta hora antes de la cual ya se han formado una fila de individuos que quieren comprar esos boletos.

La verdad es que ese sistema que se piensa justo también discrimina. Lo hace en contra de quienes no pueden darse el lujo de dedicar tiempo a hacer la fila y esperar.

También discrimina contra quienes no pueden darse el lujo de mandar a sus sirvientes a hacer fila.

¿A quién favorece la reventa?

Se dice que la reventa favorece al rico, a quien puede permitirse precios más elevados de boletos.

La verdad, dice Block, es que el sistema de reventa no favorece al rico y de hecho lo puede lastimar. La reventa favorece verdaderamente al de bajos ingresos y al de ingresos medios.

Tomemos a la persona de ingresos bajos. Es una hipótesis razonable pensar que esta persona tiene tiempo para esperar en fila y que si renuncia a otra actividad, esa renuncia no le representa una pérdida grande.

A esta persona con tiempo, la reventa le representa una buena oportunidad de negocio, pues sin necesidad de capital puede ganar dinero con intercambios de mutuo acuerdo entre las partes.

Ahora tomemos a las personas de ingresos medios. Ellas, debe suponerse, no tienen tiempo para hacer fila y si lo hicieran perderían más de lo que ganan.

Sin embargo, gracias a la reventa pueden comprar boletos a pesar de no disponer de tiempo para hacer fila. Pagan un precio mayor por el boleto, pero no tienen que hacer fila.

Los que tienen altos ingresos pueden decirle a algún sirviente que vaya a hacer fila y en realidad no necesitan al revendedor. Aunque puede suceder que les salga más caro hacer eso que comprar boletos de reventa, por lo que también salen beneficiados.

Concluyendo

Desde luego, la reventa eleva los precios de los boletos, pero es inevitable cuando la demanda supera la oferta. Hay que recordar que los boletos no son ilimitados y que se venden a un precio inferior al que les correspondería en el mercado.

Sí, esto favorece a quienes tienen relativamente más ingresos. Por su parte, quienes no tienen esos ingresos no podrán adquirir esos boletos. Pero eso es lo que sucede en la economía siempre y hay que reconocerlo.

No puede renunciarse a ese sistema económico sino con la consecuencia de dejar de gozar de sus beneficios. Nuestra vida sería terrible sin intercambios libres, pues nos veríamos forzados a vivir solo con lo que nosotros somos capaces de producir y eso es muy limitado.

Además, cuando la riqueza es ganada con honestidad y limpiamente, nada hay de malo en poder gozar de ella con la posibilidad de comprar artículos de precios elevados. El revendedor juega un papel importante haciendo disponibles boletos a quienes desean comprarlos.

O visto de otra manera, el revendedor presta un servicio a un cierto precio que el resto de las personas pueden o no aceptar. Si no aceptan el precio de la reventa, el revendedor pierde, pero sí lo aceptan es que las personas han decidido que les conviene ese precio de un boleto por el que no tuvieron que hacer fila.

[La columna fue actualizada en 2019-08]