Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Discriminación Necesaria
Eduardo García Gaspar
7 octubre 2002
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es posible que estemos viviendo en una época en la que nuestra perspectiva esté siendo distorsionada debido a nuestras ansias de querer tener una igualdad a toda costa.

Y, como ejemplo, pongo el tema que con alguna frecuencia sale en los medios que reportan acciones de discriminación en la entrada a discotecas y bares.

El problema es fascinante porque nos dará una respuesta que no esperamos y que es la justificación de que todo establecimiento puede hacer la discriminación que quiera con sus clientes, sin nada que se lo impida.

La historia generalmente es ésta. Una persona o varias se quejan ante la autoridad de que no fueron admitidas a un lugar, típicamente un restaurante, una discoteca, o un bar.

La autoridad responde con una reacción de indignación y afirma que ninguno de esos establecimientos puede discriminar a nadie y que tienen la obligación de aceptar la entrada de todas las personas sin importar quiénes sean ellas.

Una vez dicho esto, la autoridad queda satisfecha, se siente muy bien por aparecer como igualitaria y quien se entera de la noticia tiende a aprobar esa posición de la autoridad sin mucho pensarlo.

Sin embargo, la autoridad está equivocada en su posición y lo está de cabo a rabo. Absolutamente equivocada. Déjeme explicarle las razones.

Partamos del hecho innegable que esos sitios tienen un cupo limitado, por grandes que sean. Con un cupo limitado necesariamente tienen que tener un criterio para seleccionar a los que entran al lugar.

Si admiten a los que llegan primero, están discriminando contra lo que no pueden llegar antes, quizá por tener otras ocupaciones.

Pueden usar ese criterio de selección de personas o cualquier otro. Por ejemplo, si el trago en ese lugar vale setenta pesos, eso quiere decir que están discriminando contra los que no pueden pagar ese precio, que es lo mismo que hacen los fabricantes de carros de lujo.

O bien, pueden seleccionar con otros criterios, por ejemplo la vestimenta de las personas para escoger a los que van vestidos más punk, o menos, a los que llevan corbata o a quienes no la llevan. Las posibilidades son infinitas. Los bares gay discriminan contra quienes no lo son.

El punto hasta aquí es que debe haber algún criterio de selección para limitar la entrada de personas a esos sitios, los que generalmente tienen números máximos de asistentes, establecidos en sus permisos.

Como los lugares son limitados y no todos pueden entrar, es necesario discriminar de alguna manera para seleccionar a quienes pueden entrar.

Eso nos lleva a examinar la cuestión de quién establece ese criterio de selección de las personas que sí pueden entrar. La única respuesta razonable es que quien decide el criterio para seleccionar a sus clientes es el dueño del establecimiento, pues es él quien sufrirá las consecuencias de su decisión en una propiedad suya y de nadie más.

Si alguien quiere poner un bar para vegetarianos, que lo ponga. Si quiere abrir una discoteca para jóvenes punk, con el pelo pintado de rojo, que lo abra. El riesgo es de él nada más.

Si alguien quiere poner un restaurante francés muy caro, que lo ponga. Es el dueño quien sufrirá las consecuencias de discriminar contra quienes no pueden o no quieren pagar el precio de sus platillos. Sería absurdo que la autoridad le dijera a este restaurantero que él debe aceptar a clientes que no pueden pagar sus precios.

El asunto es aún más claro si usted piensa en su casa.

¿Admitiría usted en ella la entrada de todos sin distinción? No, desde luego. Usted es dueño de su casa y decide quién entra a ella, que es lo mismo que cualquier bar o discoteca… una propiedad privada cuyo dueño es quien toma la decisión de aceptar si alguien entra o no, bajo su propio riesgo.

Por eso le digo que nuestra época es una en la que posiblemente estemos usando palabras muy bonitas para expresar ideas que no tienen justificación. Todos estamos en contra de la discriminación, pero no nos damos cuenta que existen ocasiones en las que necesariamente tenemos que seleccionar personas por alguna característica relevante al caso.

Es el caso de quien contrata a una persona porque le ve más potencial que al resto, o de quien compra una marca y no otra. En fin, este asunto de la discriminación no es lo sencillo que nos puede parecer cuando lo vemos por encima.

Post Scriptum

Un lector comentó del anterior texto lo que aparece abajo, en la sección de comentarios. Sobre eso apunto lo siguiente.

Es una pena que observaciones que tienen inquietudes válidas sean echadas a perder por un tono agresivo injustificado. Retirando ese desagradable componente emocional, el lector dice en resumen muy poco, pero pueden hacerse los siguientes comentarios:

• La pregunta del lector, de que si tener corbata da derecho a que se le guarde un lugar en un bar, no es una aseveración que hice. Pero puedo decir que si el propietario del restaurante quiere reservar lugar a quienes usen corbatas, que lo haga; es su bar, su dinero y sus decisión. Es preferible que lo decida él a que salga una disposición burocrática diciendo que se prohíbe que los bares diferencien dependiendo del usar o no corbata.

• Usé el ejemplo de la casa para ilustrar que es el propietario quien tiene dominio sobre ella y lo que con ella hace. El lector dice que un negocio privado está en condiciones especiales que limitan la propiedad porque necesita licencias de operación dadas por el gobierno, quien no puede aprobar la discriminación.

O no me expliqué bien, o el lector no comprendió que de cualquier manera se discrimina en un negocio, con o sin licencia: un Porsche discrimina por precio a los clientes, no diferente a, por ejemplo, las toallas femeninas a los hombres, o por conocimientos en la selección de un empleado.

La ira del lector, me parece, se debe a tener un sentido limitado de la discriminación y creer que ella es equivalente al apartheid o a la segregación racial. Quizá se trata de la reacción que puede causar el poner en tela de juicio a lo políticamente correcto y que es una de los gustos de Contrapeso.info. En Discriminar es Complicado hay un buen tratamiento del tema.

Lo que debe entenderse es que decidir entre opciones es una acción discriminatoria. Cualquier hombre casado discriminó al resto de las mujeres en favor de una; el lector cuando come fuera de casa discrimina a todos los restaurantes menos uno; cuando contrata a una persona discrimina al resto. Lo que al final defiendo es la libertad de razonar y analizar sin los sesgos que produce lo políticamente correcto.

Desde luego, si acaso una ley dicta que las mujeres no tienen derecho a voto, eso constituye una violación de la igualdad de derechos y ello no puede equipararse, por ejemplo, a la aceptación irrestricta de clientes en un restaurante que no es un bien público. Quizá sea una confusión entre segregación y discriminación, que no son iguales.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.


1 comentario en “La Discriminación Necesaria”
  1. Daniel Torregrosa Dijo:

    … Está usted defendiendo una discriminación indefendible… si uno llega cuando un bar está lleno, deberá esperar a que haya hueco. ¿Cree usted que por usar corbata tengo derecho a que se me guarde mi lugar en un bar? Es de risa lo suyo. El artículo de la casa, es más ridículo aún. ¿Le dan a usted en su casa una licencia de apertura? Una discoteca, por ejemplo, no es propiedad privada de forma absoluta, sino que está explotando económicamente ese lugar, con unas condiciones especiales gracias a una licencia. Esa licencia, la da un ente público. Ese ente público está directamente obligado a respetar los derechos fundamentales de las personas. Por tanto, no puede dar licencias que permitan la discriminación. Además, el empresario como tal, al ofrecer un espacio de ocio por ejemplo, no puede discriminar porque ataca directamente a los derechos fundamentales. Estos deben ser respetados por todos, aunque seas empresario y tengas mucho dinero.

    ¿A usted le permitirían montar un bar en su casa sin pedir ninguna otra licencia? No.
    Creo que con esto es suficiente.

    Espero que rectifique, aunque sea 6 años después, de la barbaridad que dijo. Este artículo es poco serio, poco profesional y además vergonzoso.





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