Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Manzana Podrida
 
9 septiembre 2002
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Érase una vez dos personas aparentemente iguales en todo, o al menos muy parecidas, que fueron contratadas por una empresa y en cuyo trabajo debían emplear como herramienta principal una computadora.

Sus computadoras eran iguales o casi iguales, con los mismos programas y hasta del mismo color.

Ambas personas ocuparon lugares contiguos y recibieron las mismas instrucciones del mismo jefe para realizar su primer trabajo.

El tiempo pasó dejando claro que una de esas personas rendía mejores frutos que la otra, consistentemente mejores. Sus trabajos eran más limpios, más exactos y cumplía sus fechas de entrega con mucha puntualidad… e incluso llegó a presentar iniciativas personales, algunas muy poco útiles y descabelladas.

Por ese tiempo, quien me contaba esta historia, dijo que empezaron a usarse las definiciones de los elementos del uso de computadoras.

Usted lo sabe, eso de que existe el hard-ware que son los aparatos mismos, el soft-ware que son los programas y el naco-ware que son las personas que usan al hard-ware y al soft-ware.

Volviendo a la historia, después de más tiempo, la persona que daba mayores resultados comenzó a recibir tratos preferenciales, como mayores incrementos de sueldo y prioridad en la asignación de trabajos. La carrera profesional de esa persona comenzaba su ascenso.

La lección es clara.

La gran diferencia dentro de las empresas e instituciones la hacen las personas. Dé usted condiciones idénticas de trabajo a un grupo de gente y va a obtener resultados diferentes.

Somos los humanos quienes establecemos las variedades y diversidades Es bastante obvio esto, pero no sobra recordarlo porque tiene serias consecuencias.

Poco tiempo después de oír esa historia por parte de un amigo, dentro del grupo de personas que reportaban a mí se presentaron quejas consistentes sobre la conducta de una de ellas.

Contaban que era un tipo chismoso, creador de rencillas y mal llevado con el resto. Preocupado porque eso venía de diversas fuentes, dejé pasar un poco de tiempo.

Los comentarios continuaron, por lo que indagué un poco más confirmando esas historias. Pregunté a mi gente qué querían hacer y la conclusión fue despedir a esa persona, en una decisión que tomó más mi personal que yo.

Autoricé el despido y con un poco de ruido esa persona se fue. Luego hice pública la causa del despido: era una persona chismosa y de grilla política.

Ninguna persona de ese tipo tenía cabida en mi dirección. Quise que el mensaje quedara claro en todos: los chismes no se valen y va para fuera el que juegue ese juego.

Creo que fue positivo despedir a esa persona, pues así me quitaba de encima a un elemento negativo. Pero más que eso me preocupaba mantener un grupo limpio de personas que hicieran un buen trabajo.

Y eso fue más importante que renovar algunas de las computadoras viejas que teníamos. Si las personas son las que hacen la diferencia, son ellas las que deben recibir la mayor atención posible, antes que cualquier otro asunto. Quítese la manzana podrida de encima, hoy mismo, pero ya.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “La Manzana Podrida”
  1. yolanda pons Dijo:

    muy interesante. lo voy a aplicar con mi equipo





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