Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Misión Para el Cajón
Eduardo García Gaspar
26 agosto 2002
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Está de moda, desde hace algún tiempo, que las empresas creen un texto que establece su misión.

Generalmente esa misión es una redacción ilegible de una meta inalcanzable.

Una vez que tienen ese texto, la mayoría de las empresas quedan muy satisfechas y pasan a trabajar como el día anterior, sin que haya cambio alguno en su desempeño.

Si una empresa tiene una misión, la única posible para todas ellas es la de tener utilidades para mantenerse vivas.

Ésa es la única misión practicable para las empresas. Claro, para lograr esa misión será necesario realizar bien una serie de cosas, como fabricar productos de alta calidad, a precios muy aceptables, entregados a tiempo y que satisfagan a sus clientes.

Pero la misión real de la empresa es la de mantenerse viva teniendo utilidades sólidas en el largo plazo.

Y no hay mucho más que agregar al respecto, excepto por la determinación de la manera en la que la empresa va a conservarse viva, lo que es una cuestión de estrategia.

Por otro lado, los textos de las misiones de empresa que he visto, tienen una redacción frente a la que el barroco es un estilo sencillo y simple. No solamente son largas y complejas, también contienen todas las metas posibles añadidas a las formas en las que esas metas serán alcanzadas.

Con eso, las misiones se hacen imposibles de recordar… y lo que no se recuerda ya no es una misión. Si no me cree, pregunte al cualquiera que le recite el texto de la misión de la empresa en la que trabaja.

Casi nadie lo sabrá y, si nadie lo sabe, es imposible que eso se realice. Es decir, tener una misión parece ser uno de los requisitos de moda y una vez cumplido pasa a ocupar un espacio en algún cajón de algún oscuro lugar en alguna oculta oficina.

De todos los casos de misiones que conozco, hay un par de ellos que me llaman la atención por buenas. Déjeme mencionar uno, el de una universidad en Guatemala y que es una verdadera lección de simpleza.

Ese texto dice “La misión de la Universidad Francisco Marroquín es la enseñanza y difusión de los principios éticos, jurídicos y económicos de una sociedad de personas libres y responsables”.

Y nada más.

La sencillez, brevedad y riqueza de esas líneas es admirable y cualquiera la puede repetir después de leerla un par de veces. Y, si la claridad de ideas le agrada a usted, le recomiendo que vea el sitio de esa universidad en un texto que, desafortunadamente más complicado de lo que debiera ser, revela una posición valiente y original.

Eso sí podría llamarse una misión.

Quizá la lección sobre el tema sea ésta: la real misión de una empresa es mantenerse viva en medio de la competencia y los cambios, pero si la empresa decide tener un texto de misión adicional, ese texto debe tener ciertas características. Debe ser corto, sencillo, simple, original, profundo y memorable.

Además, debe recibir una amplia difusión en toda la empresa y ser la fuente de la que se deriven todas o casi todas las acciones de la empresa. Y, si no es así, lo mejor que puede suceder es que el texto de la misión se quede en ese cajón olvidado en ese lóbrego rincón de alguna oficina perdida de la empresa.

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