Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Sagrada Brevedad
Eduardo García Gaspar
16 octubre 2002
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Cuando uno escribe editoriales, con frecuencia suelen presentarse reflexiones de distintos tipos. Uno de los más frecuentes es el de la limitación al tamaño de lo escrito.

Un editorial necesariamente tiene un límite de palabras. El punto es cuál es el límite correcto. Yo no tengo una respuesta exacta, lo único que puedo decir es que todo editorial debe ser más breve que extenso.

La brevedad es una virtud, diría yo, sagrada. La brevedad ahorra tiempo y el tiempo es un recurso no renovable.

Consecuentemente, para escribir un editorial se tiene que pensar forzosamente en ocupar no más de unos pocos minutos del tiempo del lector.

Si el escritor no puede decir lo que quiere en unos pocos párrafos, entonces no es un escritor de periódico, sino de libros… que se busque una casa cerca de una playa y escriba lo que quiera decirnos.

Por otro lado, la brevedad tiene sus serios defectos, porque deja el tema con pocas aclaraciones y salvedades.

Es decir, los editoriales de los periódicos deben ser muy parecidos a los vestidos muy provocativos que a veces usan las damas: lo suficientemente largos como para cubrir bien el tema y lo suficientemente cortos como para hacerlo interesante.

Los editorialistas no nos podemos dar el lujo de algunos ministros religiosos que tienen un audiencia cautiva y soltar sermones de más de veinte minutos que tratan veinte temas diferentes.

Después del segundo tema o del minuto cinco, lo que se presente primero, los fieles del templo se distraen y el efecto que busca el sacerdote se pierde totalmente.

A los editorialistas nos pueden dejar de leer en cualquier punto de lo que escribimos. Por eso, de nuevo, debemos ser breves y concisos, con amplia capacidad de síntesis.

Cuentan que durante una conferencia, el conferencista hablaba sin parar y sin dar señales de terminar pronto. Uno de los asistentes, desesperado, quiso poner un alto a la conferencia y para ello arrojó un cenicero de vidrio con la intención de darle en la cabeza al conferencista.

El tiro falló, pues el cenicero golpeó a una dama, la que cayó violentamente al suelo. Varias personas se pararon de sus asientos y quisieron atender a la dama, la que no dejaba de repetir “Péguenme, péguenme, que todavía lo alcanzo a oír”.

Eso de las conferencias tiene su interés. No sé si usted sepa que según varias investigaciones las personas tienen dos grandes miedos en su vida. El primero de ellos es el miedo a hablar en público, lo que suele causar temores y temblores sin fin.

El segundo miedo que las personas tienen es el de tener que escuchar a quien ya no tiene miedo de hablar en público.

Y es que los conferencistas tienden a usar más tiempo del necesario… igual que los políticos, siempre quieren más poder del que se les da. A la brevedad siempre acompaña el uso de palabras simples y llanas, capaces de ser entendidas sin complicaciones.

Quien usa palabras complejas, por lo general, tiende a extenderse demasiado en el tiempo, como si quisiera impresionarnos con su amplio conocimiento de esdrújulas al por mayor.

La verdad es que lo que no puede ser explicado con palabras sencillas quizá sea falso, lo que no impide razonamientos complejos que nos llevan a conclusiones sorprendentes.

La brevedad, gracias a Dios, nos obliga a ir al punto directamente, sin andar por las ramas, que es algo que aburre y dispersa la atención. Siendo breve, el tiempo no se desperdicia contando historias previas que poco tienen que ver con el tema.

Si se trata de criticar alguna acción política, hay que hacerlo directamente, al grano, sin palabras en exceso…. afortunadamente nuestros políticos son muy generosos con los editorialistas y nos proveen con más acciones criticables de las que pueden ser analizadas por nosotros, lo que nos obliga a ser breves para atender lo más pronto posible a la siguiente mala decisión política.

La otra meditación a la que obliga la brevedad es a encapsular en breves frases ideas de la manera más llamativa posible.

Por ejemplo, creo que sobre este tema de la brevedad aún no soy lo suficientemente joven como para saberlo todo y por eso termino este editorial. Seguiría hablando mucho más tiempo sobre las virtudes de la brevedad, pero eso no sería lógico.

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