Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Sagrada Tolerancia
Eduardo García Gaspar
17 octubre 2002
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Supongo que visto rápidamente, el asunto de la tolerancia no es otra cosa que un acuerdo de mero sentido común nacido de los conflictos religiosos que produjeron guerras, persecuciones y matanzas.

Ante esas confrontaciones debe llegar un punto en el que varias personas con criterio opten por la opción natural, que es la de que cada quien siga a su religión como quiera mientras no altere ese mismo derecho en los demás.

El mismo principio de tolerancia, desde luego, es aplicable a otras cuestiones fuera de la religión, como la diversidad de opiniones que se expresan gracias a la libertad de pensamiento. Muchos dicen cosas con las que yo no estoy de acuerdo, pero todos usamos la misma libertad para expresarnos.

Yo con lo que creo cierto y los otros con los que ellos creen verdadero. Todo es de lo más civilizado y muy adelantado. Puedo creer lo que desee mientras no fuerce esas ideas en los demás.

Puedo tratar de convencerlos y ellos a mí, pero sólo usando argumentos persuasivos, jamás armas ni amenazas físicas. Le digo, todo va muy bien, excepto cuando se presenta una situación que es real.

Digamos que en una de las democracias del mundo, alguna de las más avanzadas, se recibe a emigrantes que tienen ideas religiosas contrarias a las que tiene ese país. No me refiero a cosas como creer en otra deidad, ni a celebrar sus ritos de manera diferente.

Me refiero a cuestiones verdaderamente diferentes y contrarias, por ejemplo, la idea de los emigrantes de que el gobierno debe ser conducido por el poder religioso, o la idea de que el sistema político de esa democracia es un pecado.

Esas ideas tan contrarias a las del país que recibe a los emigrantes en realidad no son más que curiosidades culturales hasta que se convierten en acciones potenciales que amenazan a esa nación.

Digamos que esos emigrantes forman células clandestinas que hacen planes para ataques a instalaciones de esa nación con el objeto de derrocar al gobierno. Es obvio que el tratamiento a esos inmigrantes sería el mismo que se daría a los nacionales que hicieran lo mismo.

Mi punto es que la tolerancia tiene límites más allá de los cuales no se puede aceptar la creencia ajena, lo que lógicamente significa que la tolerancia no acepta el relativismo moral o ético. Me explico.

Es posible soportar ideas contrarias a las propias, las que sean, mientras ellas no violen los principios más básicos y centrales en los que se sostiene la sociedad. Puedo sin problemas tolerar que ciertas religiones crean en la reencarnación, por absurdo que el concepto me parezca.

Pero lo que no puede hacerse es soportar que una religión, por ejemplo, realice sacrificios humanos para rendir culto a sus dioses. Ese sacrificio viola el principio ético de la dignidad humana y, además, es castigado por la ley.

De nuevo mi punto central, la tolerancia tiene límites que son los principios éticos básicos. El peligro de la tolerancia es por consiguiente el estirarla demasiado y permitir que personas violen con la complacencia de muchos los principios que han construido a esa sociedad, como por ejemplo, la separación iglesia-estado, la libertad de culto y otras.

Otro ejemplo, una comunidad dentro de una nación hace el reclamo de mantener sus usos y costumbres ancestrales, ante lo que la tendencia general será la de ser tolerantes. Correcto.

Pero qué sucede si parte de esas costumbres es la venta de niñas a temprana edad, o el tener leyes criminales diferentes a las del resto de la nación. ¿Debe uno ser tolerante y aceptar que se vendan niñas dentro de una comunidad, pero castigar penalmente eso en el resto del país?

Le digo, la tolerancia es un gran descubrimiento de la civilización moderna y ha logrado contribuir a elevar las probabilidades de paz y progreso. Pero los límites de la tolerancia no son infinitos y si se acepta que lo son, el riesgo será crear sociedades en las que la tolerancia no exista.

Es perfectamente posible, por ejemplo, encontrar casos en los que se pida la expulsión de los extranjeros de un país, simplemente por serlo, reclamando que el poder sea dado sólo a cierta raza, la que sea.

La tolerancia pide dar libertad de expresión a esa idea, pero si esa idea llega a hacerse realidad significa la anulación total de la tolerancia. No es un asunto sencillo.

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