Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Las Personas y la Economía
Selección de ContraPeso.info
1 noviembre 2002
Sección: Sección: AmaYi
Catalogado en:


Uno de los economistas más prestigiados, Buchanan, al hacer una serie de reflexiones sobre su profesión, ofrece al resto de los mortales nociones de interés. En su propuesta, para cambiar el enfoque del estudio de la Economía, podemos encontrar elementos para aclarar la idea de lo que es un mercado; incluso podemos ver razones por las que las aplicaciones económicas han derivado en intentos de ingeniería social de acuerdo a alguna teoría o deseo.

Esta carta ha sido tomada de la obra de Buchanan, James M (1979). WHAT SHOULD ECONOMISTS DO. Indianapolis. Liberty Press. 0913966649, Part One: Scope and Method, 1 What should economists do?, pp 17-38.

Su idea prueba de nuevo que lo que sucede en el campo académico tiene una influencia desmesurada en la vida de la sociedad y que a pesar de lo densa que pueda aparecer una discusión, como la que sigue, más nos conviene entenderla porque ella va a tener efecto en nuestra vida diaria. Aunque no lo queramos, ni entendamos.

El punto de arranque de Buchanan es preguntarse qué es lo que están haciendo los economistas y qué es lo que deberían hacer.

Esto es de simple sentido común, el detenerse en algún momento en el andar y consultar un mapa, ver si se está dentro del camino. Después de todo, es responsabilidad profesional el que los propios economistas conozcan el objeto de su materia.

Continúa, llamando la atención sobre un texto de Adam Smith, uno que menciona la propensión humana para comerciar e intercambiar. Y señala que esa inclinación del hombre ha sido ignorada, pero que contiene la respuesta a eso que debe ser la materia de la economía.

Los economistas deberían poner su atención es esta particularidad de la esencia humana, en esta tendencia a comerciar entre sí, y en los organismos que se crean como consecuencia de esta actividad.

La materia de la Economía y de los economistas es ésa, la conducta del hombre en las relaciones del mercado y las múltiples variaciones de sus estructuras.

Esta idea tiene un efecto importante, pues cambia el foco de la Economía para convertirse en la teoría de los mercados dejando de ser la teoría de la asignación de recursos. De hecho, el autor, pide un cambio, la adopción de la idea de la catallactics, algo que ya ha sido sugerido antes.

Esto es un cambio importante. Está muy bien establecido y aceptado lo que dicen los textos económicos y que menciona al problema económico  como uno de asignación de recursos escasos a alternativas y fines que compiten entre sí.

Aceptar esta idea equivale a aceptar un problema de la asignación de recursos que es necesaria porque esos recursos son limitados y es necesario decidir la asignación.

En esta concepción de la Economía no hay mención sobre de qué son esos fines que compiten entre sí. Incluso tampoco se menciona la identidad de quien hace la asignación de los recursos, es decir, de quien selecciona unos fines sí y otros no.

Por esto es que lógico que el problema económico se haya movido de un plano individual a uno plano de grupos o agregados mayores, inclusive hasta nivel de gobierno y de todo el mundo. Este es un fenómeno común, sumamente extendido.

Incluso entendiendo a una sociedad como formada por personas individuales y responsables existe el peligro de dar un brinco sin saberlo y empezar a pensar en agregados sociales, lo que crea a los economistas que tienen preocupaciones sociales y se concentran enteramente en la asignación de recursos para los fines seleccionados.

Lo que Buchanan pide es que los economistas abandonen esa visión, que dejen de preocuparse por el problema de la asignación de recursos, que dejen de considerar a ése como el problema único. Las razones son obvias.

Una vez que el problema ha sido aceptado y definido en términos de reducirse de una asignación de recursos, lo que sucede es que se crea alguna solución más o menos automática. La Economía se convierte en la búsqueda de una solución de beneficio máximo posible de acuerdo a algún criterio y solucionada matemáticamente.

Cuando los fines se han maximizado de acuerdo a alguna función de bienestar, todo se convierte en un problema de cálculo.

Si la Economía se tratara de eso nada más, entonces ella podría dejarse sin pena en manos de matemáticos. Y esto es lo que ha sucedido en la realidad, la Economía en los últimos veinte años ha sido enfocada al mejoramiento de técnicas de computación de ingeniería social.

No se trata de desechar eso, sino de ponerlo dentro de una perspectiva. Son buenas contribuciones matemáticas, pero no son la materia de eso que llamamos Economía.

A continuación, el autor menciona que la teoría de seleccionar fines presenta una paradoja. Si la función de utilidad de quien selecciona los fines está definida, entonces esa selección es un problema mecánico. Pero si esa función de utilidad no está definida, las decisiones se tornan selecciones impredecibles.

En otras palabras, dice el mismo Buchanan, si yo conozco perfectamente lo que yo quiero, entonces puedo usar una computadora y ese ordenador me dará la respuesta. Pero si yo no sé lo que yo quiero, entonces la máquina no puede darme ninguna solución.

Esto tiene una consecuencia, pues la teoría de la selección no otorga ningún papel importante al economista.

La propuesta de Buchanan no es el cambio de la materia estudiada, sino un cambio en el enfoque de su estudio. Es un sencillo cambio de punto de vista, ver más al intercambio que a la selección.

Si el autor viera sus deseos realizados, ya no se hablaría de Economía sino de catallactics o de Simbiótica.

Esta última es la más apropiada, pues se define como el estudio de la relación positiva entre organismos diferentes en una interacción que es de beneficio mutuo. Esto es más adecuado, pues pone atención en un tipo de relación que es única, la que supone relaciones y asociaciones de cooperación entre personas, incluso en el caso de poseer intereses distintos cada uno de ellos.

Buchanan ilustra estas ideas con el ejemplo de Robinson Crusoe, cuyo problema al vivir solo es uno de cálculo personal, capaz de ser solucionado matemáticamente. Pero las cosas cambian al llegar Viernes, que es cuando surgen relaciones simbióticas y se requieren intercambios, acuerdos, comercio.

Si ambos optan por una estrategia de cooperación mutua, podrán reconocer las ventajas de tareas de cooperación, con medios y arreglos que son la materia de la Economía.

El problema de los modelos económicos de competencia perfecta, añade ahora el autor, es la conversión de la acción personal de un contexto social e institucional a un contexto de mero cálculo.

Un mercado en equilibrio es uno en el que no sucede nada. El tema de la Economía no es el de esa perfección de modelos, sino el ser competitivo de un mercado, cuando las reglas de la competencia se establecen con instituciones que ponen límites a la acción humana y se tiene la continua presión de la conducta en el intercambio.

Si existiera una solución a ese mercado, ella emergería de una red de negociaciones, contratos, intercambios que en un punto dejan de renovarse. En cada una de las etapas de esta evolución se tienen ganancias, intercambios, que modifican la dirección del movimiento.

Es decir, en el modelo de competencia perfecta no hay capacidad de explicación excepto cuando se hacen modificaciones a las variables exógenas. Allí no hay lugar para el cambio interno, real, que hacen las personas que tienen esa propensión mencionada por Smith para cambiar, intercambiar y comerciar.

¿Cómo deben los economistas entender el mercado? Hay dos posibles respuestas.

Una es la clásica, la de entender el problema económico como uno de asignación de recursos. Esto equivale a entender al mercado como un concepto de ingeniería, un mecanismo de cálculo, que procesa información. Esto se compara apropiadamente con el gobierno, como un mecanismo de cálculo que realiza esa tarea.

La otra respuesta es muy diferente y es la que el autor favorece. El mercado no debe ser entendido como un medio para alcanzar una meta. No es el mercado un medio que trata de lograr algo. El mercado es la representación institucional de los procesos de intercambios entre las personas en sus diferentes capacidades. Eso es todo.

En el mercado pueden verse a las personas interactuando entre sí, llegando a acuerdos, comerciando. Lo que llamamos mercado es eso, la red de relaciones que surge de ese proceso de comerciar entre sí y su marco institucional.

El mercado es el escenario, la arena, en donde el economista observa a las personas alcanzar sus propios objetivos, sean los que sean, por medios no conflictivos. Esta es la materia de la Economía.

Las fronteras de esa materia están dadas por los límites de esas acciones de cooperación mutua y las acciones unilaterales no son materia de estudio. No hay aquí un significado abierto de la eficiencia en cuanto a su aplicación a casos de agregados y no puede hablarse de un mercado que alcance metas nacionales con eficiencia.

Esto no significa que no haya eficiencia en el mercado, pues la motivación de la persona para entrar al mercado es la de hacer más eficiente su posición hacia alguna mejor que la anterior. Por eso es que una institución ineficiente en este sentido es una que no puede mantenerse excepto por la fuerza que prevenga la creación de otra institución mejor.

Ahora el autor pone un ejemplo, el de un pantano en una localidad que requiere ser drenado para evitar la proliferación de moscos, con ninguno de los miembros de esa comunidad teniendo incentivo tan fuerte como para hacer eso por su cuenta.

Viendo esto, se puede concluir que el mercado ha fallado, si es que éste es entendido de manera limitada. Hay una ineficiencia en el mercado entendido así, de manera estrecha.

Pero los miembros de esa comunidad pueden, en el mercado, provocar que una institución compleja surja para enfrentar ese problema del pantano. La Economía incluye estas actividades también, las de acuerdos que hacen surgir arreglos que son extensiones del mercado y que en este caso representan acuerdos voluntarios para resolver un problema.

Pero, hay que ver lo que sucede con el que no coopera, el free rider, el miembro de esa comunidad que no colabora en nada y que se verá beneficiado con lo que los demás hacen.

También hay que ver la posibilidad de que los resultados esperados del drenado del pantano no sean lo suficientemente grandes como para hacer emerger una asociación voluntaria; lo que en adición a los free riders puede suspender toda posibilidad de acuerdos.

Entonces, el mercado, entendido de manera amplia, también falla.

Lo único que le queda a la persona es hacer una transferencia, voluntaria, a algún tipo de autoridad con poder de coerción para realizar esa tarea. Es decir, el concepto de Economía propuesto por el autor llega hasta el nivel legal, cubriendo la creación de una constitución política.

Es decir, su visión se extiende para que la Economía cubra el amplio espectro de las organizaciones privadas y también el de las públicas.

La diferencia que existe entre la Economía y la Política, como materias de estudio, radica en la clase de relaciones que ella ven entre las personas.

El enfoque económico es el que pone atención en las relaciones entre personas cuando ellas con libertad intercambian y contratan; son relaciones entre iguales.

El enfoque de la Política las relaciones son diferentes pues implican el poder de uso de la fuerza en una de las partes.

La Economía estudia al sistema completo de relaciones de intercambio, mientras que la política estudia el sistema de relaciones en las que existe el poder de coerción. Con esto el autor quiere enfatizar el potencial de intercambio en esas instituciones socio-políticas a las que vemos con poder de uso de fuerza.

En cuanto a los efectos que tendría el cambio de perspectiva que solicita Buchanan, él dice que el principal sería una distinción muy clara entre la teoría de mercados y lo que se ha llamado en llamar ingeniería social.

Si el problema económico es uno de asignación de medios a fines, el ingeniero social es sencillamente un economista. Así es que se les puede ver desarrollando esquemas cada vez más complejos a los que los economistas y los matemáticos hacen contribuciones importantes.

Pero hacer esto es equivalente a dar las herramientas a un monopolio para que tenga más ingresos.

La verdad es que el papel de un economista no es ése, no es el dar las herramientas para seleccionar mejor las opciones. Creer que esa es la tarea del economista, el de ser una herramienta para la asignación de recursos, confunde a los economistas desde el principio de su educación.

De hecho, la idea de la Simbiótica, requiere más complejos tratamientos matemáticos que la ingeniería social. Lo que Buchanan desea es que los economistas pongan su atención en las instituciones, las relaciones entre las personas en cuanto a ser ellas partícipes voluntarios en actividades organizadas de comercio e intercambio en su sentido amplio.

La Economía, como una bien definida área de estudio, puede estarse fragmentando, por eso conviene detenerse, hacer un alto en el camino, y ver si en realidad el camino tomado es el correcto.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras