Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Los Freguis
Eduardo García Gaspar
20 noviembre 2002
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, Y CONTRAPEDIA
Catalogado en:


Déjeme usar esa palabra, freguis, para describir a las personas que causan molestias e irritaciones en la vida cotidiana de personas normales como usted y como yo.

Digo, porque usted y yo nos hemos enfrentado a situaciones en las que alguna persona que está a nuestro alrededor hace algo que nos molesta y quizá incluso nos llega a irritar.

Para dejar las cosas claras, pongo a continuación algunos ejemplos de freguis.

Uno de los más claros freguis es el vecino que ha colocado una alarma en su casa, pero que al parecer no tiene la más remota idea de cómo funciona porque la alarma suena al menos cinco veces a la semana, tardan más de diez minutos en desconectarla y ninguna de esas ocasiones ha tenido más gravedad que la de una abeja parada en la ventana, por el lado de fuera.

Este freguis tiene la cualidad de que su alarma suene en los momentos menos oportunos, como el sábado al querer dormir una siesta después de varios tequilas, o cuando se está en la parte más emocionante de una película y la alarma del vecino no deja oír partes claves del diálogo.

Una variación del freguis de alarma es el vecino que siempre olvida desconectar la alarma de su carro antes de abrirlo. Este vecino es generalmente el que más temprano se levanta.

Del tipo de freguis que existen y que producen ruido es el freguis telefónico, al que ya me he referido antes, siendo esa persona cuyo teléfono móvil suena en el cine, en medio de la película, con un timbre que es eterno y fuerte, pero que además tiene el descaro de sostener una llamada telefónica sin moverse de su asiento, sobre temas tan graves como lo que hoy habrá de cena en la casa.

Hay otro tipo de freguis que son los conductores de automóviles que tienen la costumbre de manejar a treinta centímetros de la parte posterior de nuestro carro, apareciendo siempre en los momentos en los que uno está buscando el número de una casa a la que fue invitado a cenar por primera vez y que no se sabe dónde demonios está.

También, otro freguis automovilístico es el que suele usar su claxon dos nanosegundos después de ser encendida la luz verde de un semáforo, lo que lo hace aparecer como alguien con mucha prisa pero que en realidad conduce mucho más lentamente que el resto.

Muchas personas clasifican como freguis a las personas que tienen el ansia de mostrar fotos familiares y de viaje a sus amistades como parte principal de una reunión.

De esta manera el pobre invitado a su casa no tiene otro remedio que ver más de cien fotografías de los anfitriones, todas iguales, con la única variación del paisaje en el fondo. “Aquí está mi mujer en París”, lo que es obvio porque la Torre Eiffel aparece atrás.

“Aquí estamos en Pisa con unos venezolanos muy simpáticos que nos encontramos, aquí estamos en Florencia y aquí en el restaurante ese de Venecia con el mesero que nos atendió. Este es el guía del tour en Toledo que era muy simpático y nos regaló unas espaditas…”.

Y así pasan decenas de fotografías sin el menor interés para uno.

Una variante del freguis mostrador de fotografías es el que enseña fotografías de fiestas y reuniones familiares. “Aquí está el primo Filiberto que vive en Teocaltiche, la que está junto a ella es la tía Carlota que nunca se casó…”.

Otro de los tipos de freguis, bastante molesto, es el freguis económico y que todo lo que hace es comparar precios a su favor. Si uno presume haber comprado una computadora de lo más reciente en 5 mil pesos, el otro es capaz de decir “me hubieras avisado que querías una, yo tengo un amigo que me acaba de conseguir el último modelo en 3 mil pesos con un quemador de discos gratis y en abonos a diez años”.

Si uno vendió su carro en 40 mil, el otro afirma con toda seriedad “No me digas, yo estaba buscando un carro como el tuyo justamente y estaba dispuesto a pagar 50 mil en efectivo, pero ya ni modo, no hay nada que hacer”.

También debe ser clasificado como freguis la persona que hace fila en las cajas de supermercado, detrás de uno, y que tiene la virtud de estar continuamente rozando con su carrito nuestra anatomía en la parte baja de la espalda sin tener la más remota idea de lo que está haciendo.

En fin, la vida está llena de cosas bellas y admirables a las que no gozaríamos tanto sin la existencia de otras cosas no tan bellas ni tan admirables, como los freguis.

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