Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
México y el Liberalismo
Eduardo García Gaspar
17 septiembre 2002
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Mucho me temo que existe una gran confusión mental generalizada en México, la de creer que somos una nación capitalista y liberal.

No lo somos aún, a pesar de que nos hemos estado moviendo en esa dirección durante yo diría los últimos diez años.

Y si no somos liberales ni capitalistas, pues no tiene mucho caso culpar al liberalismo de nuestra condición de pobre, que es lo que hacen demasiadas personas. Vamos paso por paso.

El liberalismo implica necesariamente una libertad de expresión irrestricta, la que México ahora está en niveles muy aceptables, pero que no existía hasta hace unos diez años o más. Recuerde las acciones de Televisa, por ejemplo, con su absoluto apoyo al PRI.

Nuestra libertad de expresión es muy reciente y, a diario, vemos que aún no la sabemos usar… pero ésa es otra historia. El liberalismo implica, también, necesariamente un arreglo político democrático, el que no se vio claro hasta hace dos años.

Tenemos una clara división de poderes, pero aún no se entiende el mecanismo democrático del consenso y la negociación. No somos liberales en el sentido de la independencia federal que aún depende del centro para sus dineros.

Y tampoco somos liberales en la aplicación de justicia y la actuación de la policía, que son pilares liberales y capitalistas. No somos liberales tampoco en el sentido que tenemos un gobierno demasiado grande, muy costoso y con finanzas deficitarias.

Un gobierno liberal es más pequeño, menos costoso, sin déficits, sin centralismo. No somos liberales ni capitalistas porque existen monopolios estatales de consideración, como Pemex y la CFE.

Un sistema capitalista implica necesariamente empresas privadas, no estatales. En este sentido la privatización de los teléfonos y los bancos fue un movimiento liberal, mal realizado, pero en la dirección capitalista.

Tampoco somos capitalistas por nuestra pobre y mala protección a la propiedad intelectual, otra manifestación de deficiente desempeño gubernamental en la aplicación de la ley. Tenemos muchos subsidios y la estabilidad de nuestra moneda es un fenómeno muy fresco… recuerde los niveles de inflación bastante reciente que eran la antítesis liberal.

Nuestra apertura comercial es reciente y va en el camino liberal, en lo que México ha actuado con gran iniciativa. Nuestro supuesto liberalismo está muy negado en la existencia del IMSS. Un país liberal tendría privatizados los servicios médicos.

Igualmente no son liberales nuestros trámites burocráticos, tardados y costosos, así como tampoco los sistemas de propiedad de tierras. Y ya para qué le sigo.

Solamente le digo que el reporte mundial sobre libertades en el mundo coloca a México en el lugar 66 de 123 países. Para darle una idea, en 1975 andábamos en el lugar 32 de 71 países; en 1980 también, a la mitad de la tabla, en 1985 caímos al último tercio de la tabla.

Para 1990 subimos al sitio 41 de entre unos cien países y en 1995 caímos al sitio 56 entre unos 120 países.

La única conclusión posible es que México no es una nación liberal, ni capitalista aún, pero sí debemos reconocer que nos hemos movido en esa dirección desde hace unos pocos años, especialmente desde el 2000, pero aún nos falta un buen camino que recorrer.

Igualmente en esa dirección se ha movido el socialismo: un socialista de los años cincuenta, por ejemplo, vería con verdadero horror a los partidos socialistas de hoy casi confundidos con los liberales.

Creo haber demostrado, brevemente, que México no es una nación en la que haya existido un régimen liberal reciente. Es más, ni en todo el siglo XX, ni en los siglos anteriores tampoco, con algún corto intento juarista.

Por tanto, resulta falsa cualquier afirmación que diga que ha sido el liberalismo el que ha causado la pobreza en México.

Es imposible que algo que no ha existido en nuestra nación haya causado sus males.

Y si nos vamos a los culpables, con facilidad podemos encontrar a candidatos que sí pueden ser culpados de nuestra pobreza: el populismo de LEA, la irresponsabilidad de JLP, la falta de democracia priísta, el proteccionismo, la absurda contratación de deuda externa, la emisión de billetes, la corrupción generalizada, el caciquismo, el centralismo… muchos, pero no el liberalismo ni el capitalismo.

Mero sentido común. Si usted no bebe, será imposible culpar de su cirrosis al alcohol.

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