Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Naco-ware
Eduardo García Gaspar
19 abril 2002
Sección: CIENCIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Uno de los conceptos más interesantes y reveladores de los últimos años es el del naco-ware. Para explicarlo, claramente, quisiera mencionar una experiencia personal.

No hace mucho tiempo, compré para mi uso una computadora MacIntosh, la de mayor capacidad que pude encontrar. Es una maravilla de la tecnología, muy superior a las PCs que son las más comunes, lo que prueba que la mejor tecnología no es la que gana necesariamente… pero ésa es otra historia.

Igual que la mía o la de usted o sus hijos, esas máquinas nos servirán para lo que sigue.

Esa computadora o cualquier otra es lo que llamamos hard-ware y se refiere a las máquinas, a los aparatos, a los procesadores y servidores. A todo lo que es físico en esto de la computación y que algunos ingenieros en sistemas llaman con cariño “los fierros”.

Son esos artefactos que cuando se descomponen, los ingenieros recomiendan apagar y encender para que vuelvan a funcionar bien… lo que es uno de los mayores remedios al mal funcionamiento de los equipos.

Pero las máquinas necesitan instrucciones para operar. Si se desean procesar un texto, se requiere un programa para hacerlo.

Esto es lo que se conoce como soft-ware y son la serie de instrucciones, escritas en programas y aplicaciones que hacen que las máquinas hagan las cosas que les ordenamos.

Sin el soft-ware, el hard-ware serviría de mero adorno. Y, de hecho, tanto es así, que el gran negocio no está en las máquinas sino en el soft-ware.

Gracias al soft-ware usted puede tener en muchas páginas de Internet movimientos y animaciones que no sirven de nada y que retardan el cargado de las páginas. Pero también gracias a los programas se pueden hacer maravillas, como escribir artículos y enviarlos por correos electrónicos.

Aunque las escuelas tradicionales de tecnología consideran a esos dos elementos como los esenciales de todo proceso de sistemas, no puede pasarse por alto otro elemento incluso de mayor importancia, el naco-ware.

Éste elemento es la persona que está frente a la máquina que tiene el programa que se supone hará alguna cosa útil, pero que muchas veces no hace nada. Me explico.

Usted puede dar el mejor equipo con el mejor programa a un par de personas. Una de ellas hará maravillas y la otra cometerá puros errores.

Todo es lo mismo, menos las personas, las que varían en su capacidad e inteligencia. Puesto de otra manera, lo que hay que aceptar es que la cadena del proceso se rompe por el eslabón más débil, el que usualmente es el naco-ware. Esta es una experiencia diaria.

Llevemos usted y yo, en una segunda opinión, estos conceptos a otros terrenos, por ejemplo, los de la democracia, y tratemos de aplicarlos para entender las razones de la situación actual mexicana.

Digamos que el hard-ware son los edificios e instalaciones de nuestro congreso. Los recintos, las sillas, los micrófonos, las oficinas y todo el equipo físico.

No están mal, nada mal. El hard-ware del congreso no es nada malo. Ahora vayamos al soft-ware. La constitución y las leyes no son una maravilla, pero tampoco están como para tirarlas a la basura. Igualmente, las instrucciones de lo que es la democracia son conocidas por todos.

Entonces tenemos que la máquina está muy bien y que los programas funcionan bien. Si eso es cierto, entonces ¿por qué el congreso no funciona?

La respuesta debe estar en el tercer elemento, el naco-ware, es decir, los miembros del congreso, diputados y senadores. La respuesta es razonable y lógica.

Si hay fallas y errores en esas funciones, ellos no pueden sino atribuirse a quien maneja la máquina. Exactamente igual que lo que sucede cuando alguien maneja muy bien la misma computadora con la que otro no dio pie con bola.

Por lo tanto, es razonable concluir que a nuestros congresistas les hace falta capacitación para conducir la máquina legislativa de nuestra apenas naciente democracia. Y eso se arregla con el tiempo desde luego, para generar experiencia.

Pero también con estudio y ganas de hacerlo bien. La democracia es un soft-ware nuevo para todos los legisladores y debemos suponer, por lo visto, que aún no han leído su manual, cuya primera instrucción dice “en una democracia los legisladores representan a los ciudadanos no a sus partidos”.

Y, pues, digo, con que nuestros congresistas lean esa primera página empezarían a actuar con un poco más de sentido común.

[Esta es una vieja idea, sobre la que por primera vez escribí en enero de 1996]

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