Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Organizaciones no Garantizadas
Eduardo García Gaspar
22 marzo 2002
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Las Organizaciones No Gubernamentales, mucho me temo, son en el fondo fuerzas dictatoriales que persiguen el poder para la implantación por la fuerza de sistemas sociales que no pasen por el filtro de la democracia.

Hay en la democracia una esencia simple y obvia, la división de los poderes. La más clásica de todas es la de dividir al gobierno en poderes legislativo, ejecutivo y judicial.

Pero también hay otras formas de fragmentar el poder, pocas veces vistas o entendidas.

El federalismo es una de ellas, pues la autonomía estatal limita la fuerza de cada gobierno en cada estado y la del gobierno federal. Es una división del poder en el espacio.

La otra división del poder es su fragmentación en el tiempo, por medio de elecciones periódicas que llevan al poder a nuevas personas en diferentes puestos o las premian con reelecciones.

Lo dicho, la democracia es una herramienta con mecanismos para dividir el poder y evitar así que los gobiernos abusen de ese poder.

No es muy complicado de entender. A esta división ayudan los medios de comunicación, los que con libertad de expresión dividen todavía más el poder. Y, más aún, la libertad de trabajo en un sistema de propiedad privada con empresas que compiten entre sí, es otro mecanismo que colabora a la fragmentación del poder.

A lo mismo ayudan otras instituciones, por ejemplo, las iglesias bajo el esquema de libertad religiosa y las asociaciones civiles, como las cámaras y las asociaciones de vecinos.

Sin embargo, en este proceso de personas e instituciones, que dentro de una sociedad libre actúan por sí mismas preservando esa libertad, ha surgido una nueva organización, temible en potencia, las Organizaciones No Gubernamentales.

Conviene creo dar una segunda opinión sobre ellas.

Por mi parte, desconfío absolutamente de ellas. Las veo en general como fuerzas totalitarias que se erigen, sin legitimidad, como representantes de la sociedad. Y, peor aún, las veo intentando imponer sobre la población sus proyectos e ideologías personales.

A ninguna ONG la validan elecciones democráticas que les permitan siquiera acercarse a la idea de representar a la sociedad. A lo único que representan es a sus propios intereses y convicciones. No más.

Puede ser que sus inquietudes y creencias sean válidas en algunos casos, pero no tienen en forma alguna representación de la sociedad.

Por el contrario, el presidente de un país democrático sí la tiene, confirmada y validada con elecciones reales y tangibles, al igual que a sus legisladores. Todos conocemos al PAN, al PRI, al PRD, pero no veo que siquiera una minoría significativa tenga conocimiento de organizaciones como Alternativa de Capacitación Comunitaria y Desarrollo, una de las ONGs que protestarán en la próxima reunión de la ONU en México.

Realizan esas ONGs labores que suponen una representación que no tienen, lo que les hace caer en un error de discriminación.

Presuponen que tienen el derecho de imponer en otros sus modelos e ideologías, lo que necesariamente deduce que ellos son superiores al resto de los ciudadanos y con eso se viola la igualdad humana.

No, ellos no tienen derechos mayores a los del resto. Pueden hablar y proponer, pero su supuesta representación social es inexistente. Ningún proceso formal de representación las ha colocado en la posición legítima que suponen tener. Ninguno.

Las entiendo como proponentes de ideologías, tercas, dispuestas a la violencia si es necesario, defensoras de sus convicciones, nada dispuestas al diálogo, mesías sociales, auto designadas salvadoras del mundo, escasamente racionales y carentes de alguien que las vigile y divida su poder.

¿Quién las vigila, quién cuida de que no salgan de sus límites? En una democracia, los poderes gubernamentales derivan legitimidad de su elección popular y del respeto a los mecanismos de división del poder.

¿Cómo defendernos de las ONGs y sus ansias de establecer las utopías que cada una sueña? A los gobernantes los controlan las leyes y las votaciones.

Pero, ¿cómo defenderse de esos soberbios que pretenden tener las verdades reveladas y ser mejores que las mismas autoridades elegidas? Organizaciones no garantizadas.

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