Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Otro Maquiavelo
Eduardo García Gaspar
20 septiembre 2002
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Uno de los autores más fascinantes es Nicolás Maquiavelo. Recuerdo haber leído hace tiempo que ningún otro autor ha generado más análisis acerca de sus verdaderas creencias y opiniones.

En sus obras puede aparecer como una persona de valores, respetuoso de la moral, pero también como el frío calculador que decide intencionalmente violar la ética.

Esta mentalidad tiene implicaciones en el caso mexicano.

Quizá puede decirse sobre el bueno de Nicolás que, al menos en apariencia, él propone la existencia de dos códigos de conducta, el de la moral del hombre común y el de la moral del hombre público (esta expresión contrasta, por cierto, con la connotación de la frase “mujer pública”).

Maquiavelo, es posible, puede estarnos diciendo que los ciudadanos normales, como usted y como yo, tienen la obligación de respetar la moral que todos sabemos y nos parece obvia.

Y también nos dice, tal vez, que los gobernantes no necesariamente deben regirse por esa moral, si es que surge la ocasión que lo justifica.

Aquí es donde, en esta segunda opinión, especulo sobre una posibilidad tentadora que no me atrevo a recomendar totalmente, pero que no dejo de ver como una posibilidad. Déjeme explicar esto.

Primero, es obvio que vivimos en una situación política de cerrazón partidista, lo que ha atorado la negociación y el logro de consensos entre partidos políticos. El problema que eso ocasiona es grave, pues lesiona el futuro de millones de mexicanos.

Cambios, reformas, leyes, y demás no se logran, lo que hace que el país se detenga y se cumpla uno de los escenarios que he escrito en esta columna, el del Pavo Inmóvil: un sexenio desperdiciado.

La situación es en serio grave, mucho más de lo que aparenta, por sus consecuencias futuras. Y, a esto añado un segundo elemento: la existencia de asuntos de fricción entre los partidos, concretamente las investigaciones de fraudes y malos manejos financieros, por ejemplo, en lo de PEMEX.

Estos conflictos, por simple aplicación de la ley y la moral, deben ser investigados, con los culpables castigados.

Ahora vayamos al plano Maquiavélico, el de la moral del gobierno y pensemos en otra posibilidad, la de que todas esas investigaciones de unos a otros sean intencionalmente abandonadas con la promesa de que así sean logrados esos consensos de gobierno y los partidos dejen de portarse como infantes envidiosos.

Si ese resultado fuese garantizado, la oferta resulta muy tentadora: olvidar los robos e ilegalidades anteriores con la promesa de negociar y llegar a consensos rápidos. Desde luego, esa decisión tendría que ser clara y abierta, conocida por todos y acordada como un contrato entre dos o más partes.

Una especie de borrón y cuenta nueva, o de perdón por hechos pasados, siempre que exista esa palabra garantizada de llegar a acuerdos entre los partidos.

No es una idea descabellada hacer eso y de hecho debe haber sido considerada por más de uno. Claro, significa cancelar intencionalmente la aplicación de la ley y eso es un acto de pésimas consecuencias entre la población, cuyas reacciones son muy difíciles de prever.

Es aquí donde está el problema, pues la población se alejaría de los gobernantes, los consideraría inmorales y esa población reclamaría ser tratada de igual manera.

Quizá no funcione esta idea especulativa. Aún así, debemos reconocer que México está empantanado. Nuestro gobierno es un Pavo Inmóvil, atorado y sin moverse hacia adelante.

Esto fue previsto en un ejercicio de escenarios políticos en el que jugué parte principal y que fue hecho en Mayo del 2001, antes de que la situación fuera tan obvia como lo es hoy. Reconociendo eso, es obligación pensar en una forma de desatorar la situación.

Nuestros gobernantes en lo general no parecen lo suficientemente maduros como para darse cuenta de lo que están creando, pues son ellos causa de los problemas que quieren resolver. Creo que lo que apunté con la mención de Maquiavelo es una de las opciones a nuestra disposición, y sin duda hay más.

Por lo pronto, sin ser alarmista, quiero decirle que la situación mexicana en estos momentos es de emergencia nacional. Esto es como un aviso previo, de esos que horas antes nos notifican que se aproxima una tormenta o un ciclón.

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