Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Pieles Sensibles
Eduardo García Gaspar
22 mayo 2002
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Cuando quise comprar un perro, había una raza que era de mis favoritas, no recuerdo cuál.

Se trataba de un perro de los grandes, muy grandes, con cara de tranquilidad, casi tristeza.

Me dijo el veterinario que era una raza muy sensible, pues no soportaba que se le hablara de manera dura. Eso lo entristecía.

Quizá los mexicanos tengamos alguna similitud con esa raza. Somos, los mexicanos, seres acostumbrados a la alabanza hueca que odiamos las verdades y críticas.

Cuando en una fiesta, hace poco tiempo, uno de los asistentes se puso a cantar solo acompañado de su guitarra, recibió él una serie de halagos de casi todos las demás personas.

La verdad es que su canto era desgarradoramente lamentable, malo, fuerte y desafinado. No importó… todo el mundo lo felicitó por cantar “tan bonito”.

Lo mismo, un conferencista a cuya plática fui, hizo una exposición mala de su tema, incompleta e inexacta, con materiales mal preparados y explicaciones confusas.

Al final, en el período de preguntas y respuestas, dos de los asistentes lo felicitaron arduamente por su conferencia.

Igual en todo los programas que reciben llamadas del público, casi todas las llamadas comienzan con el consabido “quiero felicitarlos por su programa”, no importa que ese programa sea realmente malo.

El otro lado de la moneda es el obvio.

Nuestras incontrolables apetencias para dar y recibir lisonjas impide la crítica y el análisis. Todo nuestro esfuerzo mental se va a la construcción y uso de fórmulas de elogio y las damos y recibimos sabiendo que son huecas pero con ganas infinitas de creerlas.

Varios ejecutivos altos que conocí debían hablar en público repetidamente y con frecuencia pedían retroalimentación de su desempeño frente al público… todos les decían que habían hablado muy bien, cuando no era cierto. Habían sido aburridos y confusos.

Le digo a usted en esta segunda opinión que no somos una gente acostumbrada a recibir calificaciones honestas de nuestro desempeño. Nos disgusta ser claros en las críticas y odiamos recibir evaluaciones de nuestras actividades.

Por eso oímos cosas como, “mira, déjame decirte que has tenido un desempeño bueno durante todo este tiempo y que estamos contentos, pero, fíjate, que quiero hablarte con franqueza y perdóname por esto, pero pues, digo, creo que en unas ciertas pequeñas partes de tu trabajo, digo, pues podrían ser mejoradas un poquito”… cuando al que se le dice eso es un tipo que ha cometido errores serios, duros, y consistentes.

La consecuencia es, desde luego, una mala comunicación. La imposibilidad de emitir calificaciones críticas, juicios objetivos, tiene profundas consecuencias en nosotros.

Primero, nos hace creer que somos mejores de lo que somos en la realidad. Y eso nos despega de la verdad. Pensamos que estamos haciendo las cosas bien, cuando no es cierto y, por eso, no podemos tomar acciones correctivas. Nos mantenemos en el error sin grandes posibilidades de enmendarnos.

Segundo, nos impide la educación en el análisis de lo que oímos y vemos. Toda crítica, agresiva o juiciosa, implica el uso de la razón para enfrentarla, contestarla y aceptarla o rechazarla.

Pero si todo lo que nos dicen es alabanza tras alabanza, nuestra razón se embota y atrofia… y si es que alguien nos critica, lo tomamos en un nivel de insulto y afrenta personal calificando de enemigo al que nos critica, cuando él es más aliado nuestro que el que nos halaga sin razón.

Tercero, las alabanzas y elogios nos aíslan, haciéndonos creer lo que no es cierto, que estamos en lo correcto cuando estamos equivocados.

Esto es lo que sucede en las instituciones en las que en vez de personas francas hay una cohorte de sicofantes (siempre me ha gustado esta expresión que significa una bola de lambiscones) que necesariamente llevan a la institución al fracaso.

Cuarto, nuestra educación sufre al no contar con juicios críticos. Cuando dos o más personas se critican entre sí, quienes escuchan sus argumentos reciben una instrucción en el uso de la razón y la aplicación de argumentos.

La razón es entrenada y capacitada en esas discusiones. Y, por esto en parte, no somos un pueblo educado.

Quinto, la falta de juicios críticos y el exceso de encomios nos polariza. Llegamos a entender que hay dos grupos, quienes nos alaban que son nuestros amigos y quienes nos critican que son nuestros enemigos. Y al evitar a nuestros enemigos nos alejamos de quienes tienen la clave para acercarnos a la verdad.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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