Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Popularidad y Democracia
Eduardo García Gaspar
25 marzo 2002
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Después de la elección de un presidente no priísta en toda la etapa de gobiernos institucionales de México en el siglo XX, las grandes expectativas de cambio, los grandes anhelos y las alocadas esperanzas han sustituido a la más fría razón y al más tranquilo entendimiento.

La victoria pacífica del candidato opositor y su reconocimiento inmediato, trajeron a México nuevos tiempos.

Han llegado a México mejores tiempos, pero también los peores. Han arribado los tiempos que hacen necesaria a la sabiduría, pero que invocan a la imbecilidad. Que crean las grandes esperanzas y provocan colosales desilusiones.

Son los momentos de la razón que ilumina, pero también de la agitación que nubla. Pueden ser estos tiempos los de una primavera democrática y los del invierno que regresa a la dictadura.

Y (sigo copiando a Dickens) tenemos frente a nosotros el camino del todo y la senda de la nada. Podemos ir al anhelo democrático, pero también podemos caer en la sima autoritaria.

Ningún tiempo ha habido como éste en nuestra historia. Ninguno. Las cosas, aquí, se van a poner peor antes de que se pongan mejor. Ser o no ser pacientes, ésa es la pregunta, como lo planteó Shakespeare en la boca de Hamlet.

Hay que decidir lo que es más noble y mejor, ¿soportar los efectos del cambio con paciencia o intentar resultados inmediatos a cualquier costo? ¿Realmente fortalecer los cimientos de la democracia o bien intentar salvarla yendo en su contra?

Perdone el lector los dos arrebatos literarios ingleses de los párrafos anteriores. Es que así, muy ocasionalmente, doy un pequeño tributo a un profesor inglés, creador de mi gusto por esa literatura.

Pero, a lo que voy en esta segunda opinión es eso, las cosas se van a poner peor antes de que se pongan mejor. En el arrebato febril que ocasionó la victoria panista con Fox para la presidencia, en demasiado corto tiempo demasiadas personas crearon demasiadas esperanzas en muy pocas personas.

Creyeron, equivocadamente, que todo lo que hacía falta eran sentar a otra persona en la silla presidencial para que por obra de una magia desconocida en unos pocos días fueran solucionados todos nuestros problemas. No entendieron esas personas, que son mayoría supongo, que la limpieza de la casa bien puede tomar un sexenio y más.

Quienes antes habitaron esa casa dejaron en ella a otros muchos con sus propiedades, vicios, costumbres y entendimientos. No pueden esperar esas personas cambio alguno rápido.

Confundieron ellas a la democracia con una varita mágica, cuando sólo es el menos malo de los sistemas políticos (otra vez Churchill).

Estas tontas esperanzas explican la pérdida de popularidad del presidente en turno. Los milagros políticos, como era razonable suponer, no han sucedido. Y no nos vamos a dar cuenta de ellos hasta que lleven varios meses de haber sucedido.

La confusión entre popularidad y democracia, mucho me temo, nos coloca ante dos senderos.

En uno de ellos la presión de los ciudadanos fuerza al establecimiento político a la búsqueda irresponsable de la popularidad, en esencia por medio de un gasto gubernamental deficitario financiado por deudas e impresión de dinero.

Este camino nos llevará a otra crisis, similar a la de López Portillo y a la de Argentina en estos momentos.

Pero en el otro sendero, aunque el desencanto del ciudadano presione a la toma de decisiones irresponsables, las autoridades soportan esa fuerza y mantienen disciplina estricta en las finanzas gubernamentales. Bajan así su popularidad, quizá a niveles muy bajos, pero al final del sexenio se terminan los cimientos sólidos del siguiente paso.

Por un sendero vamos a la crisis, por el otro vamos a robustecer el futuro. La decisión es nuestra, de todos.

Pero, se tendrá en contra a la mayoría de los ciudadanos, pues no creo que cambien. Seguirán ellos tratando de forzar milagros diarios, sin entender la idea de que limpiar la casa toma tiempo.

Los agentes políticos, si ven el corto plazo y sus intereses solamente, cometerán el grave error de impulsar decisiones populistas e irresponsables. Pero si ellos, especialmente los partidos de oposición en lo general, tienen una actuación madura elegirán el otro camino, el de la construcción de los cimientos sólidos.

La diferencia está en saber distinguir a la popularidad de la democracia. La popularidad contagia a todos de una indeseable y peligrosa prisa, como al alcohol, que puede ser un buen amigo, pero un pésimo consejero.

Esa celeridad ya muestra sus efectos, como en varias peticiones de personas bien intencionadas, pero ignorantes que reclaman con impaciencia el abandono de la disciplina fiscal para emprender impostergables y urgentes programas de equidad social y elevaciones apresuradas de salarios por decreto, sin darse cuenta que eso que reclaman con tanta vehemencia es causa del problema que tratan de resolver.

En otras palabras, esta ocasión única para México sufre los embates ciegos de la desesperada búsqueda de popularidad en los agentes políticos y las agresiones iletradas de quienes buscan remedios irreales en políticas utópicas que elevan la pobreza.

La única tabla de salvación que tenemos es la firmeza, la tranquilidad y el seguimiento de ideas sólidas y razonadas, que no están basadas en la superstición ni en la magia, sino en la experiencia y la inteligencia.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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