Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Por Qué no?
Eduardo García Gaspar
26 noviembre 2002
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Los impuestos son los únicos pagos que hacemos obligatoriamente, bajo la amenaza de que se use la fuerza contra nosotros en caso de no pagarlos.

Los pagos de impuestos son iguales a la posibilidad de que, al pasar por una zapatería, su dueño con una pistola en la mano no obligue a comprar un par de zapatos al precio que él fije.

Eso mismo hacen los gobiernos.

Nos obligan a comprar los servicios que ellos ofrecen, como policía, tribunales, seguridad, educación, salud, y el resto de lo que ellos venden. El punto es que esa venta es obligatoria. Si no pagamos, vamos a la cárcel.

O visto de otra manera, los impuestos son la esclavitud legalizada, pues si usted paga un tercio de sus ingresos en impuestos, eso significa que usted trabaja cuatro meses al año para el gobierno.

Pero los gobiernos son necesarios en servicios como la seguridad interna y externa, la aplicación de las leyes y su elaboración, quizá también para servicios de vialidad, basura y otros, además de registros de propiedad, nacimiento, juicios para resolver conflictos entre particulares y otras cosas.

Creo que no podemos vivir sin un gobierno que tenga gastos que sólo puedan cubrirse con impuestos… lo que nos lleva al punto de esa segunda opinión.

Ya que pagar impuestos, por la fuerza, es en extremo desagradable, una regla básica y de sentido común es la de hacer ese pago lo más sencillo posible. Esto significa leyes simples, sin excepciones, y procesos fáciles de realizar.

Un ejemplo de esto es la idea del impuesto igual para todos los que tienen ingresos, ya sea un pequeño porcentaje sobre esos ingresos totales de la persona o un porcentaje igual para todos, mayor, sobre sus ingresos menos algunas deducciones muy claras.

Y pagarlo de manera fácil, por ejemplo con retenciones en los lugares de trabajo que constituyan el pago total de impuestos sin necesidad de declaraciones extras y, sobre todo, sin excepciones de regímenes especiales.

Esta simplicidad es la que ha servido para proponer sistemas sin impuestos sobre la renta, basados en impuestos al consumo nada más. Esto tiene la ventaja de que la evasión sería mínima y la base de contribuyentes se ampliaría a todos.

El punto es que México debe pensar en sistemas fiscales fuera de los tradicionales que son complejos y están llenos de oportunidades de evasión, además de representar tiempos perdidos y provecho sólo para los fiscalistas y burócratas de hacienda.

¿Por qué no pensar en otros sistemas de impuestos? Demasiado tiempo hemos tenido en mismo sistema esencial que no da resultados. Si pensamos en sistemas no tradicionales de cobro de impuestos, ello nos debe llevar a otras decisiones lógicas.

Por ejemplo, si todos los impuestos se redujeran a un impuesto sobre el consumo, podríamos deshacernos de casi todos los burócratas que viven de las complicaciones fiscales actuales. La Secretaría de Hacienda sería muy pequeña y eso ayudaría al ahorro de gasto en nómina gubernamental… que es el otro gran punto fiscal.

Los gobiernos carecen de incentivos para ser eficientes en sus servicios y de hecho se benefician de no serlo al tener ingresos mayores a los que merecen por la calidad de los servicios que brindan.

Para remediar esta situación es una buena idea trasladar en cobro de impuestos de la federación a los estados. La cercanía de los gobiernos estatales con los ciudadanos ayudará a tener una evaluación más directa de su calidad, además de hacer de los estados gobiernos más responsables en sus gastos y quitarles el papel de pedigüeños federales.

Al final, mucho me temo, cualquier reforma fiscal tradicional pedirá el aumento de la recaudación, cuando lo que debería hacer es ir a modelos fiscales no tradicionales, como los impuestos planos, la opción de impuestos al consumo y el traslado del cobro a los estados, con ideas como los vales de educación y de salud para que las personas acudieran a los proveedores que ellos quieran y no necesariamente al IMSS o a las escuelas oficiales.

México está en una buena situación para preguntarse por qué no hacer cosas más innovadoras y avanzadas que las tradicionales, como en Estonia y en Nueva Zelandia.

¿Qué nos detiene? Sin duda el atraso mental de muchos gobernantes, partidos e intelectuales que viven en el pasado de las soluciones ortodoxas, y tienen miedo patológico a la innovación.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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