Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Precios Justos
Eduardo García Gaspar
18 febrero 2002
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Todos los días, si ponemos atención, la conducta de las personas nos da lecciones claras de economía.

Tome usted un periódico y busque las ofertas de las tiendas de autoservicio. Allí está la respuesta a las dudas y preguntas sobre la justicia en los precios.

Tomo un ejemplo real. Hace unos días, uno de esos establecimientos anunciaba descuentos como jamón cocido de una marca, rebajado de 24.99 pesos el kilo a 20.83. El detergente Viva de 17.50 a 13.45.

Ahora, dígame usted cuál de esos dos precios es el justo, el precio original o el rebajado. No hay manera de contestar porque no hay una respuesta.

O pruebe hacer el ejercicio mental de determinar el precio justo del petróleo. Si usted lo pone a niveles muy bajos los productores se quejarán y si es demasiado alto, los compradores se lamentarán.

Y, sin embargo, a diario varias veces, escuchamos por todos lados menciones de injusticia en los precios de los bienes y servicios. La verdad es que no es injusticia sino sencillos desacuerdos con el precio del bien en cuestión.

Eso es todo y es simple sentido común. Sería ridículo decir que una planta es injusta, y también lo es decir que un precio es injusto. Los precios pueden ser altos, bajos, medios, razonables, de oferta, prohibitivos, pero no pueden ser injustos.

Los precios los fijan voluntariamente los compradores y los vendedores, sin que nadie en particular pueda adjudicarse la responsabilidad de haberlos fijado. Si usted no quiere ese jamón a ese precio, sencillamente no lo compra y ya.

Lo mismo con el detergente. La compra de un bien necesariamente significa que existe un acuerdo entre un vendedor y un comprador.

Exactamente como cuando usted compra un carro que ha visto anunciado en el aviso oportuno del periódico. Ambos se pusieron de acuerdo libremente y allí no puede haber injusticia porque hubo voluntad propia.

El mecanismo de acuerdos mutuos funciona muy bien, pues si las compras y ventas son voluntarias ambas partes salen ganando. Terminan mejor de los que estaban. Y todavía más, los precios de los bienes tienden a bajar, de lo que los productos tecnológicos son el ejemplo más notable.

No está mal el asunto y seguirá por buen camino hasta que algo suceda que rompa la existencia de muchos vendedores. Me refiero al monopolio.

Cuando una empresa es la sola oferente de algún bien, tenderá ella a subir el precio todo lo que pueda. Si es un monopolio inteligente no llevará el precio a extremos, pero gozará de una situación relativamente buena. Digo relativamente porque si lo que fabrica tiene sustitutos o reemplazos indirectos, no tendrá libertad absoluta de acción.

Un monopolio de madera tiene competencia con otros materiales, como el plástico al que se preferirá si el precio de la madera es excesivo. Pero, si el monopolio no tiene competencia indirecta se pueden dar situaciones en las que sí se abre la posibilidad de hablar de precios fijados arbitrariamente, sin la voluntad de las partes.

Uno de esos ejemplos es la electricidad en México, el otro es el de los combustibles. Ninguno de ellos tiene sustitutos alternativos sencillos, y sus precios reflejan la voluntad de una de las partes sólo, la del vendedor.

La solución a esa situación es sencilla: volver a la electricidad y a los combustibles a un sistema no diferente a las de las tiendas de autoservicio, a una situación de competencia tal que los fabricantes y los distribuidores se ven obligados a anunciarse para atraer compradores.

Tampoco es complicado de entender. ¿No le gustaría a usted ver anuncios en diferentes gasolineras con diferentes ofertas? Desde luego, esta idea es tabú para muchos a pesar de su claridad y sencillez. Se argumentan razones de nacionalismo, soberanía y demás.

Creo que no son válidas esas razones. Prefiero pagar bajas tarifas de luz y bajos precios de gasolina que envolverme en razones vagas y razonamientos barrocos que me obligan a vivir menos bien de lo que se puede.

Todos los mexicanos viviríamos mejor si tuviéramos a varios productores de combustibles y varios generadores de electricidad luchando entre sí para complacernos bajando sus precios y subiendo su calidad. Igual que los detergentes. No es difícil de entender.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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