Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Primero es la Seguridad
Eduardo García Gaspar
26 marzo 2002
Sección: CRIMEN, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


México tiene un serio problema, en extremo serio. Es el problema de la inseguridad.

Mientras no sea resuelto, será menos que razonable esperar un progreso sostenible y consistente. Simplemente no tiene sentido querer bienestar económico, cuando el bienestar físico es atacado consistentemente.

Y, por eso, conviene tener una segunda opinión.

Si desnudamos la noción de un gobierno cualquiera y su razón de ser, llegaremos a la conclusión de que es el de la seguridad de quienes viven dentro de la sociedad gobernada. Antes que cualquier otra cosa, la salvaguarda de los intereses personales del individuo es la causa esencial de la existencia de un gobierno.

Esto puede concluirse por simple sentido común. Piense usted, por ejemplo, en una sociedad sin gobierno, en la que todos viven según su propio criterio.

En esa sociedad no existiría garantía alguna del bienestar propio, pues se estaría sujeto a la voluntad de los demás. Por ejemplo, sería una posibilidad absoluta que alguna persona entrara a la casa de usted sin permiso y se aposentara en ella sin que hubiera nadie que ayudara a sacarla.

Viviendo así, es lógico que voluntariamente surgieran asociaciones de personas dispuestas a defenderse mutuamente. Podría así existir grupos de personas aglutinadas alrededor de los más fuertes, a los que pedirían protección y, desde luego darían a cambio algo, quizá dinero o trabajo.

Estos grupos podrían pelear entre sí o no dependiendo de las voluntades de quienes fueran sus superiores. En fin, que se llegaría a al gobierno de los más fuertes. Lo que creo es que quienes vivimos en sociedad tenemos una prioridad inicial muy clara, que es nuestra protección, la de nuestras personas y la de nuestros bienes.

Este es el requisito básico de entrada a la sociedad y nuestra razón de fondo para querer un gobierno, alguien que pueda asegurar de manera razonable nuestras vidas. Lo demás es accesorio a este objetivo básico.

Desde luego, la única manera para que esa defensa de las vidas y propiedades de los ciudadanos pueda realizarse es la concesión de un poder extraordinario al gobierno, que es el poder de usar la fuerza. Este poder es necesario para poder cumplir con la promesa de cuidar la vida de los ciudadanos.

Sin uso de la fuerza no sería posible arrestar, enjuiciar, ni poner en prisión a quienes dañan a los demás.

Pero este poder para usar la fuerza es tan grande que debe ser limitado sobre la base de leyes que protejan la vida del ciudadano, pero también impidan el abuso del poder del gobierno.

Dado el poder para usar la fuerza, se necesita una serie de reglas que guíen el uso de esa fuerza. Esas reglas, desde luego, surgen de un principio esencial, la dignidad de la persona humana.

Si todas las personas son dignas, eso significa que nadie tiene el derecho de atacar esa dignidad y que quien lo haga se coloca fuera de esas reglas y debe ser castigado. La razón del castigo es doble, por un lado se trata de reparar el daño causado y por el otro se intenta prevenir actos similares futuros.

El mecanismo no es complejo de comprender y, sin embargo, es consistentemente ignorado por muchas autoridades. México es uno de esos ejemplos del olvido de la función esencial del gobierno. Y resulta lógico que si al tener ese gran olvido surja su consecuencia lógica, mayor criminalidad. Tampoco es complicado este asunto.

¿Por qué se ha olvidado la autoridad mexicana de su función central?

Una causa, sin duda, ha sido la mentalidad expansiva que añade funciones al gobierno, como el dar empleo, el proveer seguridad social, el asumir la responsabilidad de producir energéticos, encargarse de la educación y demás.

Se abarca demasiado y necesariamente se realizan mal esas funciones. Otra causa en la proliferación de la corrupción, proveniente del olvido de la moral y la ética. También ha colaborado a ese olvido la concentración de la atención gubernamental en cuestiones económicas.

Y desde luego está la mala actuación de los legisladores, supuestos proveedores de leyes destinadas a dar las bases de seguridad, los que sencillamente no han hecho una buena labor.

La policía no funciona, los criminales gozan del incentivo de tener pocas probabilidades de ser atrapados y si lo son, sus condenas son mínimas.

En fin, un gobierno que ha olvidado que su función esencial es proveer la seguridad de los ciudadanos es como tener una toalla que ha sido diseñada de tal manera que no seca. No importa que esa toalla sea muy atractiva, ella no cumple con lo que debe.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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