Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Son Muy Diferentes
Eduardo García Gaspar
14 febrero 2002
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
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La diferencia entre amar y estar enamorado es gigantesca. Hay mucha más madurez en el amor que en el enamoramiento.

La celebración de lo que ha sido dado en llamar el Día del Amor y la Amistad, es una buena ocasión para tener un segunda opinión, con una idea que ayuda a entender mejor nuestra vida.

La idea original es de C.S. Lewis, el autor inglés que quizá usted haya visto en una película de 1993, con Anthony Hopkins, bajo el título de Shadowlands.

De entre sus escritos hay uno que es especialmente pertinente para este día, uno que está basado en uno de los varios programas de radio de la BBC a los que fue invitado.

La mención de esa idea la hago de memoria, con todos los riesgos que esto implica. Estar enamorado es un sentimiento, impulsivo, dominante, vehemente, fogoso, ardiente. Nos inquieta e intranquiliza, impide el pensamiento claro y es propicio a las fantasías y sueños.

El enamoramiento es tan intenso como temporal, tan caprichoso como imprudente. Provoca sensaciones intensas que inquietan, agotan, turban y angustian.

En pocas palabras, estar enamorado es un sentimiento incontrolable en parte y, desde luego, efímero.

Por el otro lado, otra cosa muy distinta es amar, casi la cara opuesta de la moneda. El amar es un acto voluntario, una decisión libre y consciente. Un acto que produce sosiego, tranquilidad y paz interior.

Es menos intenso en sus efectos exteriores, pero más profundo y recóndito. Aclara las ideas, es racional y prudente. No agota, pacifica. No turba, da apacibilidad. No turba, da reposo.

En breve, el amor es un acto voluntario, decidido por la persona y, sobre todo, duradero. Las diferencias son abismales entre uno y otro.

Si recuerdo bien, Lewis afirma que estar enamorado es un estado emocional que por necesidad no puede durar mucho tiempo. Es obligadamente temporal, de corto plazo. No se puede estar enamorado todo el tiempo porque ese estado de excitación impediría la vida normal de la persona.

Supongo que las escenas de telenovelas que he visto aprovechen la naturaleza del enamoramiento y den la razón a Lewis. Quienes en esos programas se enamoran, se trastornan, alteran y turban, dejando de hacer cosas racionales y viviendo en un estado absoluto de indecisión.

En otras palabras, se atontan. ¿Qué es mejor, estar enamorado o amar? La respuesta es obvia. ¿Qué es mejor un acto instintivo o uno voluntario? Amar es muy superior a estar enamorado, aunque muchas novelas y cuentos exalten más al enamoramiento que al amor.

Pero, hay algo que es vital: el enamoramiento es el primer paso del amor.

Cuando el enamoramiento desaparece, por tanto, puede llegar el amor. Pero hay riesgo de que no llegue. Cuando el sentimiento desaparece, cuando el enamoramiento se desvanece, la persona tiene ante sí una disyuntiva.

Puede pasar al amor o puede creer que debe continuar enamorado, lo que es imposible, pues eso es un sentimiento y las pasiones no duran.

Al terminar el enamoramiento el siguiente paso es une más elevado, algo superior, el amor voluntario, consciente e intencional; un acto racional.

Si lo anterior suena extraño, quizá se deba a que podemos estar demasiado acostumbrados a esas situaciones que ensalzan a los sentimientos del enamorado y que tienen el efecto de hacernos creer que ese estado es el superior. No puede ser superior un sentimiento momentáneo y una acción libre que dura tanto como la voluntad propia.

Y, si nos vamos aún más a fondo, el principio del amor es el que sirve de fundamento a las relaciones humanas. Desde ese centro parten todas nuestras ideas, legales, religiosas, morales, que nos llevan a derivar la regla de oro: tratar a los demás como uno quisiera ser tratado.

Y si no se puede llegar a tal regla, al menos llegar a la de no hacer a los demás lo que no quieras que te hagan a ti. Esas dos reglas son actos de voluntad deliberada, consciente y libre, lo que es un requisito indispensable para poder tener mérito personal.

Al final, todo eso queda expresado en la frase de un amigo que hace mucho tiempo me dijo “Sabes que amas a tu esposa cuando reconoces que ella es una pésima cocinera y que no le gustan muchas de las cosas que a ti te gustan, pero que a pesar de te das cuenta que la amas en serio”.

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