Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Descontento Positivo
Eduardo García Gaspar
26 diciembre 2002
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No recuerdo a persona alguna que, si se le da la oportunidad, no se queje de lo que podemos llamar un comercialismo exagerado de la Navidad.

Lo que eso significa mi entender es algo en extremo agradable, el que exista y sea común la idea de que los bienes materiales no son capaces de satisfacer las ansias de los humanos.

La situación es interesante y en buena medida paradójica.

Al mismo tiempo que nos quejamos del comercialismo exagerado decimos que lo material es insuficiente. Desde luego, no hay nada intrínsecamente malo en la compra de bienes, pues lo negativo aparece cuando hablamos de exceso y exageración.

En otras palabras, creemos que no hay nada malo en lo material por sí mismo, pero que lo malo empieza cuando vemos a lo material como la única expresión de la Navidad.

Pienso que lo que eso quiere decir es algo muy bueno, pues significa que los humanos tenemos inquietudes espirituales que van más allá de lo que es meramente material. Reconocemos que tenemos necesidades y carencias que son íntimas y espirituales, por encima de lo material.

Esto habla muy bien del género humano y presenta una oportunidad de examinar esa inquietud. ¿Por qué no satisfacemos esas inquietudes espirituales como satisfacemos las necesidades materiales? No tengo una respuesta concluyente, pero quiero apuntar una idea que quizá explique eso.

Es una idea sencilla y por eso me agrada: sabemos cómo satisfacer las necesidades materiales comprando algunas cosas, comiendo, bebiendo y demás. Tenemos muy bien comprendida la manera en la que podemos satisfacer lo material, pero no sabemos igual de bien qué es lo que tenemos que hacer para atender nuestras inquietudes del espíritu.

Ahora lo que debemos hacer es explorar esa situación. Satisfacer necesidades materiales es algo muy sencillo, pues basta realizar una serie de acciones que se nos enseñan desde pequeños para lograr los medios que nos sirven para atender lo material.

El sistema es conocido, pues lo que tengo que hacer es, estudiar, trabajar, ahorrar y tener dinero para comprar lo que yo quiero para mí o para otros. Y así el asunto está resuelto, con esfuerzo, pero resuelto.

Sin embargo, la manera para atender las necesidades del espíritu no es tan conocida. ¿Por qué no somos tan duchos en las cuestiones más elevadas? Tampoco conozco la respuesta definitiva, pero sí puedo proponer una idea para explicar eso.

Y también es una idea sencilla: la educación que hemos recibido ha colocado más énfasis en las cuestiones materiales que en las espirituales. Hemos crecido bajo la idea de que cada uno de nosotros tiene una moral propia y que lo que cada persona piense es lo mejor que se puede tener.

Es decir, vemos que la moral de cada persona es lo que vale, no importa qué sea lo que esa persona piense o haga. A cada individuo lo hemos convertido en una fuente creíble de acción moral, sin importar qué es lo que ella hace.

Puede ser que la persona se dé a los excesos sexuales, o que tenga conductas fraudulentas, que no importa porque todo lo que hacemos es reaccionar diciendo “allá ella”.

Vemos corrupción y si no nos afecta, apenas nos interesa. Vemos estudiantes conducir a exceso de velocidad y nuestra conducta es la de simples observadores.

Peor aún, si hablamos de Dios, o de moral, en demasiadas ocasiones se nos ve como anticuados, hablando de cosas que violan los derechos personales. Si no hablamos de Dios, ni de moral, ni de lo absurdo del relativismo ético, ni de reglas sociales, todo lo que nos queda es actuar en el plano material y, cuando mucho, poner un Nacimiento en casa. Pero hasta allí.

Visto de otra manera, quizá no sepamos cómo atender nuestras necesidades espirituales porque no conocemos los medios para hacerlo.

Nos quedamos satisfechos en lo material, pero vacíos en lo espiritual porque heredamos del siglo 20 el descuido de la moral, la ética y la religión. No sabemos tanto de Dios como de teléfonos celulares. Leemos y hablamos más de la superficial e ignorable Trevi que de los Mandamientos y las Virtudes.

Pero, a pesar de todo, esa inquietud nuestra que se manifiesta en las críticas al comercialismo de la Navidad es un buen síntoma. Significa que seguimos teniendo inquietudes espirituales y esos es muy bueno. Ahora nos falta saber cómo satisfacerlas.

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