Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Buena y Una Mala
Eduardo García Gaspar
28 noviembre 2002
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Los incentivos perversos producen resultados perversos en la mismas personas en las que los incentivos correctos producen acciones correctas.

Pocas dudas puede haber acerca del tema de mayor trascendencia actual en México, que es el del gasto gubernamental y el reparto de fondos de la federación a los estados.

En medio de la confusión de los gritos y reclamaciones que las partes se hacen entre sí, conviene una buena dosis de serenidad y sosiego para ver el problema de fondo… con la ventaja de que si detectamos ese problema, vamos a poder tener soluciones eficientes.

Si usted desnuda al conflicto para ver su esqueleto, el asunto es sencillo de ver.

La federación cobra prácticamente todos los impuestos mexicanos y los estados cobran una pequeña parte de ellos, como el costo por licencias de manejo y otras minucias. La cuestión es que la federación se lleva todo el pastel de impuestos para propósitos prácticos, lo que tiene serias repercusiones.

Es la federación la que establece los impuestos, sus leyes, reglamentos y, por necesidad, es la entidad que cobra y que es odiosa por ese hecho.

Por el otro lado, los estados no tienen el papel de cobrar impuestos para todo propósito práctico y, si son odiados, no lo son por ser cobradores de impuestos.

Además, en el proceso, la federación cobra y luego reparte, no en igual proporción a la que cobra, lo que abre la puerta a las negociaciones privadas entre estados y federación.

Y ese sistema crea incentivos de escaso sentido común. La federación quiere cobrar y es la que crea todos los trucos para cobrar más. Los estados quieren gastar, sin la responsabilidad de cobrar al ciudadano y sin la consecuencia de aparecer como los odiados cobradores.

El incentivo que tienen es pedir, no al ciudadano sino a la federación, con lo que, repito, se tornan irresponsables.

Quieren dinero, pero no cobrarlo, sino pedirlo a la federación, lo que es un incentivo a la rabieta estatal que hace aparecer a esos gobiernos como héroes en sus estados.

Está absolutamente mal diseñado el esquema, pues el que gasta es el que debe tener la responsabilidad de cobrar, lo que hace que su gasto sea más responsable y controlado.

Los habitantes de los estados, sabiendo que la mayoría de sus impuestos son locales, estarán en mucha mejor posición para vigilar al gobierno estatal.

La cosa empeora, pues el que gasta sin tener el trabajo de cobrar, por sistema, va a gastar más de lo que debe, lo que produce déficit y ya sabemos que el déficit es lo que nos produjo las doradas épocas de LEA y JLP.

Si alguien hubiera escrito una tesis sobre cómo no diseñar un sistema fiscal, habría tomado como ejemplo el mexicano. No sólo es complejo, intentendible, improductivo y está lleno de excepciones, sino que incentiva el déficit en el gasto oficial.

En un mundo más o menos razonable, la independencia fiscal estatal es una meta deseable y lograble, con digamos un 70 por ciento más o menos de ingresos por impuestos locales y el resto por impuestos federales.

Eso permitiría ver a la autoridad estatal como el cobrador mayor, lo que conviene mucho para propósitos electorales y, mejor aún, le asigna la responsabilidad financiera estatal.

En pocas palabras, hace hombres maduros a los niños gobernantes pedigüeños de la actualidad, lo que ya es ganancia. A la federación se le quitaría el papel de ogro que tiene. Y se retiraría el incentivo a gastar más de lo que ingresa.

Para ponerlo más claro, como en el rancho. Imagínese usted a una familia con diez hijos, todos mayores y trabajando, a los que su padre les retira todos sus ingresos, excepto las monedas. El padre coloca todo eso en una caja, para gastar él una parte y, luego, dice que lo que queda lo va a repartir entre sus hijos según algún criterio.

¿Cree usted que esos hijos estarán motivados a trabajar y ganar más sabiendo que sus ingresos no son producto de su trabajo sino del poder de convencimiento que tienen con su padre? ¿Crea eso hijos responsables y maduros?

¿O crea hijos irresponsables que son capaces de gastar más de lo que ganan pues creen que pueden convencer al padre de darles más?

Y ahora una buena y una mala. La buena es que eso se puede remediar con una reforma fiscal seria. La mala es que de no hacer esa reforma estamos en camino a tener una repetición de las crisis del populismo mexicano… igual que Argentina ahora.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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