Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Lengua Elegante
Eduardo García Gaspar
8 abril 2002
Sección: DIPLOMACIA, Sección: Una Segunda Opinión
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Ya que tanta importancia tienen los problemas entre los países en esta época de globalización, conviene echar una segunda opinión sobre el vocabulario que con tanta distinción y elegancia se usa en los círculos diplomáticos.

Y tiene una gran razón de ser el uso de una lengua elegante en las relaciones entre los países, pues ella aminora la posibilidad de que existan más conflictos de los ya existentes.

Tome usted, por ejemplo, la frase “es un casus belli”, la que sin duda muestra a quien la usa como una persona refinada, educada y de gran educación.

Desde luego, está hablando de que se trata de una situación de guerra declarada o por declararse, pero eso no quita gentileza a la guerra que está por iniciar.

En esto de la guerra, también hay la idea de que un país llame a otros para hacerle la guerra a alguien más, que es más o menos la situación de alguien que invoca a sus amigos para echarle bronca a otros.

Pero en la elegante lengua de la diplomacia eso se llama “caso foederis”, que lo hace ver mucho mejor de lo que en realidad es.

Luego está la “valise diplomatique” que en francés da connotaciones de extremo garbo y designa a la maleta que las embajadas usan para recibir o enviar comunicaciones. Desde luego, la “valise” puede tener otros usos, como el envío de latas de chile a algún embajador mexicano perdido en algún punto del mapa.

Pero volvamos al elegante lenguaje de la guerra, lo que es especialmente importante dadas las circunstancias de la actualidad. Los gobiernos tienen más o menos claras las etapas de conflictos entre ellos.

La primera de esas etapas, ya de un conflicto abierto, es la declaración “mi gobierno no puede permanecer indiferente” y significa que ya existe algo muy mal en la relación de ambos países. Lo sucedido entre México y Cuba no ha llegado siquiera a esta etapa, por lo que debe considerarse como una simple campaña de relaciones públicas cubana.

La siguiente etapa en un conflicto viene cuando un embajador dice “mi gobierno percibe con gran preocupación”, que significa que el problema se está agravando, pero que aún tiene arreglo.

Si se expresa algo como “mi gobierno se ve obligado a reconsiderar su posición”, la cosa sigue empeorando en serio y en palabras sencillas es algo como “sé que no somos amigos y que la situación entre nosotros es de tolerancia mutua, pero si sigues así va a haber bronca seria”.

Si el embajador redacta una nota en la que escribe “mi gobierno se siente en la penosa obligación de formular expresamente sus reservas”, el conflicto sigue de mal en peor. Se trata de una especie de “mira, ándate con cuidado porque no voy a permitir lo que veo que estás haciendo”.

Usted debe reconocer que el lenguaje sigue siendo elegante, sin uso de malas palabras ni expresiones vulgares. Pero si la situación sigue agravándose, el lenguaje usado es algo como “mi gobierno está obligado a considerar sus propios intereses”, lo que es ya un paso previo a la rotura formal de relaciones, algo muy serio.

La frase “mi gobierno considerará un acto no amigable” es en extremo grave y constituye ya una amenaza de conflicto bélico.

Pero antes de la guerra hay dos etapas, una de la de “mi gobierno no puede hacerse responsable de las consecuencias”, lo que indica una fuerte probabilidad de guerra.

Pero la última de las etapas es la del ultimátum, en cuya redacción se acostumbra poner la frase “mi gobierno tendrá a bien considerar su amable respuesta a este comunicado no después del 15 de abril a las cinco y media de la tarde, hora local”.

Como usted puede apreciar, el elegante lenguaje de la diplomacia tiene sus fórmulas y claves, con significados claros, pero siempre dentro de un tono elegante, distinguido, de gran donaire, gallardo, gentil.

Y no crea que es burla, así debe ser y eso tiene beneficios. Si los embajadores usaran el lenguaje que a diario se usa en las situaciones normales de gobierno, las guerras serían mucho más comunes. El lenguaje delicado y sutil crea en las personas sentimientos menos agresivos, más razonables.

Por eso, quizá no sea una mala idea, que los miembros de los partidos políticos mexicanos copien ese lenguaje y se pongan a trabajar en lugar de dedicarse a pelear entre sí.

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