Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Utopías Bobas
Eduardo García Gaspar
29 mayo 2002
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El otro día fui a una tienda de discos y quise ejercer mi derecho a la música. Pedí que me regalaran un disco. Me sacaron de allí creyéndome loco.

Luego fui a un restaurante y pedí que respetaran mi derecho a comer. Me sucedió lo mismo, aunque el guardia de seguridad me miró de manera extraña.

Más tarde fui a una universidad y pedí que me aceptaran en su doctorado de matemáticas abstractas; me dijeron que primero tenía que pasar un examen, lo que yo vi como una violación a mi derecho a estudiar.

Al día siguiente busqué al azar a una empresa y fui a sus oficinas. Les dije que ya que se había declarado el derecho al trabajo que me dieran un puesto más o menos aceptable, de esos que incluyen un carro como prestación. No tuve éxito.

Ya de regreso a casa, visité al vecino y le dije que por favor me diera dinero para mis vacaciones, puesto que tengo el derecho a vacaciones pagadas. Me sacó en medio de las más grandes risas de su casa y me dijo que ya no bebiera tanto.

No entiendo.

Digo, si yo tengo consagrados todos esos derechos que incluso están hasta en la Declaración Universal de la ONU… no sé por qué no los puedo ejercer. Pero curioso que es uno, me puse a leer y descubrí cosas interesantes.

Porque todo esto de los derechos económicos es más un sueño calenturiento que un análisis serio…. y esto merece una segunda opinión. La cosa está más o menos así.

Un derecho real y claro tiene dos partes. Una de ellas es la que posee el derecho y la otra es la que tiene la obligación. La asignación de derecho y de obligación es clara y no tiene pierde.

Por ejemplo, si se tiene libertad religiosa, usted tiene el derecho de asistir al templo que más quiera y en todos los demás recae la responsabilidad de no impedir que usted haga lo que desee. Es sencillo.

Igualmente, si se tiene el derecho a la propiedad, en los demás cae la responsabilidad clara de no robar esa propiedad.

Dicho de otra manera, a cada derecho real corresponde una obligación real que es asignada a personas concretas. Allí están los derechos naturales, como la libertad de trabajo.

Si yo quiero dedicarme al canto, todos tienen la obligación de respetar mi decisión… aunque claro no tienen la obligación de comprar mis discos.

Pero con los derechos económicos las cosas se complican notable y bobamente. Digamos que el derecho a vacaciones pagadas fuera realmente aplicado.

Yo, que trabajo por mi cuenta, tendría que averiguar a quién le pido ese dinero para mis vacaciones y a alguien bien claro le tendría que caer esa responsabilidad. Dígame usted a quién.

No hay respuesta razonable posible. Si de verdad existiera el derecho al trabajo, y yo decidiera contratarme con una empresa, necesitaría saber qué empresa exactamente es la que está obligada a contratarme.

No hay respuesta justa. Ahora andan con la onda de tener derecho al desarrollo social, lo que sea que eso signifique. ¿A quién voy a exigirle ese derecho?

Dígame por favor, porque para mí estar desarrollado socialmente es pasar todos los años un par de meses en Europa y quiero saber a quién le exijo eso. ¿Cómo le hacemos para exigir el derecho al desarrollo social?

Ni la menor idea. Lo que sí sé es cómo exigir mi libertad de pensamiento, por ejemplo, leyendo lo que se me dé la gana y opinando como yo quiera. Los demás se tienen que aguantar mis libros y mis opiniones… claro sin la obligación de escucharlas.

Igualmente, si tengo derecho a la salud, a quién le hubiera exigido que sanara mi vesícula hace tiempo… suponiendo que mi vesícula hubiera obedecido a alguien. ¿O a qué médico voy para exigirle que me opere sin costo?

Consagrar como derechos a lo que son ideales nada más, por si fuera poco, viola los derechos naturales de igualdad y libertad.

A alguien tengo que sacrificar si es que quiero ejercer mi derecho a, por ejemplo, vacaciones pagadas. Los derechos son derechos y los ideales son sólo eso, ideales muy deseables, pero jamás derechos.

Aunque los pongamos en las leyes como derechos, esos ideales confunden, son vagos y dañan a las personas. A todas, menos a los gobernantes que son los que quieren esos derechos irracionales porque les dan más poder del que ya tienen. Ellos quieren ser los distribuidores de esos llamados derechos económicos.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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