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Viejos consejos
Selección de ContraPeso.info
1 junio 2002
Sección: DIPLOMACIA, Sección: AmaYi
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Maquiavelo (1469-1527) es visto como quizá el primero de los teóricos políticos y su libro El Príncipe ha sido objeto de admiración, sorpresa e indignación durante siglos.

Sin embargo, hay otro libro de este autor, mucho menos conocido y que trata de consejos y sugerencias  sobre la guerra, un terreno en el que Sun Tzu y Clausewitz son los grandes clásicos.

El libro consultado para esta carta es el de Maquiavelo, Nicolás (1997). EL ARTE DE LA GUERRA. México. Fontamara. 968476264x, pp 167-169, publicado originalmente en 1521. Es una obra breve y directa, con sugerencias prácticas que un lector curioso podrá proyectar y actualizar a las situaciones presentes.

Más concretamente aún, lo escrito por Maquiavelo puede incluso ser trasladado a un terreno de naturaleza diferente, pero en el que predominan las estrategias: la conducción de empresas en una situación de competencia. El lector puede proyectar cada consejo al caso de una empresa o una institución.

Antes de las páginas consultadas, el autor da una numerosa serie de consejos sobre la guerra en sus diferentes aspectos. En estas páginas, inicia su exposición diciendo que hay reglas generales y universales en el arte de la guerra.

Nunca deben olvidarse esos consejos que a continuación menciona con su estilo frío de un mínimo de palabras. Son ideas evidentes en sí mismas, pero que no está de más recordar.

Empieza por lo obvio: todo eso que es de provecho para el enemigo es un factor que nos perjudica.

Sigue con otro consejo: hay una manera de esperar con mejores bases y fundamentos la victoria, que además ofrece una disminución de los peligros en los que se incurre. Hay que hacer dos cosas para lograr eso.

Una de ellas es vigilar las acciones del enemigo, tener conocimiento de sus movimientos. La otra es preparar al ejército propio, entrenarlo y capacitarlo.

También con respecto a las tropas propias, además de darles entrenamiento, hay que conocer su disposición, es decir, saber si tienen miedo y temor, saber si tienen ánimo. La razón es obvia, es negativo comprometer el ejército cuando no tienen los hombres el sentimiento de victoria.

En su siguiente admonición, afirma lo dicho muchos siglos antes que él: la mejor victoria es la que se logra sin necesidad de llegar a las armas; es más valioso vencer al enemigo por hambre que en combate.

Después de todo, al final, el éxito al emplear las armas depende más de la suerte que del ánimo.

La confidencialidad es otro factor importante en el arte militar. No es conveniente dar a conocer las órdenes de batalla hasta el momento de realizarlas. Así, el enemigo no tendrá oportunidad de reaccionar y prever.

Quien conoce el arte de la guerra, además, sabe reconocer las oportunidades y las circunstancias que se presentan para capitalizarlas en su favor.

Volviendo al terreno de las tropas, Maquiavelo advierte que en el momento del combate tiene más peso la disciplina que el valor y el ímpetu. La disciplina, además, produce sentimientos valiosos; la sola naturaleza no hace tantos hombres audaces como la educación y el ejercicio.

En cuanto al orden de los ejércitos, aconseja la concentración de hombres y terrenos. En una batalla es preferible tener reservas suficientes detrás de la primera línea y aún detrás de la segunda línea tener refuerzos adicionales; más vale hacer eso que dispersar y separar a las tropas abriendo el frente de batalla.

Cuando hay deserciones, los que del enemigo pasan al ejército propio son una gran conquista, pues aumentan los recursos propios y disminuyen los ajenos. Pierde más el enemigo con estas deserciones que con sus soldados muertos.

Desde luego, los desertores son sospechosos para el que los acepta y odiosos para  el ejército que abandonan.

Insiste Maquiavelo en la importancia de la información propia y ajena: quien conoce su fuerza y quien sabe de la potencia del enemigo, difícilmente será vencido.

Igualmente insiste en aspectos cualitativos del ejército: vale más el valor del soldado que cuántos soldados se tienen; y una posición favorable en el terreno puede a veces ser más provechosa que el valor.

La insistencia en la disciplina vuelve a salir a la superficie en otro consejo: aquél que persiga de manera indisciplinada y desordenada al enemigo en la huida de éste, se convertirá de vencedor en vencido.

El arte de la guerra incluye también la previsión, concretamente la preparación de las provisiones del ejército, sus víveres y recursos. Quien no es previsor será vencido.

La preparación incluye la selección del campo de batalla y de acuerdo a sus características emplear los recursos más convenientes. Puede ser que convenga más la caballería, o puede suceder que convenga más la infantería.

Reiterando la importancia de la información, Maquiavelo aconseja cambiar las posiciones propias si es que ellas son conocidas por el enemigo.

En cuanto a la administración del ejército, el autor tiene una idea simple y clara: a muchos se les debe decir lo que deben ellos hacer, pero a muy pocos se les puede dejar hacer lo que ellos quieran.

Durante los períodos de paz es necesario mantener el orden de los ejércitos con amenazas y temores de castigos. Pero en la guerra el orden de los ejércitos se mantienen con promesas de premios y con esperanzas.

Quien se precia de ser un buen general sólo se apresta a dar batalla cuando las circunstancias son propicias o la ocasión los llama.

Repite Maquiavelo consejos anteriores, quizá con eso intentando resaltar la importancia de ellos. Es vital que el enemigo no conozca el plan de batalla propio. Además ese plan, el que sea que se tenga, debe hacer que la primera línea de ataque pueda refugiarse en la segunda y la segunda línea en la tercera.

En los momentos de la batalla no es prudente ordenar a un batallón que realice cosas diferentes a ésas para las que ha sido destinado y entrenado. Si eso se intenta, el efecto será la incertidumbre, el desorden y la derrota.

La previsión incluye el examen de los accidentes posibles, los que habiendo sido anticipados pueden ser remediados con facilidad. Los accidentes no previstos carecen de soluciones sencillas.

Parte de los sentimientos de la tropa debe ser el desprecio de lo refinado, de las comidas delicadas y de los trajes lujosos.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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