Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Allá en un Restaurante
Eduardo García Gaspar
2 junio 2003
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, Y CONTRAPEDIA
Catalogado en:


Hará unos pocos días que fui a comer a un restaurante italiano. Tres amigos nos dimos el placer de comer juntos un viernes por la tarde sin gran prisa por regresar a la oficina.

Apenas nos habíamos sentado en la mesa, llegó un mesero que nos dijo literalmente, “Benvenuti al restoratnti, bon giorno”, o como sea que se escriba eso en italiano.

Un mesero hablando en italiano en un restaurante italiano suena adecuado, excepto que el mesero tenía más facha de servir tacos que de servir espagueti. Sonó falso en verdad.

Más falso luego que ofreció vino italiano, del que no tenía la menor idea. No era un restaurante malo, pero lo que llamaba la atención es eso, lo de entrenar a hablar en italiano a quien no tiene la menor idea de lo que está diciendo.

Supongo que eso mismo podría traducirse a otras situaciones. Por ejemplo, un restaurante mexicanos en Roma bien podría tener meseros que recibieran a los clientes con un “Pásele manito, aquí hay comida rete buena, ¿qué se chupa antes?”, imitando ese acento de las películas mexicanas de hace muchos años.

Sí, los restaurantes tienen algunas cosas que molestan. Por ejemplo, el que algunos restaurantes pregunten al llegar uno si se tiene reservación cuando casi todas las mesas se ven vacías.

Luego, entre esas mesas vacías, el capitán nos conduce a la mesa peor colocada que existe en el lugar, la que rechazamos para seleccionar otra, la que sea menos ésa.

Una vez sentados, llega el mesero que nos solicita la petición de los tragos previos a la comida. Y esas copas me molestan, pues son servidas como si las botellas de licor fueran tan valiosas como para meterlas en la caja fuerte de un banco.

Digo, porque según los cálculos de un amigo, los restaurantes tienen precios que implican cuadruplicar el precio que tiene una botella en un supermercado. No se vale. El medir las copas por onzas es una mala costumbre americana.

Una vez que llegan a la mesa los tragos, la plática sigue tranquilamente hasta que se ordena la comida. Aquí uno se tiene que quitar el sombrero con los restaurantes mexicanos, los que aceptan cualquier cambio que uno quiera hacer en el menú. “Tráeme el filete, pero no en caña, sino abierto, en vez de papas fritas ponle una papa al horno y unos chiles toreados con mucha cebolla”.

Intente usted cambiar un platillo en Estados Unidos y recibirá las más airadas protestas. En los platillos puede haber problemas, pues los meseros nacionales dicen que sí a todo, aunque no se pueda.

Consecuentemente, los platillos no siempre salen bien. Como la vez que me dijeron que la carne se podía quemar por fuera y quedar roja por dentro (el black and blue), lo que fue un fracaso absoluto, a pesar de la buena voluntad del mesero.

Luego está lo del limón.

No sé de otro país que tenga una afición a tomar tanto limón como el nuestro. El chef le pone limón a todo. Lo que me pasa a mí es que si quiero limón, pido una limonada, pero si quiero salmón quiero que me sepa a salmón y no a limón.

Cuando ya se está terminando, molesta que demasiados meseros inmediatamente quieran retirar los platos, a veces sin siquiera preguntar.

Así, una vez dejé para lo último unas rebanadas de queso roquefort para gozarlas por separado, pero el mesero se las llevó en un movimiento de tanta rapidez y habilidad que no pude reaccionar a tiempo.

Al final, la comida suele tener postres que el mesero en algunos lugares trae a la mesa en un carrito que debe llevar varios días sin que esos postres hayan sido puestos en un refrigerador.

La verdad es que no se me antoja una rebanada de un pastel a la que no he visto cortar, ni un flan que no sale de un refrigerador.

Luego viene la cuenta, la que molesta profundamente por el IVA. Pero ésa es otra historia.

Al salir del restaurante, la mejor opción es ir directamente al carro y salir conduciendo uno mismo. Pero algunos restaurantes tiene servicio de valet parking, lo que causa grandes resquemores pues quienes se encargan de conducir nuestras autos tienen fachas por las que uno no les confiaría ni siquiera una bicicleta.

Antes de que se me olvide, al salir de ese restaurante italiano, mis amigos y yo, fuimos despedidos efusivamente por una mujer claramente mexicana en todos sus rasgos que nos dijo “Ciao”. La ambientación antes que la comida.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Allá en un Restaurante”
  1. leonardo Dijo:

    Me parece que usted esta un poco molesto con el sistema americano,algo muy comun en personas que han estudiado en este pais no habiendo nacido aqui.
    Si me permite opinar en el tema sin animo de ofender a nadie,creo que usted no tiene la menor idea de lo que es trabajar o atender un restaurante.
    A mi forma de ver las cosas su comentario esta fuera de lugar,dado que cada restaurante tiene sus costumbres,usted comio en restaurante Italiano, era de suponer que lo atendieran al estilo Italia,si a usted le molesto que el mesero le diera la vienvenida en una lengua que es ajena a usted,se lo hubiera hecho saber o si le molesto que el aspecto de los trabajadores fuera Mexicano que esperaba,quien pensaba que lo iba atender,Liza Minelli.Hubiera ido a Roma a comer.Su comentario sobre estos trabajadores no es propio de una persona estudiada como usted a menos claro que sea usted de esas personas que no les gusta su nacionalidad,por ultimo permitame decirle o aconsejarle que se informe primero por que pasan las cosas y asi pondria su granito de arroz para que su Pais y su gente sean mejor,un saludo.





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