Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Alto Costo del Trabajo
Eduardo García Gaspar
12 agosto 2003
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Mi primer trabajo fue uno en uno de los bancos más grandes, que ofrecía a un grupo de estudiantes recién graduados un curso de entrenamiento después del cual pasaríamos a ocupar puestos de creciente responsabilidad.

Ésa fue la primera vez que supe lo que era lo del reparto de utilidades, un concepto explicado y defendido en mis clases de carrera.

El sueldo no era malo y, mejor aún, me pasada unas semanas en un departamento conociéndolo hasta que me asignaban a otro y así la pasaba aprendiendo.

Obviamente tuve la oportunidad de hablar con gran cantidad de empleados, de todos los niveles, pero especialmente operativos, es decir, de baja jerarquía.

Todos nos llevamos siempre bien y con frecuencia hablábamos del tema obvio, que era el banco y sus directivos altos.

Un día, el tema de conversación informal cambió rotundamente al del bienvenido próximo reparto de utilidades. Todos estaban felices, pues eso era un ingreso extra muy bueno, extremadamente bueno para los empleados de la empresa financiera (usted quizá se acuerda de esa época en la que las financieras eran empresas separadas de los bancos).

Pues dicho y hecho, el reparto de utilidades llegó un día en mi recibo de nómina igual que a miles de empleados más del banco. La verdad es que me quedé sorprendido porque yo no había hecho nada para merecerlo.

Nunca creí haber hecho algo para que el banco tuviera utilidades más allá de lo que se me pedía más alguna iniciativa adicional que presenté a mi superior.

En pocas palabras, no vi que nadie relacionara a su reparto de utilidades con la idea de hacer más, de ser más productivo. Nunca, ninguno de los que allí trabajábamos pensamos en eficiencia personal mayor para elevar el reparto.

La razón de eso era muy sencilla.

Ninguno de los empleados nos sentimos lo suficientemente poderosos como parar influir en un resultado indirecto, es decir, las utilidades. Nuestras funciones eran muy pequeñas para tener una influencia que hubiera podido ser determinante.

Peor aún, podía haber personas perezosas que sin hacer nada se beneficiaran de los esfuerzos de los demás porque el reparto va a todos sin excepción, sin relación al mérito ni al desempeño.

La verdad es que ese reparto no era más que un aumento del sueldo nominal, aunque contingente a la existencia de utilidades, pero nada que no fuera un ingreso adicional forzoso.

Es decir, mi sueldo, como el de todos los demás en realidad estaba compuesto por varios conceptos, uno de ellos era el sueldo mensual. Pero también teníamos ingresos por conceptos como prima de vacaciones, aguinaldo y otros en efectivo. Había, desde luego, ingresos no monetarios, como el uso de clínicas médicas y otros similares.

Nuestro sueldo era un conjunto de cosas, variadas, que aunadas al reparto formaban un concepto total que se llamaba “costo de personal” dentro de las cifras contables del banco.

Yo ganaba 4 mil pesos de ese tiempo. Mi sueldo era irrelevante para el banco, pues lo que le importaba era el total de mi ingreso y no la cantidad nominal mensual que yo veía como mi sueldo real.

Varios años después me di cuenta de todo eso al decidir contrataciones de personal y tener que contratar un número menor al pensado. Todo porque la cantidad total de gasto de personal era lo que contaba y no el sueldo mensual nominal.

Seguro social, reservas de despido, jubilaciones, impuestos a nóminas, reparto de utilidades, seguros médicos, hasta la fiesta de Navidad y todo un cúmulo de cosas que hacían clara una idea muy obvia.

El gran costo de personal, elevado por esos conceptos, me impidió contratar a más personas.

En otras palabras, esas disposiciones legales que supuestamente protegían a los trabajadores en realidad producían desempleo. Pudiendo contratar a cuatro personas tuve que contratar a sólo dos por causa de ese alto costo.

Hubo dos beneficiarios contratados a costa de otros dos que pudiendo ser contratados, no lo fueron. No son cosas teóricas ni ideológicas, sino simple sentido común. Si se eleva el precio de un bien, usted va a tener menos demanda.

Esto significa desempleo, un tema candente en este momento. Y con una solución obvia que puede estar en una reforma laboral urgente y posible si se quitan los velos populistas que ciegan a nuestros legisladores y líderes.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Alto Costo del Trabajo”
  1. luis vidaurre Dijo:

    Es un comentario que menosprecia al trabajador brutalmente pedante y sin fundamento no se vale hablar por hablar hay que argumentar. Yo trabajo en el area de recuperacion de un banco muy grande a nivel mundial tambien y lo que representa el trabajo de mi area en ingresos reales al banco como dinero que ingresa en depositos es por mucho superior al dinero que se invierte en el total de la nomina nacional de mi area. Sin contar las reservas que logramos sean liberadas. No vengas con que hubiera generado 4 empleos pero debido a la maldad de las leyes laborales solo puedo crear dos snif snif, si aun y que la ley es abiertamente favorable al trabajador los patrones abusan un dia si y otro tambien ahora si flexibilizamos las leyes pues pobres trabajadores ahi si que los agarren confesados. NOTA EL EDITOR: el principio sigue aplicando, a trabajo más caro menor oferta de empleo.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras