Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Antiamericanismo
Eduardo García Gaspar
2 julio 2003
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Uno de los temas internacionales más interesantes de estos tiempos es el antiamericanismo, salido de nuevo a la superficie con los sucesos previos a la guerra de Irak.

Mencionado directamente por el presidente Bush, el asunto ha sido sujeto de encuestas y análisis. Vale la pena entrar en este tema con una segunda opinión.

Lo primero que hay que decir, sin rodeos, es que ese sentimiento en contra de los Estados Unidos es un efecto acumulado de varios siglos de opiniones de autores europeos, incluso desde la fundación de esa nación.

Se argumentaba seriamente en ese tiempo que todo en América se degeneraba al entrar en contacto con esas tierras del nuevo continente.

Lo que eso indica es interesante, pues señala que el antiamericanismo es en buena parte un producto de intelectuales europeos, que se ha exportado al mundo y caído en terreno muy fértil en México, con Carlos Fuentes como una muestra curiosa de ese refinamiento intelectual que se siente superior ante los norteamericanos a los que ve pedestres y no a su altura.

El antiamericanismo, por otro lado, parece una idea en extremo primitiva, otro prejuicio o clisé más que simplifica una realidad malinterpretándola.

Es similar a los clisés que dicen que los todos los negros son buenos para el deporte, que todos los italianos pueden cantar ópera, que todos los francesas son unos soberbios, que todos los mexicanos son holgazanes, que todos los judíos son comerciantes,, que todos los árabes son fundamentalistas.

Estas ideas simplifican nuestras vidas, aunque impiden el análisis. Me llama la atención, además, la enorme importancia que tiene el antiamericanismo el que al final se vuelve un tributo de admiración a ese país.

Si se quita el antiamericanismo a la política exterior mexicana, ella se queda con menos de la mitad de su contenido. Si el antiamericanismo se quita a la diplomacia exterior cubana, su política internacional desaparece.

Lo mismo puede decirse de la política exterior francesa de varios años atrás hasta el presente.

Mucho me temo, por ejemplo, que los gobernantes mexicanos que han fomentado relaciones con el régimen de Castro lo han hecho no motivados por ese gobierno, sino por que eso significaba tener una posición antiamericana.

Igualmente, las marchas de protesta con carácter político contienen siempre elementos en contra de los Estados Unidos.

Haga usted una marcha a favor o en contra de lo que a usted se le antoje, que siempre habrá alguien que critique a los Estados Unidos. Si en esa marcha se ataca a un restaurante, tenga usted la seguridad que no va a ser un restaurante italiano, ni vasco, ni francés, ni mexicano, será uno norteamericano sin asomo de duda.

Estados Unidos es un país muy complejo de entender, mucho más que México o que Alemania con su complicada historia.

Lo es porque tiene poco más de 200 años de historia, un plazo muy breve y porque tiene una fórmula que no existe en otras partes.

Una extraordinaria lectura sobre este país es la de La Democracia en América del francés Tocqueville, escrita a mitad del siglo 19, con la ventaje de estar basada en una visita real a ese país y no ser una especulación sofisticada a distancia.

Mi conclusión personal es que cuando un país acapara de tal manera la atención mundial, ese tributo involuntario debe ser estudiado con cuidado, sin aceptar el simplismo de una posición que impide el uso de la razón.

El antiamericanismo, por tanto, me parece una posición sin fundamento lógico. Al final debo decir que entrarle a este tema tiene un costo para el que lo hace. Una visión primitiva del asunto lo entiende bajo el simple principio de que si no estás claramente contra los norteamericanos eres un vendido a sus intereses.

En más de 20 años de columnista, cada vez que trato el tema soy receptor de comentarios que me acusan de ser cómplice de los imperialistas.

Corro el riesgo con agrado porque creo que analizar parar tratar de entender es más razonable que esa simplista posición que no puede entender cuestiones complejas. Y los clisés son para mí una tentación irresistible para examinar.

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