Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Buenos y Malos
Eduardo García Gaspar
6 noviembre 2003
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Hace algún tiempo, le hablé de la tendencia que muchos tienen a pensar en términos de caricaturas o películas, en las que hay buenos y hay malos.

Por ejemplo, los legisladores que así piensan y que deben ser muchos, creen que los trabajadores son los buenos y que los patrones son los malos. Por eso hacen leyes laborales tan absurdas.

Pues bien, hace un tiempo el Acton Institute publicó un breve artículo que trata el mismo tema, aunque con otras personas y no legisladores.

Resumo los resultados de la investigación que reporta Gerald Zandstra, pastor de la Iglesia Cristiana Reformada. Mandó él mil cuestionarios a pastores protestantes norteamericanos.

Entre los resultados obtenidos están dos que Zandstra reporta.

  • Un 70 por ciento mostró una tendencia a estar de acuerdo con la frase “Sin la vigilancia del gobierno las empresas abusarían de su poder”.
  • Casi 40 por ciento se inclina a estar de acuerdo con la frase “Se necesita más intervención gubernamental porque los negocios no trabajan usualmente bajo normas morales”.

En estos resultados no puede ignorarse el efecto de los escándalos de Enron y Worldcom. Sin embargo, hay más de fondo, según el autor, que pasa a hablar del efecto de caricaturas que afecta en este caso a los pastores entrevistados.

No hace falta ir en profundidad para ver que muchas películas refuerzan esa idea, la de corporaciones sedientas de ganancias que quieren apoderarse del mundo. Las caricaturas hacen lo mismo.

La estructura de los argumentos es muy primitiva: el bueno contra el malo, el malo quiere ganar dinero y poder, sin detenerse ante nada y sin principios morales; el bueno es el que trata de detener las malvadas acciones.

No es complicado y sigue siendo una estructura atrayente para quienes gozamos del cine. No hay problema alguno en que esas películas y caricaturas existan. Ellas son una diversión como cualquier otra.

El problema surge cuando alguna persona piensa que eso que vio es real y universal, que todas las empresas se comportan así, que en la realidad efectivamente viven personajes como esos, unos muy malos y otros muy buenos.

Digo que es un problema, porque esas personas interpretan todo lo que sucede de acuerdo a ese marco mental y crean historias de complots precisamente al estilo de las películas.

Si esa persona es un legislador, el problema se vuelve realmente serio, pues todo lo que proponga en las leyes estará basado en la creencia de que en la vida diaria la gente se divide en dos bandos, los malos muy malos, y los buenos muy malos. En las leyes laborales esto es muy patente.

En esas leyes, los buenos son los trabajadores y los malos son los empresarios. Y en las leyes económicas, los legisladores emitirán disposiciones que pongan obstáculos a la actividad empresarial. Todas esas disposiciones son muy lógicas para el que piensa en términos de caricatura, a las que defenderá con toda su fuerza.

Sin embargo, todos sabemos, la vida no es mi una película ni una caricatura; las personas, en lo general, tienden a portarse dentro de la ley, con unas pocas saliéndose de ella. Ni los empresarios son todos malos, ni los trabajadores son todos unas almas de Dios.

Y menos aún, los gobernantes son los árbitros perfectos que deben andar vigilando a los malos.

Me parece obvia la existencia de ese síndrome de la caricatura en la mente de muchos gobernantes y especialmente los legisladores y que es una derivación de otra sintomatología muy destructiva de hace ya tiempo, la clasificación marxiana de lucha de clases.

Son mentalidades fantasiosas que de estar donde debieran, en tratamiento psiquiátrico, no harían daño; pero cuando ellas son la forma de pensar de los gobernantes, todos sufrimos sus consecuencias.

Hacer leyes es un arte y es verdad que quien no piensa claro no las pueda hacer. Y si las hace, ellas serán creaciones monstruosas, inaplicables a una realidad objetiva, pues fueron pensadas sobre la base de inventos, ficciones, alucinaciones y ensueños.

Lo que hizo el reporte de ese pastor es probar que esa mentalidad distorsionada también afecta a segmentos de jerarquías eclesiásticas, lo que es otra causa de preocupación. Y mucho me temo que en México demasiados clérigos lo padezcan también.

Post Scriptum

Ludvig von Mises trata el tema del simplismo de los legisladores en el caso de las leyes laborales. Un resumen de su idea al respecto está en Detrás de la Ley Laboral.

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