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Capitalismo Democrático
Selección de ContraPeso.info
1 septiembre 2003
Sección: RELIGION, Sección: AmaYi
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En esta carta se exploran las causas por las que el capitalismo democrático es un sistema ignorado dentro de círculos teológicos, especialmente los católicos. El capitalismo no es un sistema sencillo de entender, pues en él operan tres dimensiones a la vez, incluyendo una dimensión de profundas raíces morales.

Además, es un sistema nuevo, con unos doscientos años de vida, y que por eso presenta dificultades de comprensión a quienes tienen perspectivas predominantes de un mundo estático. Echar un vistazo a este tema puede ayudar a comprender también las razones por las que ese sistema tampoco es entendido por otras personas que lo han rechazado a pesar de realidades innegables.

La idea de esta carta fue tomada del libro del Novak, Michael (1984). VISIÓN RENOVADA DE LA SOCIEDAD MODERNA. Monterrey, México. Centro de estudios en economía y educación A.C., capítulo 1, Capitalismo, socialismo y religión, un examen de la riqueza espiritual de las naciones, pp. 19 a 34.

En el inicio de esta parte de su libro, Novak señala un hecho que da por descontado y que todos reconocen.

Es la realidad de que entre todos los sistemas de economía política, el capitalismo es el que verdaderamente ha beneficiado a la humanidad; gracias al capitalismo se han revolucionado las expectativas de la vida humana, tenemos mayor esperanza de vida, se ha posibilitado la eliminación de la pobreza y en general, se tiene una más amplia posibilidad de elecciones humanas.

Estos logros son indudables y reconocidos universalmente, incluso en el mismo Manifiesto Comunista hay una mención explícita del éxito capitalista.

Sobre esta base, el autor coloca su punto principal.

Hay sistemas de economía política, como el mercantilismo y el socialismo, que tienen sus admiradores teológicos, pero esto no sucede con el capitalismo democrático; ningún teólogo cristiano ni judío se ha preocupado por evaluar la significación teológica de ese sistema capitalista.

Sencillamente, el capitalismo democrático ha tenido logros como nunca antes se habían tenido en la historia de la humanidad; y sin embargo, esto es algo ignorado por los teólogos judíos y cristianos.

A continuación, Novak expone la manera como él piensa que debe entenderse el capitalismo democrático. Y lo explica como la combinación de tres sistemas en uno solo.

Primero, está la esfera de la economía que tiene una orientación de mercado; segundo, la esfera de la política, que es respetuosa de los derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; y la tercera esfera es lo moral y cultural, formada por instituciones que son movidas por ideales de justicia y libertad para todos.

La clave está en entender que esos tres sistemas funcionan como uno solo y único, por ejemplo, en países como Alemania y Estados Unidos.

Allí hay una economía basada en mercados e incentivos, hay un sistema político democrático y existe un sistema moral y cultural que es plural y liberal en toda la extensión de la palabra.

Más aún, existe una intensa relación entre democracia y economía de mercado. En la realidad diaria la democracia es compatible únicamente con un mercado libre y esos dos sistemas son alimentados por una cultura liberal.

El autor refuerza su punto al señalar que la democracia y el capitalismo moderno tienen las mismas fuerzas históricas de origen.

Es decir, un régimen democrático y un sistema de mercados libres poseían una fuerza moral antes de que sus instituciones se desarrollaran.

Lo que esa fuerza moral deseaba era limitar el poder del gobierno, evitar la tiranía y liberar el potencial de las personas y comunidades organizadas de forma independiente.

Existe, sin duda, una profunda relación entre democracia y mercados libres. Es posible que alguna forma especial de capitalismo pueda crearse y perdurar bajo condiciones no democráticas, pero la lógica interna del capitalismo lleva necesariamente a la democracia.

Las libertades económicas sin sus correspondientes libertades democráticas, son inestables. Si acaso un gobierno no reconoce a las libertades económicas, las libertades políticas terminarán siendo destruidas.

Las naciones con libertades económicas van convirtiéndose en naciones con libertades políticas, como España, Grecia y Portugal.

Pero la cuestión va más allá de esa íntima relación entre libertades económicas y políticas. La política democrática es dependiente del crecimiento económico.

Aquí señala Novak que en la historia ningún régimen ha producido igualdad entre personas ni entre grupos; las diferencias individuales de talentos y de disposiciones tienen como efecto inevitable las diferencias entre las personas.

Es por eso que ningún sistema político justo puede ofrecer la garantía de resultados iguales para todos.

La legitimidad de la democracia no depende de resultados iguales para todos los ciudadanos, sino de iguales condiciones de oportunidad para todos, lo que es muy diferente y es consecuencia de pensar que todos pueden mejorar su situación.

La posibilidad de pensar que todos pueden mejorar su situación, es lógico, sólo puede darse cuando existen posibilidades de crecimiento económico. La libertad requiere expansión y apertura.

Pero también se necesita la posibilidad de tener movilidad social. Sí, podrán existir diferencias entre grupos, pero a nivel individual existe la posibilidad de que los individuos se muevan de un grupo a otro.

El crecimiento económico y la movilidad social son necesidades del capitalismo democrático, pues de lo contrario, la democracia presenta tendencias de autodestrucción y de balcanización, al inspirar luchas internas.

Es cuando existe crecimiento que existe paz y tranquilidad.

Novak continúa resaltando que la democracia y la economía se apoyan una a la otra teniendo necesidad ambas esferas de una base moral y cultural, es decir, de ciertas creencias acerca del mundo. Sin esas creencias no pueden existir ni la democracia, ni el capitalismo.

Son ideas que el autor menciona como creencias acerca de la naturaleza humana, de la historia, del trabajo, del ahorro, de la moderación, del trabajo en  cooperación mutua.

En otras palabras, el capitalismo democrático es un sistema triple, en el que operan tres subsistemas. Es un sistema, por eso, complejo, muy distinto de los arreglos de sociedades anteriores y de las sociedades planificadas, las que son mucho más simples de entender.

Para dar un panorama histórico, el autor cita a 1776 como un año que es parteaguas, cuando se publicó La Riqueza de las Naciones y tuvo lugar la Independencia de los Estados Unidos, la primera nación capitalista democrática.

Antes de eso el sistema era mercantilista, pero la invención de la economía de mercado cambió al mundo, por ejemplo, con una elevación impresionante de las expectativas de vida, con la libertad de creencia. Antes de eso, no había lo que después fue común, como el agua potable y el drenaje.

Insiste en el punto, al mencionar que después de muchos siglos, los hombres al fin habían encontrado un sistema para producir riqueza.

Por ejemplo, los salarios reales en Inglaterra entre 1800 y 1850 se duplicaron, y de nuevo se duplicaron entre 1850 y 1900, con un aumento de cuatro veces en la población.

Y ahora vuelve al punto esencial de su escrito. Las iglesias no entendieron este nuevo suceso económico y, peor aún, lo vieron como algo materialista y peligroso para la religión.

Las iglesias no comprendieron las dimensiones morales y culturales de la nueva ciencia económica; permanecieron en el pasado, sin iluminar la realidad como antes lo habían hecho al tratar al feudalismo, los gremios y al medioevo.

El Cristianismo y el Judaísmo tienen un gran refinamiento político e histórico, pero no económico; la teología se ha retrasado en la esfera económica.

Esta ciencia no existía antes y quizá era comprensible ese retraso, pero su incomprensión en estos días es escandalosa.

De 1800 para acá, las cuestiones de economía han sido más algo práctico que teórico, continúa Novak. La realidad diaria prueba la superioridad real del capitalismo, pero en un mundo lleno de comunicaciones, han entrado ideas que tienen más poder que la realidad y las demostraciones prácticas.

Hay ideas que parecen regular la mente de las personas a pesar de ser falsas y estar en contra de la realidad. Hay ideas que son ineficientes y crueles, pero que son conservadas por las elites que se benefician con ellas.

Las demostraciones empíricas parecen no haber podido desbancar a ideas falsas y absurdas.

En épocas anteriores, dada su carga moral y cultural, el capitalismo no sintió la necesidad de desarrollar una teoría completa de sí mismo, especialmente en lo referente a sus supuestos morales.

Era natural que eso sucediera dadas sus profundas raíces morales. Y resulta sorprendente cómo incluso ahora los documentos de la Iglesia Católica sean escritos como si no existiera el capitalismo democrático.

Siguiendo con sus consideraciones históricas, el autor hace mención de las colonias en América. Hace doscientos años las colonias inglesas y las españolas eran igualmente pobres, pero diferentes en cuanto a las ideas que les dieron origen.

Una tomó los fundamentos del mercantilismo y feudalismo español, pero la otra estableció un nuevo orden, con ideas nuevas.

Sería lógico suponer que el estudio de las consecuencias de dos ideas, cristianas ambas pero tan diferentes, despertara un gran interés para su estudio y análisis; y, sin embargo, hubo un gran silencio intelectual al respecto. Los teólogos están atrasados y se han quedado mudos al respecto.

Ese silencio de los teólogos puede ser explicado por tres razones.

• Primero, el pensamiento católico estaba mucho más acostumbrado a estudiar un mundo estático, sin movimiento, y no uno dinámico, lleno de acciones. Esto explica la fascinación católica por la ética de la distribución y su ignorancia respecto a los problemas de la producción.

• Segundo, la actitud católica ante el dinero estaba sostenida en creencias premodernas, que no hacían consideraciones de creatividad y de productividad del capital invertido.

• Y tercero, el orgullo católico era el sentido de comunidad que logró crear en medio del cruel mundo feudal, con su sentido de orden y de sociedad jerárquica que le permitía ignorar a las relaciones feudales.

En pocas palabras, el pensamiento católico está atrasado y tiene una liga tenue con las sociedades liberales; ha estado fuera de la revolución capitalista democrática e  incluso la ha interpretado erróneamente.

Termina Novak señalando que este capitalismo democrático no es el reino de Dios ni está libre de faltas, pero es el mejor de todos los sistemas que conocemos.

Este sistema tan despreciado es quizá nuestra última esperanza para aliviar la pobreza y constituye nuestra mejor esperanza.

Al final, las ideas de Novak pueden ayudar a entender las razones del rechazo del sistema social liberal. Es un sistema nuevo, con unos doscientos años nada más, lo que le hace ser difícilmente entendido por quien tiene una inercia mental de muchos más siglos de tratar situaciones estáticas.

Y es un sistema complicado, mucho más complejo que las sencillas propuestas mercantilistas y de planificación estatal, difícil de asimilar en tan poco tiempo.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



1 comentario en “Capitalismo Democrático”
  1. Contrapeso » Mercados, intervención y política




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