Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Caricaturas Simplistas
Eduardo García Gaspar
3 julio 2003
Sección: LEYES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La premisa de que las caricaturas son sólo para niños es una falacia. Las caricaturas, por infantiles y simples que sean, tienen un efecto poderoso al menos en algunos de los adultos.

Más aún, de seguro recuerda usted a los niños que por primera vez van al cine y mientras ven la cinta continuamente pregunta quiénes son los buenos y quiénes son los malos.

El punto es importante y ha sido señalado ya antes, por Mises en una de sus obras. La tesis es sencilla: hay personas en puestos importantes de la sociedad que sufren la terrible influencia de las caricaturas puesto que ven el mundo infantilmente, dividido en buenos y malos.

Una muestra brillante de eso es la legislación laboral de muchos países, entre ellos México.

Las disposiciones laborales son de caricatura pues parten de una base intelectual simplista, la de que los trabajadores son los buenos y los patrones son los malos.

Los trabajadores son entendidos como los débiles, sufridos, inocentes y víctimas de mil abusos posibles por parte de patrones entendidos como ociosos, gordos, llenos de dinero que pueden satisfacer sus más refinados caprichos. Muchos caricaturistas, aún ahora, los dibujan así.

El punto es que cuando usted piensa en esos términos de caricatura usted actúa de acuerdo a eso.

Si usted es un legislador, necesariamente hará leyes que protejan al trabajador de las amenazas patronales, que le den victorias y conquistas laborales, pues cada una de esas disposiciones se entiende como una batalla ganada al malo de la película.

Vea usted a la ley laboral mexicana y así podrá explicar muchos de sus artículos.

La cosa va más allá, pues la idea caricaturizada penetra en la sociedad e influye en todos, con los profesores jugando un papel importante en la diseminación de esa caricatura.

No es infrecuente encontrar esas nociones simplificadas en las mentes de ellos, por ejemplo, el profesor de economía al que escuché sostener la idea de que “nunca debe despedirse a un trabajador dada la estructura de las empresas privadas”… lo que sea que ello signifique.

Desde luego, el mundo real es otra cosa, muy diferente a la que tienen esos legisladores, esos profesores y quienes no han tenido experiencias laborales. Ni todos los trabajadores son unos ángeles de la caridad ni todos los patrones son unos demonios materialistas.

Hay muchos patrones que tienen buenas intenciones y hay muchos trabajadores que las tienen malas. Un dueño de un restaurante, por ejemplo, hace poco narró las maneras cómo los meseros robaban comida envolviéndola muy bien, tirándola en los botes de basura y recogiéndola después a su salida.

Todos hemos pasado por esos sucesos. El chofer del camión que llegó borracho a trabajar, la recepcionista que dejó de ir una semana sin presentar excusa alguna. El trabajador que siempre llega tarde.

Supe de un caso en el que el empleado sostuvo relaciones con una de las secretarias en la oficina del director de la empresa y no pudo ser despedido por causas legales. Esto que digo no es una defensa de los patrones, sino un auxilio de mero sentido común.

Sí, hay patrones malos, muy malos, pero el mundo es más complicado que una caricatura. Ni las leyes ni las teorías económicas pueden partir de supuestos falsos. La bondad y la inocencia no es privilegio exclusivo de los obreros y trabajadores. Todos somos seres humanos, con serios defectos y muchas virtudes.

El tema es de importancia ahora en vísperas de una nueva generación de diputados que deben atender una necesaria reforma laboral que deje de dañar a los trabajadores bajo la creencia de que los favorece.

Porque ése es el efecto real de las leyes construidas bajo ideas caricaturescas y falsas, el lastimar a todos, incluyendo a aquellos a quien intenta proteger. La urgencia de disposiciones laborales realistas es patente para el beneficio del país.

En otras palabras, hay una buena dosis de realismo que debemos aceptar y de sentido común que debemos reconocer. Todos los seres humanos tenemos cosas buenas y cosas malas. Esta es una realidad tan sencilla de aceptar y que no ha sido vista por muchos legisladores ni por algunos profesores.

Una buena ley es la que reconoce a la realidad y eso es lo que nos urge tener ahora, sin los simplismos de preguntar quiénes son los buenos y quiénes son los malos.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.




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