Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Conciencia y Sometimiento
Eduardo García Gaspar
14 noviembre 2003
Sección: DIPLOMACIA, NACIONALISMO, Sección: Una Segunda Opinión
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La relación entre nuestro país y los EEUU es en extremo compleja. Al sur tenemos a Guatemala y a Belice, países de los que no nos preocupamos, pero del otro lado, los norteamericanos son tema de todos los días.

Con pocos vecinos y uno de ellos la nación más poderosa de la tierra, es obvio que ella ocupe la mayor parte de nuestras reducidas labores diplomáticas.

Con los EEUU, se ha escrito, tenemos un trato difícil, lleno de contrastes, que al mismo tiempo los odia y los ama. Los aman, realmente mucho, quienes emigran a ese país en busca de trabajo. Los odian, severamente, quienes encuentran en ese país la explicación de todos los males que suceden en el mundo. S

in embargo, creo, la actitud que prevalece en promedio es la de una actitud negativa hacia EEUU, un poco al estilo machista de querer tirarle al grandote y sentir con ello alegría.

En esta segunda opinión quiero agregar un punto que no he visto tratar a esa relación con los Estados Unidos. Hay quienes piensan que coincidir con las opiniones de EEUU es igual a someterse a los intereses americanos.

Pongo un ejemplo del 2001: después de los atentados del 11/9, la acción más lógica para México y cualquier otro país, hubiera sido el envío inmediato de un mensaje de condolencia y solidaridad, condenando los actos.

Pero, para muchos, el envío de ese mensaje de simple sentido común equivalía a someterse.

Lo que digo es que coincidir en algo, acordar en alguna cosa, con los EU no significa que estamos sometidos a sus intereses. Eso lo puede creer solamente quienes tienen un muy escaso talento. Digo, porque quienes padecen el síntoma de la sumisión , estarían dispuestos a decir que dos más dos no son cuatro, si es que eso lo afirma el gobierno americano.

En otras palabras, oponerse por oponerse a las ideas de los EEUU no tiene sentido. Más aún, hacer eso por sistema conduce a México a errores. Digo, porque cabe la posibilidad de que ese país tenga la razón en algo.

La cosa se pone peor cuando se ven las consecuencias de la oposición ciega de la diplomacia mexicana. Pongo otro ejemplo: no apoyar a los americanos en la lucha contra el terrorismo equivale a adoptar una posición que fácilmente puede caer en apoyo al terrorismo o neutralidad ante él, que es lo mismo.

Visto de otra manera, la diplomacia manejada así resulta en extremo primitiva, pues está definida por los EU de la siguiente manera: de lo que digan los EU nosotros tenemos la posición contraria. Eso no puede llamarse diplomacia sensata, aunque sí pueda ser calificada de machismo miope, o diplomacia a la José Alfredo Jiménez.

Es por estas razones tan folclóricas que un embajador que dice que para los EEUU somos su traspatio resulta aplaudido por quienes piensan que la política mexicana tiene como misión central gritarle al grandote porque eso supuestamente significa independencia.

Tenemos, entonces, una relación que es patológicamente notable con ese país, al prevalecer la idea de que por principio debemos estar en contra de los EU. Mi punto es que esa es una política equivocada pues está guiada en hacer lo contrario que hace el otro.

Y digo que es equivocada esa política porque lo que el otro hace puede ser lo correcto, pero sobre todo porque el hacer lo contrario del otro no es un criterio inteligente para manejo de la política exterior mexicana.

De hecho es una política exterior que lastima al país, pues impide el uso de opciones y acuerdos, justamente con el país con el que más nos interesa tener buenas relaciones. Pero resulta que en vez de estar en oposición con la política internacional de Sri Lanka, lo que poco importaría, se nos ocurre estar por principio en contra de la diplomacia de EU.

Se necesita una muy escasa inteligencia para adoptar esa actitud.

En fin, todo mi punto es que estar por principio haciendo lo contrario que el otro, cierra las posibilidades de opciones más beneficiosas para México y nos coloca en posiciones ridículas. Estar de acuerdo con alguien no es ser su esclavo, ni someterse a sus mandatos.

Quien así lo cree, tiene una visión en extremo limitada. Creer que dos más dos son cuatro no es ser esclavo de las matemáticas, sino reconocer la realidad y reconocerla es un acto de inteligencia.

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