Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Costos Impuestos a Otros
Eduardo García Gaspar
2 mayo 2003
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


De seguro a usted le han pasado cosas como las siguientes.

Cansado, en un viaje aéreo, usted sube al avión pensando en dormir tranquilamente desde el despegue, para encontrarse que a dos asientos de usted un niño de brazos decide berrear durante todo el tiempo impidiendo su sueño.

Lo mismo, cuando el vecino decide hacer una fiesta que se prolonga hasta la madrugada y que a usted le impide dormir bien, lo que era su intención, porque al día siguiente tiene una reunión vital de negocios.

Estos dos casos tienen mucho en común con otro caso mucho menos analizado, el de los carros grandes y los carros pequeños.

Por ejemplo, una camioneta tipo Navigator y otras similares en tamaño imponen riesgos adicionales en, digamos, un Tsuru o un Volkswagen sedán. No es lo mismo chocar contra otro Tsuru que contra uno de los “tanques”.

Todos estos casos tienen en común la realidad que las acciones de unas personas imponen costos en otras, costos de muy diversos tamaños, pero que no son pagados por quienes los imponen. El punto es cómo tratar esos costos e integrarlos en las acciones de las personas para reducir su número o compensar de alguna manera a los que lo sufren.

Pongo un ejemplo, el de un vecino que sufrí hace varios años y que tenía la costumbre de escuchar música ranchera temprano por la mañana de los sábados, como a eso de las siete. El volumen era el suficiente como para despertar a las varias casas que colindaban con su jardín.

¿Cómo compensar esa molestia? El vecino podía haber seleccionado entre muchas opciones, como por ejemplo, pagarnos a los que éramos molestados una cierta cantidad al mes, a negociar entre todos.

No se ría, es razonable. Quizá yo hubiera aceptado esa molestia si me hubiera pagado el recibo de la luz. Igualmente quizá hubiera aceptado al bebé llorón en el avión si sus padres me hubieran ofrecido pagar un tercio de mi boleto de avión.

Sé que en principio estas propuestas suenan extrañas, pero créame que no lo son.

Es muy factible realizar esos intercambios y acuerdos entre personas, reparando los costos que las acciones de unos imponen en el resto.

Vea usted, por ejemplo, el costo que imponen sobre los demás algunas empresas camioneras que contratan a choferes que no saben conducir. Es perfectamente lógico que esas empresas compren seguros que compensen los costos de sus accidentes. El costo de esos seguros es el costo de los riesgos adicionales que imponen.

Con una ventaja, las aseguradoras estarán muy inclinadas a tomar medidas para reducir el número de accidentes, por ejemplo, elevando el costo de las primas de los seguros.

Otro caso común es el de los comercios y restaurantes que operan dentro de áreas residenciales. Por ejemplo, un restaurante que tiene a su alrededor casas particulares, las que sufren el costo de mayor tráfico en su calle, menos lugares de estacionamiento y el ruido de las personas que salen del restaurante.

¿Cómo compensar a los vecinos por esos costos? El restaurante puede tener ideas como darles un descuento importante a los vecinos en las comidas que sirve, puede incluso pagarles una cantidad mensual variable dependiendo de sus ventas, organizar el día del vecino con comidas gratuitas, o cualquier otra cosa.

Mi punto es doble.

Primero, reconocer que existen costos que imponemos a otros y que no pagamos, lo que es un incentivo a realizar actos de ese tipo. Si costara más llevar a infantes llorones en los aviones, habría menos infantes de ese tipo.

Segundo, que existen maneras de cubrir esos costos, como el pagar por realizar esas acciones a los afectados. El vecino que hace una fiesta ruidosa, puede regalar a sus vecinos una botella de whisky o tener alguna cortesía de ese tipo.

Todas nuestras acciones tienen costos y si no integramos todos esos costos en nuestras actividades estaremos realizando actos por los que no pagamos lo que debiéramos.

Por cierto, esto es exactamente lo que hace una planta que contamina o un camión que tiene emisiones sucias. Si no pagan por eso, no tendrán un incentivo para reducir esas acciones.

Porque después de todo hacer una fiesta ruidosa también tiene el costo de mantener despiertos a los vecinos que no fueron invitados y por eso se debe pagar algo.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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