Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Desencanto Democrático
Eduardo García Gaspar
11 noviembre 2003
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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La visión que predomina ahora es la que narra día a día los atolladeros en el poder legislativo, y esto produce un panorama limitado de lo que está realmente detrás de esas carencias de consenso para sacar reformas necesarias para México.

Tal vez quiera usted acompañarme para ver más adentro este asunto. Y comienzo por lo más obvio.

Cuando se pide que todos los representantes de un partido se pongan de acuerdo para votar una reforma, la que sea, eso supone una violación del papel del legislador como representante del ciudadano.

Si todos los diputados de un partido deben estar de acuerdo en una posición y votar igual, por definición ellos se tornan representantes del partido y no del ciudadano.

Más aún, si se busca ese consenso partidista para votar propuestas de reformas, los legisladores salen sobrando, pues solo se necesitaría un representante por partido, cada uno con el número de votos que su partido tiene proporcionalmente.

Igual que en una asamblea de accionistas de una empresa, donde una solo de ellos puede tener el 51 por ciento.

No necesito decir que eso es equivocado precisamente por volver al poder legislativo un órgano representante de los partidos y no de los ciudadanos. La distorsión es seria y tan grande que no alcanza a verse con facilidad. Pero hay más.

Los embrollos que atoran esa búsqueda patológica de consensos partidistas también detienen la marcha diaria de los asuntos de los ciudadanos, lo que fácilmente puede verse en el índice de la bolsa mexicana y la cotización del peso.

No se ve con claridad, pero también afecta al más pequeño de los ciudadanos, el que sufre el ambiente de espera e incertidumbre que causa la incertidumbre de medidas legales inciertas. El progreso no se da en ambientes inseguros y dudosos.

Sin embargo, los ciudadanos no pueden darse el lujo que los legisladores tienen para detener sus acuerdos. Los ciudadanos deben seguir trabajando y eso ocasiona una situación de desfase entre los legisladores y los ciudadanos.

Los legisladores se quedan quietos, pero los ciudadanos siguen. Si el desfase se hace demasiado grande, la brecha ocasionará tal reacción en los ciudadanos que ellos mismos verán como deseable a otro gobierno, el que sea, que evite esas incertidumbres. Y podrán llegar a desear la solución expedita que es un gobierno no democrático.

Este es un peligro real, especialmente para una ciudadanía como la mexicana acostumbrada al presidencialismo fuerte que hacía cosas con poder excesivo, aunque no fueran buenas.

Este sentimiento, además, es un terreno fértil para el demagogo, el que creará con simpleza popularidad personal usando promesas irreales y demagógicas que serán gran atractivo para los ciudadanos desesperados ante el panorama de un gobierno que se ha estancado y paralizado.

Mi punto aquí es obvio, aunque escasamente mencionado. La enferma búsqueda de acuerdos absolutos de los partidos para votar en bloque, no únicamente va en contra del papel constitucional del legislador, también engendra un ambiente peligroso que hace posible una posibilidad populista y no democrática. Las razones de esta parálisis gubernamental son obvias.

Señalo dos. Una es la mentalidad electorera de los partidos, cuyas decisiones tienen como principal criterio la victoria de su partido en las siguientes elecciones. Es decir, el interés partidista se coloca por encima del interés del ciudadano.

La otra ha sido señalada también varias veces por muchos y da vergüenza: los legisladores en su mayoría no tienen los conocimientos, ni la educación, ni la experiencia para hacer eso para lo que fueron elegidos, hacer leyes.

Y, por último, lo lógico. Los escenarios probables futuros son el de reformas que no pasan y la situación se queda igual que antes.

O, lo que puede ser peor, las reformas que pasan son tan malas que producen situaciones peores a ésas que trataban de remediar. Ambos escenarios significan retrasos en la modernización de México, es decir, más pobreza. El remedio de fondo para el largo plazo es poner filtros al tipo de gente que puede ser legislador y permitir su reelección. Para el corto plazo: rezar.

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