Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Diplomacia y Aguilar Z
Eduardo García Gaspar
3 noviembre 2003
Sección: DIPLOMACIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Quizá le pase a usted lo mismo que a mí. El asunto del embajador mexicano en la ONU y su renuncia me parece tan sencillo que no veo necesidad de dedicarle tanto tiempo de análisis y de opiniones.

Cuando usted tiene un puesto de representación de un gobierno, usted acepta la misión de representar los intereses de ese país fuera de sus fronteras, como lo han hecho todos los diplomáticos de todos los tiempos.

Se les paga por hacer eso y hacerlo bien.

El buen diplomático es perspicaz, bien hablado, fino, vivaz, sutil; no puede ser él un tipo grosero, rústico, de vocabulario limitado, ríspido. Más aún, ejerce una representación de su país y a ella se dedica noche y día.

No es difícil de entender eso, aunque obviamente es difícil de hacer. Por eso, cuando un diplomático habla o hace cosas contrarias a su responsabilidad, y lo hace intencionalmente, él deja de gozar de la confianza que se le tenía y no puede ser ya representante de su país.

Él rompió con su misión, igual que un empleado que ha desobedecido deliberadamente una orden de su superior. Eso hizo Aguilar Z. y su despido no tiene la menor razón de ser puesto en tela de juicio.

Se tornó un tipo en el que no se puede confiar para desarrollar su misión como representante del país. Su despido es igual de justificado que el del empleado que ha robado. Aunque eso es claro, los comentarios alrededor del hecho tienen buena dosis de interés para ser analizados brevemente.

Hubo, por ejemplo, quienes alegaron que lo que dijo es cierto, que somos el traspatio de EU, es la verdad. Si lo somos o no, eso es irrelevante y no se espera que sea mencionado por un embajador, pues lastima al país.

Tampoco puede alegarse que ejerció la libertad de expresión, pues no es él un periodista; lo que hizo Aguilar es lo mismo que puede realizar un empleado de una empresa que revela información confidencial de ella.

De un embajador no se puede esperar que diga lo que él piensa en lo personal, pues la esencia de su puesto es representar los intereses de un país, jamán los suyos propios.

Lo que me lleva a mencionar un aspecto muy poco analizado en este asunto: el tremendo egoísmo que llevó a Aguilar Z. a poner sus intereses por encima de los del país. Quiso salir él beneficiado, aunque el dañado fuera el país en sus relaciones con el país que más nos interesa.

Eso es egoísmo directo, pernicioso, de la más pura miopía y muy característico del gobernante mexicano que suele consistentemente preferir su bien personal y el de su partido al del país.

Otro de los aspectos que rodean este incidente es una visión muy común en México, la de la diplomacia a la José Alfredo Jiménez, llena de miopía y de irresponsabilidad. Buena parte de la mentalidad de los que defienden lo que él dijo, lo hace porque se refirió a los EEUU y no a otro país.

Si hubiera culpado a Francia de ver a México como su traspatio, habría habido rasgaduras de vestiduras por parte de los intelectuales mexicanos. Pero como se refirió a los EU, el enemigo inventado de la diplomacia mexicana, esas palabras de Aguilar Z. son las buenas.

La verdad es que es irrelevante a qué país se refería ese embajador, el asunto se refiere a haber roto la confianza que en él había sido depositada para ejercer una misión que él había aceptado voluntariamente.

Parte vital de lo que se esperaba de él era no insultar a los países con los que México tiene relaciones. Hace poco, Fernando Canales, Secretario de Economía, se refirió a China como un país sin democracia y sin libertades, lo que le valió una andanada de críticas de muchos, incluyendo a algunos que ahora alaban a Aguilar Z, por hacer lo mismo con otro país, insultarlo.

No parece que hay simetría en la opinión expresada para ambos. Yo, por mi parte, me quedo con una impresión.

Los gobernantes mexicanos padecen un severo calvario de egoísmo malsano que antepone sus propios intereses personales a los de cualquier beneficio que el país pueda tener. Aguilar Z. no es más que uno de ellos, uno de los menos importantes y de menor trascendencia. Los demás, los más importantes, están activos, vivos y dando coletazos.

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