Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Caballo Muerto
Eduardo García Gaspar
30 marzo 2003
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Las filosofías rancheras tienen la gran virtud de hablar directamente, con palabras que todos entienden y verdades que a muchos incomodan.

La refinada administración de nuestros días haría bien en poner más atención en esas maneras de pensar que en sistemas que tratan de ocultar la realidad. Un ejemplo de esto.

Un buen amigo mandó a esta columna una serie de ideas aplicables a la administración y que vienen de los indios Dakota.

Como buena filosofía pedestre, ella está basada en una idea muy lógica: cuando se da uno cuenta de que el caballo en el que uno monta está muerto, lo mejor que se puede hacer es bajarse del caballo.

Suena lógico y es irrefutable, pero no siempre sucede. Piense usted en los casos de caballos muertos que tienen los negocios. Empresas que ya no caminan, productos que ya no andan, personal que se ha recostado y no se mueve.

La primera reacción de la administración es humana, negar que ha habido un deceso y bajo esa negación iniciar una serie de medidas que intentan levantar el caballo. E

l director general puede sugerir usar un fuete más fuerte, a ver si el caballo se levanta. O puede ser que él decida hacer otra cosa, echarle la culpa al jinete y nombrar a otro para que monte el caballo para ver si se levanta el muerto.

Los remedios siguen con otra posibilidad, la amenaza de deshacerse del caballo, que es más o menos creer que el muerto lo puede oír y que se puede vender como si fuera un campeón de carreras.

Hay más cosas que se pueden hacer con un caballo muerto. Una de las más hermosas es viajar a otras partes y gozar de esas visitas turísticas conversando con personas a las que se les intenta sacar el secreto de cómo montan en ese país a los caballos muertos.

O incluso, el director general y su plana mayor pueden hacer algo más humanista al declarar que el caballo muerto en realidad no está muerto, sin que está en una posición de invalidez, que lo hace algo especial para ser atendido.

Otro remedio es uno que también he vivido, muy recientemente.

La empresa contrata a un consultor con el objeto de que ese asesor les lleve ideas para aligerar el caballo y que éste se levante. Ideas como quitarle peso cortando una de las patas, con el estudio de productividad consecuente que medirá la velocidad potencial de un caballo muerto que corre con tres patas.

El asunto se ve más interesante cuando en la empresa existen varios caballos muertos que son fusionados en una unidad de negocios a la que se le asigna un centro de utilidad y su presupuesto correspondiente.

La teoría detrás de esto es creer que varios caballos muertos van a funcionar mejor en grupo que solos. Los más románticos escriben, no esquelas, sino visiones de negocio para el caballo muerto.

Y, desde luego, no faltan remedios como aceptar que al no comer el caballo éste será un centro de utilidades, o promoverlo a una posición más alta. Una de las más grandes virtudes de la administración de cualquier empresa es la humildad de reconocer errores, aceptarlos, declarar muerto al caballo y atender a los vivos.

Pero la humildad en la administración no es común. De allí que ella prefiera cegarse e inventar maneras de cómo convencerse de que el caballo muerto no está muerto.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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