Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Zapatero y sus Zapatos
Eduardo García Gaspar
29 abril 2003
Sección: Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Recientemente hubo una serie de reclamaciones que emitieron varios obispos católicos acerca del gobierno mexicano.

Los comentarios de los obispos fueron críticos y se referían en lo general a lo que llamamos proyecto de nación.

La verdad es que poco importa el contenido de los comentarios realizados ni las respuestas dadas por el gobierno.

La situación esencial es la que importa y ella es la realidad de una iglesia entrando a la política. Para comprender que eso es erróneo, no hace falta mucho más que ver la misión tan diferente que tienen esas dos instituciones, el gobierno y la iglesia (la que sea).

Un gobierno, por definición, atiende asuntos terrenales y su mira está puesta en el bienestar material de la población proveyendo bases legales y de seguridad para los ciudadanos.

Las iglesias hacen otra cosa, pues ellas en su esencia están destinadas a los asuntos celestiales, con la mira puesta en la salvación de las almas de sus creyentes.

La diferencia es abismal. Sin embargo, existen puntos de contacto importantes, como es la imposibilidad real de que exista contradicción entre las reglas esenciales de ambos. Las leyes del gobierno y los mandamientos de las iglesias deben coincidir en su base.

Una iglesia que predique la salvación por medio del robo y el asesinato, por ejemplo, estará en plena violación de las leyes terrenales. Mientras esa contradicción no exista, no hay problemas, lo que de hecho es el caso más común en Occidente, donde los Mandamientos Cristianos y las leyes coinciden en prácticamente todo.

Vayamos ahora a la invasión de áreas. Digamos que un gobierno interviene declarando que sólo una de las iglesias es la verdadera. Esta sería una posición tonta, de intromisión en terrenos ajenos a la experiencia y conocimiento gubernamental.

Lo opuesto igualmente debe ser cierto, el caso de una iglesia que declara que cierta política económica es la verdadera. Tampoco eso es admisible ante esa división de responsabilidades.

Desde luego, hay casos extremos. Si una iglesia decide hacer ritos con sacrificios humanos, entonces el gobierno deberá imponer la ley que castiga los asesinatos.

Igualmente, si un gobierno declara ilegal las ceremonias religiosas, las iglesias deben protestar esa violación de las libertades y derechos. Pero, y este es un gran pero, fuera de eso la mejor opción es concentrase en la misión de cada institución.

¿Qué más importante misión existe que la de la salvación de las almas?

No creo que haya ninguna y, a pesar de eso, ella es descuidada cuando alguna iglesia entra a terrenos que no le son propios. Ese desperdicio es inevitable, pues parte del tiempo que debía dedicar a la prédica es dedicado a la crítica política, un terreno, además, en el que el conocimiento y la experiencia de las iglesias no es aceptable.

En lugar de hablar de los Mandamientos hablan de proyecto de nación y, peor aún, algunos religiosos hablan de Marx en lugar de hablar de Jesucristo.

Un ministro religioso está allí para hablarnos de los Mandamientos, de las virtudes, del Sermón de la Montaña, de los sacramentos, de todo eso que hace que las personas sepan diferenciar entre lo que pueden hacer y lo que deben hacer.

Los ministros religiosos, sin duda alguna, son herederos de la misión de los apóstoles para llevar la palabra de Dios y no su preferencia económica, ni sus opiniones sobre el proyecto de nación.

Nada hay más precioso en esta vida que un sacerdote que va al fondo de nuestro corazón y nos mueve a ver el gran panorama de una vida terrenal corta que es causa de nuestra salvación o condena.

Esa es su razón de ser y mucho me temo que cometen un grave error al descuidar el tiempo que tienen para hablar de política, cuando ese tiempo podría dedicarse a lo que realmente importa, que es la salvación de las almas.

Es una cuestión sencilla. Zapatero a tus zapatos. Porque después de todo, si quiero saber de economía y política, puedo leer a Montesquieu, a Tocqueville, a Mises y a muchos otros, pero si quiero salvar mi alma necesito a alguien que me lleve de la mano a través de la Biblia y los Evangelios.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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