Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Esos Evangelios
Eduardo García Gaspar
7 octubre 2003
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Los Evangelios, sin duda, son la literatura más impresionante que jamás se haya escrito, lo que me parece muy obvio pues ellos vienen de Dios.

Sin embargo, al mismo tiempo, me parecen la literatura más desperdiciada que existe.

Allí está, en blanco y negro, el mensaje más grande que jamás haya recibido el ser humano, pero ese aviso de Dios no llega como debiera llegar. La razón de esto, me parece, es múltiple.

Está la explicación de la escasísima afición por la lectura en México como una de las causas.

Pero déjeme poner el énfasis en otra de esas causas, que en mi experiencia es la muy rara habilidad de los sacerdotes para llevar a los fieles el mensaje evangélico. Me refiero, dada mi religión, a los sacerdotes católicos.

Los buenos sermones, las homilías que dejen huella, son la excepción, cuando deberían ser la regla. Pongo un ejemplo concreto para explicarme mejor.

La semana XXIII del tiempo ordinario de este año tuvo un evangelio de San Marcos (7, 31-37), que narra con sencillez maravillosa, la historia del sordo y tartamudo que llevaron ante Jesucristo.

Le suplicaban impusiera sobre él sus manos. Luego,

“Él lo apartó a un lado de la gente, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Después, mirando al cielo, suspiró y le dijo ‘¡Ábrete!’. Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y empezó a hablar con claridad”.

Una de las varias posibilidades para comentar acerca de este Evangelio es ese milagro. El sordo pudo oír. El tartamudo pudo hablar. Me imagino que se puede reflexionar sobre lo que la palabra de Dios puede hacer en nosotros, quitándonos la sordera a la palabra Divina y dándonos el don del habla para llevar ese mensaje a otros.

En fin, veo un mensaje rico en posibilidades de dejar huella en los fieles. Y, sin embargo, desafortunadamente el sacerdote falló.

Habló en esa misa más de quince minutos sin que yo pueda mencionar ahora nada de lo que él dijo, pues se perdió en diversas ideas, sin que ninguna de ellas pudiera ser recordada.

Y eso es una gran pena, pues los Evangelios no llegan hasta el fiel que asiste a misa. El domingo anterior a ése, hubo otra lectura que es impresionante.

La de san Marcos que dice en parte lo siguiente.

“Después llamó Jesús a la gente y les dijo: ‘Escúchenme todos y entiéndanme. Nada que entre de fuera puede manchar al hombre; lo que sí lo mancha es lo que sale de dentro; porque del corazón del hombre salen las intenciones malas, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las injusticias, los fraudes, el desenfreno, las envidias, la difamación, el orgullo y la frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y manchan al hombre’”.

Es una idea portentosa que hace del hombre el origen del mal (y por oposición también del bien). Lo externo no nos mancha. Es lo que está dentro de nosotros lo que nos ensucia o limpia.

Eso pone sobre el hombre la responsabilidad del mal o del bien realizados, pues viene de dentro, de nuestros actos, de nuestras decisiones.

La larga lista de actos malos, me parece, es usada por Jesucristo para decirnos que no hay excepciones, que todo lo malo sale del hombre.

En fin, vuelvo a mi punto. Otro gran mensaje del Evangelio y otro gran desperdicio en una homilía perdida en diversas ideas expuestas con escaso atractivo en demasiado tiempo.

Ahora, después de la crítica, debe intentarse una explicación del por qué de esa situación. Sin conocer de primera mano los cursos de los seminarios, no puedo sino especular al respecto. Con esta salvedad, me parece razonable decir lo siguiente.

Es probable que en los seminarios no se otorgue instrucción sobre la técnica para realizar homilías de calidad. O que si se da esa instrucción, ella es mala. Y todo esto, la verdad, me desespera más que cualquier otra cosa. Allí está el más grande mensaje de todos los tiempos y él está siendo desperdiciado cada domingo.

La situación me parece grave porque la religión es una fuente principal de guías morales de conducta, aún para los no religiosos. Y una fuente de comunicación acerca de la moral está teniendo fallas en su comunicación.

No es lo efectiva que pudiera ser. La sencilla mejora de la efectividad de la comunicación de las homilías haría de la nuestra una mejor sociedad, sean o no católicos.

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