Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Galileo, Pero al Revés
Eduardo García Gaspar
14 julio 2003
Sección: CIENCIA, ECOLOGIA, Sección: Una Segunda Opinión
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Uno de los peligros que tenemos en esta época, es la conversión de la Ecología en una religión.

Naciendo como una ciencia en la que se manejan estudios, pruebas e investigaciones, más hipótesis y comprobaciones, es desafortunado que la Ecología haya adquirido ya rasgos distintivos de fanatismo, que la han llevado a ser parte de una teología verde.

Lo que no se quiere examinar científicamente ha sido llevado a nivel de dogma.

Uno de los síntomas de esta conversión religiosa está en una nota de un periódico de California, Mercury News de San Diego. Un artículo que usted puede encontrar en la RED, del 21 de junio, trata el tema con los detalles de esa localidad. Usted puede consultarlos, por lo que no los repetiré.

La esencia de lo allí reportado es una tendencia de grupos religiosos de diferentes denominaciones a convertir los principios del cuidado del medio ambiente en misiones religiosas.

Por ejemplo, considerando faltas serias el manejo de automóviles grandes, en una campaña que tiene la frase de “¿Qué carro manejaría Jesucristo?”.

Las declaraciones de los ministros religiosos afirman que la asistencia a sus templos se ha elevado por causa de predicar ese cuidado del medio ambiente.

El tema, creo, merece una segunda opinión, dada con la mayor racionalidad posible en este espacio. Parto de lo que es lo más sencillo de aceptar, la Ecología es ante todo una ciencia igual que el resto, con adelantos, descubrimientos, rechazo de hipótesis que no sirven, aceptación de nuevos datos.

Esta esencia de descubrimientos e interpretaciones, propia de la ciencia, no se presta para ser convertida en dogma, pues los dogmas son inmutables y fijos. Por esto es que muy claramente existe una división muy clara entre ciencia y religión.

El caso de Galileo y los severos extrañamientos que le hizo el Papado vienen a cuento. Lo que narra ese reportaje es lo mismo, pero al revés.

Galileo personificó a la ciencia, incluso cuando ella presentaba casos contrarios a las creencias comunes. La ciencia peleaba su independencia. Pero ahora, la Ecología no lucha por esa independencia sino que renuncia a ella y se quiere convertir en religión.

Esto, desde luego, tiene un peligro serio, pues los avances en la Ecología estarán en conflicto con los dogmas establecidos. Se está desarrollando, por tanto, una situación profundamente indeseable que podrá causar daños severos al medio ambiente, si es que los dogmas ecológicos no dejan avanzar a la ciencia ecológica.

Pero hay otro aspecto que es también preocupante y que un miembro de Acton Institute mencionó con mucho sentido, “no creo que el hecho de reciclar te lleve al cielo”.

No es que esté mal el cuidar el medio ambiente, porque después de todo el cuidado del medio ambiente es un deber religioso. Pero sí es erróneo el hacer de la ecología un pilar que sostenga a una religión. Las religiones que creen en la existencia de almas inmortales tienen claramente una misión, la de salvar a esas almas en el mundo futuro.

Todo está subordinado a esa sagrada misión. Usar un cierto tipo de auto, tener paneles solares, separar la basura, no son maneras de perdonar pecados. La religión, por tanto, sufre una distorsión de su misión por culpa del énfasis en la ecología. Digo que una situación por demás interesante.

La Ecología que es una rama muy importante del saber, con serias repercusiones sobre la vida de las personas, está siendo severamente atacada por negarse a reconocer lo que es, una ciencia. Negando su naturaleza claramente científica, esta ciencia está andando los caminos de la religión, con lo que daña a la religión.

No hay más remedio, mucho me temo, que considerar perniciosos estos sucesos. La humanidad sale afectada por las dificultades de avance de una ciencia y por las distorsiones que afectan la misión de la religión.

No es algo que deba tomarse a la ligera. El cuidado del medio ambiente es un cuestión seria, de profundas repercusiones, que merece nuestra atención.

De infinita mayor importancia es la religión, la que entre nuestras obligaciones nos manda el cuidado de la Creación. En fin, este fenómeno de Galileo al revés es algo en verdad serio.

Cuando la ciencia se quiere convertir en religión, eso es tan equivocado como cuando la religión se quiere convertir en ciencia.

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