Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Grandes Expectativas
Eduardo García Gaspar
9 junio 2003
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Hay un libro que se llama El Camino de la Servidumbre (The Road to Serfdom), de un economista, F. A. Hayek, que debería ser obra de consulta continua para gobernantes y gobernados.

Recientemente, el libro fue objeto de un artículo del editor de Ideas on Liberty que se puede consultar en Internet. Inspirado en eso, le comento lo siguiente.

Los consensos de detalle son más difíciles de lograr que los consensos generales. Esto parece tonto, pero fíjese bien.

Será fácil acordar que las acciones de la autoridad deben facilitar la consecución del bien común, pero será muy difícil poner a todos de acuerdo en los detalles de cómo eso se va a lograr.

Esto es igual que cuando varios amigos se ponen de acuerdo en salir de viaje juntos a divertirse. Para ese objetivo no habrá desacuerdos, pero en los detalles de a dónde y en qué fechas, los acuerdos serán escasos.

Ahora apliquemos eso al caso de nuestros legisladores. Es probable que se pongan de acuerdo en cosas generales y en cosas irrelevantes, porque allí es sencillo hacerlo.

Pero el asunto de complica terriblemente cuando se adentran los legisladores en los detalles o en cosas que piensan son trascendentes.

La falta de leyes con reformas fiscales, laborales, bancarias y demás es una prueba de este fenómeno. La cosa se complica en México notablemente porque existen 200 diputados que representan a su partido y no a los ciudadanos, más 64 senadores que hacen lo mismo.

El punto es que si exigimos que en todo asunto debe existir mayoría de acuerdos, eso es como una superstición que tiene semillas totalitarias, dice Hayek.

Los acuerdos estancados en las cámaras, pueden ocasionar que se produzca cansancio y desesperación en los ciudadanos, quienes estarán así predispuestos a aceptar con más facilidad que predomine la acción por encima de los acuerdos.

Todo, porque las cámaras ante los ciudadanos son incapaces de llegar a acuerdos y crean así obstáculos para la acción.

Esta es una semilla totalitaria, sembrada en la mente ciudadana, la que comenzará a ver como más ventajosa la acción directa de alguien que actúa con fuerza, sin necesidad de acuerdos que nunca se alcanzan.

Eslóganes como el de “quítale el freno al cambio” tienen esa raíz, pues reclaman con viveza el síntoma de las dificultades: las cámaras son incapaces de llegar a acuerdos. Aunque no se dirigen a la causa del problema, que es la atención específica a detalles más que a las generalidades.

El problema se complica por el atractivo que esa situación tiene entre personas a las que atrae el poder, sobre las que él actúa como un afrodisíaco. Es obvio que la posibilidad de gobernar sin frenos será más atractiva para quien tiene ambiciones de poder por el poder mismo, que al gobernante convencido de las bondades democráticas.

En otras palabras, el fracaso en la labor que ha sido confiada a los diputados y senadores siembra semillas totalitarias en el ciudadano y hace más probable el surgimiento de gobernantes totalitarios. El asunto se complica por otra razón peculiar.

El artículo 55 de la Constitución Mexicana no exige preparación alguna para ser diputado. Basta se mexicano por nacimiento, tener 21 años, ser originario del Estado o vivir en él y prácticamente ya, sin educación alguna todos pueden ser diputados, aunque no tengan la más mínima de las preparaciones.

Para los senadores es igual, excepto que la edad debe ser de 25 años. No sorprende por tanto, que haya atolladeros en las cámaras: gente sin preparación discutiendo detalles.

Le digo, los sucesos mexicanos, por originales que nos puedan parecer, han sido tratados en obras como ésa, de Hayek, que no haríamos nada mal en volver más conocidas, especialmente entre los legisladores.

Porque si ellos son en realidad una muestra representativa de la población mexicana, de seguro están ellos más familiarizados con el Libro Vaquero que con el libro de Hayek.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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