Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Grandes Ideas
Eduardo García Gaspar
30 diciembre 2003
Sección: FAMOSOS, Sección: Una Segunda Opinión
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Una de mis quejas consistentes respecto a los gobiernos mexicanos es que, en nuestra historia, no hemos tenido gobernantes a los que se puedan llamar estadistas, es decir, gente que vea más allá de sus chatas narices.

Quizá entre los estadistas podamos colocar a Juárez, con sus ideas liberales; de cierto modo a Porfirio Díaz y alguno más reciente. Pocos estadistas y pocos buenos gobernantes.

No sé lo que exactamente establezca la diferencia entre un político, por definición mediocre, y un estadista, por definición excelente; pero creo que esa diferencia está en gran parte en el hecho de tener buenas ideas, ideas que ven más allá de la siguiente elección y de las ansias de ganarla.

Y si esto es cierto, podemos decir que las ideas buenas son el mayor tesoro que podemos producir los humanos. Las buenas ideas causan beneficios y viceversa, desde luego.

Por ser ésta una época muy adecuada para reflexionar, permítame compartir con usted una de las mejores frases que le leído en toda mi vida.

La autora de la frase es una mujer, sobre la que apenas he empezado a leer, pero que siempre me atrajo. Ella es Santa Teresa de Ávila, una escritora inagotable que en su libro “Exclamaciones” escribió algo verdaderamente eterno acerca de la libertad.

La frase a la que me refiero es ésta,

“¿Qué cautiverio más miserable que estar el alma suelta de la mano de su Creador?”.

Admirable el estilo de ese español tan rico y lleno de significado, que en unas pocas palabras es capaz de decirlo todo, más claramente que los más complicados escritos actuales.

Más aún, Santa Teresa se adelanta siglos, cuatro para ser más exactos, a esa idea que ahora consideramos vital: la libertad no es hacer lo que queremos, sino lo que debemos.

Teresa maneja esa noción con una paradoja brillante, pues dice que esclavitud no es el tener la mano agarrada de alguien, sino exactamente lo contrario: esclavitud es soltar la mano de Ése que nos ha creado.

Sujeción y avasallamiento es dejar de tener esa guía, esa mano Divina que nos lleva; esclavitud es estar alejado de Dios.

Con menos elegancia, Tocqueville, el brillante escritor del siglo 19, nos dejó la misma idea. La religión, las ideas religiosas, ponen un sano yugo sobre nuestra conducta. La libertad nos atrae haciéndonos pensar que podemos hacer lo que queramos, pero la religión nos recuerda que no todo lo debemos hacer.

Ambos ponen el dedo en la misma llaga, la terrible confusión que existe acerca de la libertad y que es comprensible, pues ella es una idea muy nueva en la historia de la humanidad.

Muy poco tiempo llevamos creyendo que la libertad existe y que ella es deseable como parte de nuestra esencia humana. Por eso es que la libertad, para muchos en la actualidad, es hacer lo que se desea, lo que a primeras causa placer, sin darse cuenta de cuánto más profunda es la libertad, la real libertad.

Con ser libre, puedo yo darme a excesos, a creer lo que se me antoje y a seguir mis más pequeñas inclinaciones. Pero eso es solo la mitad de la libertad la que incompleta, me lleva a la esclavitud de eso que hago, de los placeres que busco.

Lo que Teresa hace es inusitado, pues va en contra de lo que es aparente para todos, pero falso; igual que era aparente lo plano de la tierra. La libertad, nos hace ella ver, es hacer lo que se debe hacer, es la oportunidad de hacer la selección correcta.

Tomar la opción justa de entre las varias opciones que se nos ponen enfrente. Pero Teresa va más allá, mucho más allá.

Pone ella palabras como las de “¿Qué cautiverio más miserable..?” y define a ese cautiverio como el “estar el alma suelta de la mano de su Creador”.

Escasas palabras, pulcramente colocadas, revelan sin duda una inteligencia fuera de lo común, lo que me hace volver al inicio de esta columna, donde me quejé de insuficiencia de buenas ideas en nuestros gobernantes.

No pido a ellos que las creen. Pero sí les solicito que las conozcan, esas buenas ideas están allí, en los libros, muchos de ellos escritos hace siglos y muchos de ellos por gente como Teresa, dedicados a pensar, a deliberar sobre nuestra existencia.

No hay que buscar mucho, esos buenos libros están disponibles para quien los quiera leer, especialmente nuestros gobernantes, los que, estoy diciendo, dan la apariencia de tener una educación irrisoria.

Post Scriptum

La frase de Teresa es una paradoja y lleva irresistiblemente a G. K. Chesterton, con su libro Ortodoxia, una delicia de lectura que habla de eso, de las paradojas del Cristianismo.  Santa Teresa es la autora de esos versos: Nada te turbe, Nada te espante. Todo se pasa, Dios no se muda. La Paciencia, Todo lo alcanza. Quien a Dios tiene, Nada le falta. Sólo Dios basta.

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