Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Hacernos Felices
Eduardo García Gaspar
8 agosto 2003
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en:


Quizá tenga usted la misma impresión que yo. Tal vez no. Me parece que nuestros gobiernos han intentado hacernos felices.

Esto me parece muy marcado en las administraciones de Fox y de López Obrador allá en el DF. Sus mensajes contienen un fastidioso tono que me dice que ellos están a cargo de mi felicidad.

Me van a construir casas, me van a regalar dinero, me van a subsidiar la luz, me van a perdonar pagos atrasados de tenencias, me van a perdonar que salga a la calle blandiendo un arma.

No sería sorpresa que ellos y el resto de los gobernantes posean esa peregrina y primitiva idea de que la función de los gobiernos es la de hacer felices a sus ciudadanos. Muchos gobernadores piensan así, al igual que diputados y senadores.

El problema es que si se parte de una idea equivocada se van a cometer errores. Y esa idea es errónea.

Los gobiernos no pueden tener la función de lograr la felicidad de sus ciudadanos. No sólo es una idea soberbia y pretenciosa. También es una imposibilidad total.

A lo más que puede llegar un gobierno es a proveer algunas de las bases que hacen a nuestra vida más segura. Pero hasta allí. Si un gobierno quiere que mi vida sea un paraíso estoy seguro de que terminará volviéndola un infierno.

Veamos las razones de esto. Ya dije que es una idea de un ser soberbio, pero hay más.

Cuando un gobierno piensa que su función es darnos la felicidad por lógica necesaria eso presupone que la autoridad tiene un conocimiento fiel de lo que cada persona considera que es la felicidad.

Es decir, en alguna oficina gubernamental deben existir más de 100 millones de archivos, cada uno con la definición completa de la felicidad de cada mexicano. Eso tiene que ser así, porque cada ser humano tienen su propia definición de felicidad.

Mi idea de leer libros de economía, religión, política y otros más, oyendo música de Mozart puede ser un infierno para muchos otros, y al revés.

Es decir, si no existe esa información individualizada de felicidad en alguna oficina burocrática lo que va a suceder es lo obvio: alguien va a imponer en los demás su idea de felicidad y no la nuestra.

Por ejemplo, a los empleados se les impuso la supuesta felicidad de contar con el IMSS, cuando muchos de ellos hubieran preferido usar ese dinero para otras cosas diferentes, como pagar servicios privados de medicina (que por esa razón han tenido un crecimiento alterado).

Es obvio que ese archivo individualizado de felicidades no existe. Pero además es imposible que exista, pues tendría que ser modificado a diario según nuestros cambios de opiniones.

Mi idea de felicidad personal no es la misma a los veinte años que a los cincuenta. La cosa se pone peor cuando se considera el efecto anulatorio de la voluntad personal que eso causa.

Cuando un gobierno sustituye a la persona y define lo que él quiere, la energía personal se apaga. Un ser humano es por definición un ser pensante, por tonto que sea.

Quitarle el poder de decidir es quitarle su esencia humana. Cuando yo le dicto a otro lo que su felicidad personal debe ser, eso le hace perder la otra parte de su humanidad, la responsabilidad. Esto explica en parte el fracaso del socialismo por su incapacidad de aprovechar la iniciativa humana.

Por mi parte, les mando un mensaje a mis gobernantes. Déjenme ser libre, déjenme decidir por mi mismo y cometer errores y aprender de ellos.

Quiero ser yo quien decida cómo gastar mi dinero y en qué trabajar. No quiero que decidan por mí gastando mi dinero en obras de caridad que yo puedo hacer. No quiero que con mi dinero financien partidos políticos por los que nunca votaré.

Mi felicidad es mi propia decisión y no la de ustedes.

Todo lo que les pido es que hagan lo que deben hacer y eso es cuidar mis derechos y mis propiedades contra quienes me amenacen y que si tuviera que hacer trámites ellos fueran los absolutamente mínimos.

Les pido que hagan pocas leyes y muy simples, que todos entendamos; que tengan tribunales confiables y honestos.

Y que castiguen a quien viola esas leyes simples; que si alguien mata sea castigado, que si alguien cierra una calle protestando por lo que sea, igualmente sea castigado. Del resto me encargo yo.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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