Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Humor Involuntario
Eduardo García Gaspar
16 mayo 2003
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Me encontré con una noticia de lo más llamativa. Apareció casi oculta, en una página interior de un periódico hace unos días.

Esa noticia hablaba de una actriz de telenovelas, cuyo nombre es lo de menos y que había sido reclutada por el Partido Verde para ser candidata a diputada federal suplente en estas elecciones.

Eso, desde luego, nada tiene de sorprendente, aunque mucho de ridículo, al mostrar cómo se apoderó de los partidos el ansia popular antes que el saber político. Lo gracioso del asunto radica en los motivos por los que la actriz ha aceptado esa propuesta de ese partido.

Dijo ella que sí, porque considera que los jóvenes deben tener voz y voto dentro de la política nacional.

¡Ay! Tal vez ella ignore que los jóvenes sí tienen voz y voto, pues votan desde los 18 años y dada la estructura de la población en el país, los segmentos jóvenes tienen el mayor peso electoral.

Para que los jóvenes sean escuchados no se necesita de ella, la verdad, a menos que ella desee hacer que sean escuchadas las artistas de telenovelas, como ella.

Lo que dijo a continuación es digno de ser citado. La noticia reportó textualmente sus palabras,

“Tengo un amigo… es un chavo muy inteligente, muy brillante, tiene muy buenas ideas políticas, tiene muchas ambiciones, igual que cualquier ciudadano decimos que no somos políticos, decimos que somos ciudadanos, en realidad así es, de pronto también tener la oportunidad de llevar la voz del pueblo, la voz cantante, la que opina… los jóvenes creen que no cuenta la opinión del joven porque es inexperto… queremos proponer que los jóvenes tenemos muchas nuevas ideas”.

Veamos eso con calma.

Primero, está el ansia de ser representante de algo, en este caso de los jóvenes, lo que se presupone sólo puede ser realizado por un joven, el que sea. Este es un error serio, pues los diputados son representantes generales de sus distritos y no de grupos de personas.

Las diputaciones son de territorios no de segmentos y si se quiere hacer por segmentos, entonces tendría que cambiarse la Constitución.

Segundo, no se puede aceptar que quien no es de un grupo social no lo puede representar, porque entonces una diputada no podría representar a los hombres de su distrito, ni a los niños, ni a los estudiantes, ni a las amas de casa.

Esta falla en el razonamiento de la actriz no es privativo de ella, sino un error común en las ideas políticas de muchos partidos.

Tercero, dice ella que no es política sino ciudadana. Bueno, pues hay que comunicarle a la muchacha que para ser diputado se necesita ser político y proponer cosas que las personas votan, incluyendo sus colegas y, desde luego, los ciudadanos.

Ser actriz de telenovela no es garantía de llegar a ser un buen diputado, a menos que ella tenga también profundos conocimientos de leyes, economía y política. Lo menos que se le puede pedir es un diploma de estudios profesionales.

Y, finalmente, hay que aceptar de una vez por todas que el ser joven no es algo que en sí mismo sea un requisito indispensable para ser un buen diputado. De hecho, la juventud está asociada con la inexperiencia y la falta de conocimientos. No se necesita ser joven, ni tampoco se necesita ser viejo, ni ser mujer, ni ser hombre para ocupar puestos de representación popular.

Lo que se requiere es ser inteligente y ser responsable. Hacer leyes es un arte que requiere grandes conocimientos legales y haber leído bastante, por no mencionar el estar razonablemente al día sobre los sucesos del mundo.

En lo personal, si esta actriz me demuestra que sabe quién es Beccaria, que ha leído siquiera una vez a Tocqueville, que ha oído siquiera mencionar a John Locke, quizá le dé el beneficio de la duda en cuanto a su capacidad.

Ahora bien, lo importante no es la inocente candidatura de esa actriz, sino otra cosa que sí es vital.

Como una segunda opinión, lo que mucho me temo es que los partidos políticos estén sucumbiendo a la peor de todas las recetas del marketing político, que es el buscar la popularidad a toda costa seleccionado a las personas más célebres e inocentes que pueden encontrar, pero que no tienen la menor idea que para gobernar se requieren conocimientos, experiencias y habilidades que seguramente esas personas no tienen.

Si esto sigue, tendremos representantes muy famosos en las Cámaras, muy famosos y muy impreparados.

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