Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Importa la Congruencia
Eduardo García Gaspar
17 octubre 2003
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Pocas dudas hay. Se está ya cerca del final de la vida de SS Juan Pablo II. Hay unos mil millones de católico en el mundo, por lo que es claramente una noticia importante todo lo relacionado con este personaje.

Tiene 83 años, padece mal de Parkinson y artritis, enfermedades degenerativas que lo han inmovilizado.

No es sorprendente que se especule sobre su estado. Hace muy poco nombró a 31 cardenales nuevos, lo hizo más pronto de lo esperado. De ellos, 26 tienen menos de 80 años.

Ahora el número de cardenales para elegir un Papa es de 135 y casi todos han sido nombrados por el mismo Juan Pablo durante sus 25 años de papado.

La elección de un nuevo Papa abrirá, desde luego, la vieja discusión sobre si es un hombre de avanzada o conservador y, mucho me temo, que sobre esa dimensión serán las discusiones y alegatos acerca de la calidad del nuevo elegido, lo que es muy desafortunado.

Juan Pablo II, o Karol Wojtyla, ha sido el primer Papa no italiano en cuatro siglos y este carácter excepcional se mostró también en su indudable papel muy influyente en la caída de la URSS y el comunismo.

Lo menos que se puede decir de él es que cambió al mundo en serio. Otro de sus atributos han sido los innumerables viajes por todo el orbe, para lograr seguramente ser el hombre más visto en las reuniones más numerosas de toda la historia, una prueba de que el Catolicismo está vivo.

Otra dimensión de su papado ha sido, me parece, la firmeza. Ha mantenido la tradición del sacerdocio célibe, del sacerdocio masculino, más la oposición absoluta al aborto y la insistencia en contra de métodos anticonceptivos artificiales y los matrimonios homosexuales.

Esto ha producido comentarios acerca de un Papa conservador, aunque ello choque con el Papa que luchó en pro de la libertad. Una misma persona, dos formas de verlo.

Y esto es lo que me lleva a la sola idea que quiero compartir con usted. ¿Puede un Papa ser visto a la luz de una dimensión que va de conservador a moderno? Obviamente puede ser analizado viendo si se inclina por lo moderno o por lo conservador.

Mi punto es que puede ser evaluado así, pero que esa evaluación es muy superficial y por eso, poco útil.

La razón de esto está contenida en el papel de la Iglesia Católica como un guardián del mensaje de Jesucristo, una responsabilidad enorme.

¿Será mejor tener un Papa muy moderno que apruebe de inmediato todas las tendencias modernas y modas de estos tiempos, o un Papa que se ciegue a todo lo que sucede en la realidad y se mantenga inmóvil absolutamente?

Ni uno ni lo otro y sin embargo eso es lo que pide la evaluación del Papa como alguien moderno o anticuado. Hay bastante más en eso que el primitivo calificativo de avanzado o conservador. No creo que esos calificativos sean aplicables al Papa, aunque sean un instrumento de análisis de los medios para entender a los gobernantes y otros personajes.

Por eso, en Juan Pablo II se dan acciones que pueden verse como muy modernas, por ejemplo, en su insistencia del ser humano como alguien libre. Pero al mismo tiempo, tiene facetas que en una primera impresión se ven como conservadoras, por ejemplo, su oposición al aborto.

Le digo, esa dimensión de conservador-moderno no aplica al papado. Hay más y eso que es de fondo en la actuación del Papa es la consistencia con los valores centrales de la Iglesia.

Es decir, lo que hay que examinar no es si es moderno o anticuado, sino lo consistente que es en la aplicación de esos valores a las situaciones actuales, lo que es una enorme tarea, muy difícil. Y los problemas son serios, como el aborto, los anticonceptivos y demás. Por lo pronto, le sugiero una idea sencilla.

No se vaya usted con la finta y dé una calificación a cualquier Papa acerca de si él fue conservador o modernizador. Fíjese en la consistencia con la que él actúa, en la concordancia que existe entre él y los valores de la Iglesia Católica.

Esa es la función que debe cumplir, la de ver las realidades de los tiempos actuales y aplicar a ellos las verdades Cristianas de manera que ellas no se violen. Si es moderno o si es conservador, eso no importa en realidad.

La importancia está en la congruencia entre acciones y principios. Y aquí, creo, Juan Pablo II ha sido muy congruente.

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