responsabilidad

La irresponsabilidad como enemiga de la sociedad libre. La compleja y conflictiva sociedad democrática no es entendida con facilidad. Si se desea conservar libertades debe también mantenerse la idea de la responsabilidad.

Introducción

Quizá sean las complicaciones de una sociedad en la que sus miembros son libres lo que hace difícil su comprensión. La comprensión de sus ventajas y la de sus defectos.

Es enormemente más fácil entender el funcionamiento de una dictadura que el de una sociedad libre.

Y para comprender lo que significa vivir en una sociedad libre, pocas cosas son mejores que encontrar una clasificación de la irresponsabilidad, verdadera enemiga de la libertad.

Además de reconocer que en una sociedad libre necesariamente se vive rodeado de acciones que uno no necesariamente aprueba.


Eso es lo que nos brinda uno de los capítulos de la obra de Savater. La idea reportada en esta carta está en el libro de Savater, Fernando (1992). Política para amador. Buenos Aires. Ariel. capítulo Octavo, «¿Libres o Felices», pp. 197-219.


Punto de partida

Inicia el capítulo con la afirmación de que la vida en una sociedad libre es muy complicada.

Por el contrario, hay simpleza en los sistemas totalitarios, simpleza criminal que intenta imponer un orden sencillo e imposible en la sociedad.

Los totalitarismos se mofan de las libertades y con el pretexto de hacer el bien a todos, quieren terminar con esas libertades.

Las libertades, añade, llevan implícita la noción de la responsabilidad, que es el responder por el acto y explicar sus razones. Por tanto, la irresponsabilidad puede definirse como una enemiga de la sociedad libre

La explicación de las razones del acto realizado, por su parte, acarrea necesariamente la idea de articular esas razones, de manera que sea posible el diálogo con otras personas y eso es escuchar, saber oír a los demás sin posiciones cerradas.

Irresponsabilidad, enemiga de la sociedad libre

Con esta introducción, Savater, comienza su análisis de la irresponsabilidad. Todo en su camino para colocar a la irresponsabilidad como enemiga de la sociedad libre.

Concretamente, menciona varios tipos de irresponsables.

1. Otros tienen la culpa

La irresponsabilidad que usa argumentos del tipo yo-no-fui-fueron-las-circunstancias, con lo que quieren buscar responsables de sus actos en el sistema, en la sociedad, o en la ignorancia, Así argumentan desconocer las consecuencias de sus actos.

La mención de este tipo de irresponsabilidad no es querer dejar de considerar que los actos tienen variables circunstanciales, pero sí es querer aclarar que debe evitarse que la persona deje de ser responsable de sus acciones.

2. Fanatismo

El segundo tipo de irresponsable es el fanático, quien se niega a dar explicaciones de sus actos por considerar que él posee la verdad total y que solo responde ante entidades superiores a los del resto de los hombres.

En el fanatismo no hay posibilidad de dar aclaraciones ni explicaciones.

3. Burocracia

También existe el tipo de la irresponsabilidad burocrática. Es la que se da en instituciones y organizaciones en las que nadie es responsable de lo que allí se hace. Nadie da la cara.

La responsabilidad se pierde en las jerarquías de la organización, sin que exista la posibilidad, por ejemplo, de la renuncia de alguien por sus actos. Esto es impunidad; las denuncias de malas acciones no acarrean acciones efectivas.

4. El actor mayor

Por último, está la irresponsabilidad de aquellos quienes creen que quien debe hacer las cosas es la autoridad. Para estos el gobierno debe hacerlo todo y ellos tan solo deben esperar a que otros hagan las cosas.

Los irresponsables son los enemigos de la libertad

La libertad significa autocontrol y ella lleva consigo la idea de cometer errores y producir daños en nosotros mismos y en los demás.

Más aún, la creencia de sabernos responsables quiere decir que es posible organizarnos, que es posible realizar cosas; pues si no fuésemos responsables, ello significaría que alguien nos debe impedir actuar.

Infantiles irresponsables

Los irresponsables son como niños que tienen miedo a los actos de los demás o que tienen miedo a sus propios actos.

Cualquiera que sea la razón del miedo, ello lleva a la idea de querer prohibiciones de acción, pues creen que existen tentaciones irresistibles antes las que inevitablemente cedemos.

No sorprende, pues, que ellos piensen y propongan al gobierno como la única solución.

El gobierno prohibe así las tentaciones y ellos creen que esas prohibiciones hacen desaparecer a las tentaciones.

Lo que las prohibiciones gubernamentales no reconocen es que cuanto más vedado y proscrito es algo, más atracción y seducción ejerce.

Además, cada persona es diferente, y tiene sus propias tentaciones, las que tendrían que prohibirse también, a pesar de que no lo fueran para el resto.

Por ejemplo, las drogas. Su prohibición las ha convertido en un negocio en extremo lucrativo. Cada vez los delitos relacionados con el tráfico de droga crecen más. Para examinar esto, conviene recordar lo sucedido durante la Prohibición de bebidas fuertes.

Dice el autor que las tentaciones sencillamente no pueden ser prohibidas. Peor aún, las prohibiciones fomentan y promueven esas tentaciones, dañando a quien las hubiera usado con moderación.

Tolerancia y sociedad libre

Nos lleva ahora Savater al terreno de la tolerancia, reconociendo que si se vive dentro de una democracia ello necesariamente significa vivir rodeado de acciones que para una persona merecen desaprobación.

La democracia, por tanto, significa tener una base única para todos, pero muchas realidades diferentes.

Esa base es la de las leyes, que son iguales para todos. Las leyes protegen los derechos de cada persona, además de establecer las obligaciones correspondientes. Hay acciones que, no prohibidas por las leyes, pueden realizarse.

Por ejemplo, yo puedo ir al templo que yo quiera, pero no puedo hacer obligatorio que el resto de las personas vayan al mismo templo.

Eso implica tolerancia, pero el hecho de tolerar no quiere decir aprobar. Se puede comprender que las personas realicen algunos actos y así tolerarlos, pero las acciones y acciones de las personas pueden ser sujetos a crítica y desaprobación.

Libertad de expresión

Libertades como la de expresión son parte de la democracia, pero esta libertad, dice el autor, tiene dos restricciones.

Una es la de la abierta instigación a la violencia, al crimen o al daño a otras personas. Otra es la restricción que protege la intimidad de las personas.

Fuera de eso, la libertad de expresión tiene luz verde, aunque es muy recomendable la prudencia en los discusiones que acarreen consecuencias públicas.

Conflicto y felicidad

Las sociedades democráticas por su propia naturaleza son conflictivas y esto se debe a que ellas están basadas en la libertad, no en el consenso obligado, ni en  la unanimidad forzada.

Con esta consideración, vuelve el autor al tema de este capítulo.

¿Nos hace felices la libertad? Los gobiernos, contesta, no pueden hacer felices a persona alguna. Es suficiente con que ellos no la fastidien, ni la hagan desgraciada.

La felicidad no es una cuestión de orden político.

Si sucediera que en los momentos de grandes transformaciones de una sociedad las personas creyeran que todos sus problemas y males serían resueltos, ello sería una expectativa irreal.

La felicidad personal es buscada por el individuo en cosas y cuestiones que no están directamente relacionadas con las acciones gubernamentales. Donde la irresponsabilidad se convierte en enemiga de la sociedad libre.



Y unas cosas más…

Debe verse:

¿Qué es responsabilidad moral?

Otras ideas:



[Actualización última: 2020-09]

Otras referencias


Notas extras sobre responsabilidad y libertad

Por Eduardo García Gaspar 

Es una asociación íntima, profunda. Es un vínculo esencial que une a la responsabilidad con la conducta personal.

El sentido de responsabilidad es personal y propio. Ata a la conducta con la conciencia personal sin que eso necesite obediencia a un superior ni miedo ante un castigo.

Es la decisión de no robar tomada libremente, no por miedo a ser arrestado, sino porque eso manda la conciencia propia.

Es la conducta del alumno cuya conciencia le indica no plagiar textos ajenos y no lo hace. Y no lo hace no porque eso está prohibido en su universidad, ni porque en caso de descubrirse el plago sería expulsado. No lo hace porque su fuero interno le indica eso.

Conciencia, libertad y responsabilidad

Más aún, hay en la conciencia un criterio que guía decisiones: les asigna prioridades, es decir, un mecanismo que ayuda a seleccionar qué conductas sacrificar en aras de otras.

Es lo que indica a un alumno que es preferible obtener una nota real basada en sus conocimientos, que una nota ficticia obtenida con un plagio de materiales.

Me refiero a esa unión estrecha e íntima entre conciencia, libertad y responsabilidad personales. Es lo que hace que la irresponsabilidad sea la opositora y enemiga de la sociedad libre.

Una persona con conciencia que se impone por convencimiento propio que permite decidir, contiene también la aceptación individual de las consecuencias de la conducta decidida.

Es eso que llamamos responsabilidad y que es el someterse libremente a los efectos que esas decisiones tengan, buenas y malas.

La liga entre conciencia, libertad y responsabilidad es tan profunda que si, por ejemplo, se retirara a la responsabilidad, la libertad se desvanece al dejar de tener sentido.

Sin la conciencia y la libertad se disipa también el mecanismo que sirve de guía para tomar decisiones y el respeto a la conciencia propia.

Sin responsabilidad aparecen las decisiones desorientadas y la malicia que lleva a la persona a buscar maneras de no ser descubierto al hacer algo indebido y castigado por eso.

Es la conducta de ladrón que sabiendo que existen pocas probabilidades de ser capturado da prioridad a acciones que dañan a otros y encuentra maneras de minimizar su posibilidad de aprehensión.

Si la responsabilidad desaparece

¿Qué sucede cuando desaparece de la persona la aceptación de la responsabilidad? ¿Qué le pasa cuando ella no vive las consecuencias buenas y malas de sus acciones?

Sabemos la respuesta, su conciencia se achata y embota. Un padecimiento que provoca conductas desorientadas, aturdidas.

Si eso es cierto, entonces tenemos un problema de política que es muy serio: el estado de bienestar. Un candidato en México lo expresó en su formulación estándar:

«[…] si el gobierno está en manos de MORENA […], vamos a garantizar el derecho del pueblo al estado de bienestar, seguridad desde el nacimiento hasta la muerte, desde la cuna hasta la tumba» lopezobrador.org.mx

La intención no es criticable, pero le sucede lo mismo que a otros muy loables propósitos, ignora sus consecuencias no intencionales. Una de ellas, y no precisamente pequeña, es el debilitamiento del sentido de responsabilidad (y de la conciencia personal).

El estado de bienestar, esa «seguridad desde el nacimiento hasta la muerte» proveída por el gobierno tiene muy buenas intenciones, de tanta fuerza emocional que impiden ver sus efectos colaterales.

Irresponsabilidad en el estado de bienestar

Cuando el gobierno se hace cargo de los ingresos de los ancianos debilita la responsabilidad de los hijos para cuidarlos (subsidiariedad). Cuando el gobierno ayuda a madres solteras por simplemente serlo, anula la responsabilidad familiar inmediata.

Cuando usted quita exámenes de admisión de las universidades cancela la responsabilidad de estudiar. Cuando regala pastillas anticonceptivas y realiza abortos gratuitos, inhabilita la responsabilidad de la actividad sexual.

Hablo de un fenómeno común de nuestros tiempos, el de la caridad miope, de las ciegas buenas intenciones. Acciones gubernamentales con admirables propósitos que tienen graves efectos colaterales. Poniendo toda la atención en las intenciones se ignoran los métodos y sus consecuencias.

Porque al fin de cuentas lo que hace el estado de bienestar es debilitar el sentido de responsabilidad y así, entorpece el funcionamiento de la conciencia personal.

Y lo hace porque se alimenta de grandes deseos, de objetivos admirables, de propósitos loables que tienen personas que no se ponen a pensar en las consecuencias de lo que proponen.

Al retirar el sentido de responsabilidad de la persona es estado de bienestar produce la pérdida de libertades. Sin responsabilidad personal no se puede ser libre. Por eso, la irresponsabilidad es enemiga de la sociedad libre.