Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Moda y el Sentido Común
Eduardo García Gaspar
13 octubre 2003
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


De varias maneras he oído contar la siguiente historia que ahora narro según mi propia versión.

Cierto día, no hace mucho tiempo, dos corporaciones entraron en competencia una contra otra, dentro de un torneo de veleros.

Resultó vencedora clara una de las compañías, la llamada Sentido Común SA.

Ganó por más de un kilómetro de distancia contra el velero de la otra empresa, llamada Último Grito SA.

Desde luego, antes de la competencia, ambas empresas habían dedicado grandes recursos y mucho tiempo para estar en plena forma y ganar. Posterior a su derrota, la empresa Último Grito hizo lo que debía hacer, hizo una gran reunión interna que tuvo como misión analizar las causas de la derrota sufrida.

Viajaron sus ejecutivos a un retirado lugar en el que permanecieron varios días detectando la causa de su derrota. Su reporte decía,

“se considera como factor estratégico del suceso en cuestión, una falla en la estructura organizacional del velero, mismo que estuvo bajo el efecto de una jerarquía estructural que demandó la existencia de nueve personas con responsabilidad del timón y una persona operando las velas”.

De inmediato se llamó a una empresa de consultoría que pudiera remediar el problema. Después de varios meses de análisis, se estableció un programa de calidad continua aplicable a todos los niveles de la empresa.

Para la siguiente competencia, el reporte sugirió la modificación total de la estructura organizacional del velero para que ella estuviera formada por

“tres administradores directos del timón, tres supervisores de ruta colocados en la proa, tres supervisores de timón y un responsable de acciones de vela con capacitación especial y un programa de incentivos”.

Llegó la fecha de la siguiente competencia. Ganó de nuevo Sentido Común SA, con su misma estructura de cinco responsables de velas y un timonel, ahora con una diferencia de dos kilómetros contra el velero de Último Grito SA.

Desde luego, la empresa perdedora tomó decisiones inmediatas.

La primera medida fue el despido del responsable de acciones de vela por no haber llegado a las metas de su puesto. Fue vendido el velero a Sentido Común SA y se cancelaron los planes de mayores inversiones en ese terreno de negocios.

Igualmente, se tuvo una reunión extraordinaria, en la que de decretaron bonos para los tres supervisores de timón, los tres administradores directos de timón y los tres supervisores de ruta, los que también fueron transferidos a un nuevo proyecto de la empresa.

Ese nuevo proyecto de Último Grito SA era una competencia de carreras de automóviles.

El proyecto dio inicio con una reunión de arranque en Miami en la que se presentó un prototipo del auto que se quería producir. Tenía una máquina de 15 cilindros y medio y sería conducido por una equipo de especialistas, cada uno a cargo de una función específica.

Había un responsable de frenar, otro de cambiar velocidades, otro de acelerar, otro de girar a la derecha, otro de girar a la izquierda y otro de servir café.

Todos los especialistas serían coordinados por un comando central localizado en la parte trasera del vehículo donde serían acomodados el Director General y su corporativo entero.

La victoria, decían, estaba garantizada.

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