Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Oferta
Eduardo García Gaspar
2 enero 2003
Sección: ECONOMIA, Sección: Análisis
Catalogado en:


Dos de los más básicos conceptos de la Economía son los de la Demanda y la Oferta. Su conocimiento resulta en extremo útil para cualquier persona por añadir un sentido práctico a lo que esa persona desee comprender de la realidad que le rodea.

Este ensayo está dedicado a la Oferta. En otro se ve la Demanda. (Ya que Demanda y Oferta suponen la existencia de una economía libre, puede verse Economía de Mercado como referencia para la comprensión de un sistema en el que las demandas y las ofertas son una creación de las decisiones humanas libres).

La Oferta

Una buena explicación de la Oferta es decir que ella representa lo contrario de la Demanda. La Demanda explica la forma de razonar de los compradores. Por su parte, la Oferta explica la manera de actuar de los vendedores y productores.

Antes de seguir, debe hacerse explícito que las personas son ambas cosas, demandantes y oferentes, lo que significa que Demanda y Oferta tratan dos roles de las decisiones humanas.

La representación gráfica de la Oferta es la opuesta a la Demanda. En el eje vertical se tiene el precio de un bien y en el eje horizontal se tiene la cantidad de ese bien. La curva de la Oferta es proporcional al precio del bien: cuanto mayor sea el precio del bien mayor será la cantidad ofrecida de ese bien, exactamente lo opuesto a la Demanda.

Cuando un bien, el que sea, se vende a precios muy bajos, las cantidades producidas de él son pequeñas; pero sucede lo contrario cuando los precios del mismo bien son elevados.

La Demanda tiene una relación inversa con respecto al precio y la Oferta tiene una relación directa con respecto al precio. Una gráfica que representara a ambas curvas presentará una X, expresando sólo en apariencia la oposición de Oferta y Demanda.

En realidad la intención del demandante es comprar y la intención del oferente es vender, por lo que debe entenderse que por diseño ambos tienen intenciones de intercambio decidiendo precio y cantidad, aunque de una manera particular.

Si el oferente toma una decisión de vender a un cierto precio, el demandante toma la decisión de la cantidad que comprará; y si el demandante toma la decisión de precio, el oferente toma la decisión de cantidad.

Ninguno de los dos puede tomar las dos decisiones en precio y en cantidad y eso es lo que los obliga a buscar un acuerdo. Uno depende del otro para hacer una compra-venta y no existe un “dictador” en el proceso.

Esto revela una parte de la naturaleza de la Oferta que es pocas veces considerada. El oferente toma una decisión sobre una de las dos variables, precio o cantidad, pero no puede decidir ambas.

Su intención es vender mucho a los precios más altos posibles, pero no tiene poder para hacerlo; el oferente sabe que cuanto menor sea su precio de venta venderá más y viceversa.

Si el oferente decide elevar sus precios, por simple sentido común sabe que venderá menos y sus decisiones de precio están influidas por los costos de sus producción o adquisición; todo su interés estará enfocado a lograr los beneficios mayores que pueda pero dentro de una situación clara: si sus precios son muy elevados sus ventas descenderán y lo contrario.

Una empresa aseguradora, La Mercantil, toma la decisión de elevar los precios de sus seguros de incendio. La razón de esa decisión podrá estar muy justificada en cuanto a los costos, pero en el mercado ella enfrentará la acción de empresas aseguradoras competidoras: posiblemente varios de los clientes de La Mercantil renueven sus seguros con otras aseguradoras.

Incluso, si todas las aseguradoras se ponen de acuerdo para elevar los precios, podrán perder ventas totales ante la decisión de sus clientes de no asegurarse a los nuevos precios. Y en el largo plazo, esa situación podrá hacer atractiva la entrada a la industria de nuevas empresas aseguradoras que tengan costos más bajos y puedan vender a precios menos altos.

Un sector de la economía en el que los precios son altos por cualquier razón se torna en automático atractivo a más oferentes, lo que tiene el efecto de elevar la oferta de ese bien.

Si en una cierta ciudad existe un número reducido de restaurantes, por ejemplo, sus propietarios quizá estén en una situación de tener precios altos, lo que llama la atención de otras personas que en ciertos plazos de tiempo pueden abrir otros restaurantes y con ello elevar la oferta de ese tipo de establecimiento.

La esencia de la curva de la Oferta es ésa: los precios altos están directamente relacionados con una mayor cantidad ofrecida del bien y lo contrario. Esto puede ser entendido muy intuitivamente. Igualmente es intuitivo que la Oferta sea diferente en el plazo corto y en el plazo largo.

Dentro de períodos cortos, las ofertas de bienes pueden elevarse generalmente bajo las limitaciones de las instalaciones existentes ahora; pero dentro de períodos largos las instalaciones pueden ampliarse notablemente más que en los plazo corto.

La Oferta, por tanto, en un plazo corto tiene limitaciones mucho mayores que en el plazo largo, lo que significa que la Oferta en el plazo corto es una curva menos elástica que en el plazo largo.

También igual que la Demanda, la Oferta tiene movimientos, pues puede elevarse o reducirse dependiendo de una variedad de circunstancias. Si el precio de alguno de los insumos se eleva, la producción del bien en cuestión tenderá a reducirse y por eso su oferta será menor; el impacto en la producción del bien dependerá de la importancia del insumo.

Si la sal eleva su precio al doble, ello afectará a los restaurantes de manera mínima, pero si es el precio de la carne la que se eleva al doble, eso tendrá un impacto mucho mayor. Igualmente, la reducción del precio de algún insumo para la producción de un bien puede alterar a la Oferta aumentándola.

También, como en el caso de la Demanda es posible medir la proporción en la que la inclinación de la curva de la Oferta reacciona ante un cambio de precio. Una curva de Oferta puede tener una inclinación que le haga reaccionar de tres maneras distintas ante una elevación o reducción de precio.

La reacción más sencilla de comprender es la de un impacto proporcional igual al de la modificación del precio; por ejemplo, si el precio llegase a subir un 10 por ciento la cantidad ofertada se eleva también un 10 por ciento.

Una oferta inelástica significa que la Oferta reacciona menos que proporcionalmente a la elevación del precio; por ejemplo, si el precio se eleva 10 por ciento, la cantidad ofertada se eleva menos, digamos 5 por ciento.

Una oferta elástica tiene un comportamiento diferente, pues si por ejemplo el precio se eleva 10 por ciento la cantidad ofertada sube 15 por ciento.

La fórmula para calcular la elasticidad de la Oferta es muy sencilla, pues se trata de dividir el porcentaje de cambio en la cantidad demandada entre el porcentaje de cambio en el precio.

Elasticidad de la demanda = %cambio en cantidad / %cambio en precio.

Al igual que la Demanda, la Oferta debe merecer una definición en extremo exacta, lo que puede ser muy complejo.

El panadero difícilmente tomará una decisión de negocios examinando la oferta de ese bien en su país a nivel agregado; le conviene ver las ofertas de pan a nivel de su ciudad, y mejor aún de la zona de la ciudad en la que se encuentra, y profundizar en la oferta de cada tipo de pan.

Ya que las ofertas son creadas por los productores y vendedores es natural que se encuentren todo tipo de ellas en diferentes lugares y momentos.

Una empresa de tecnología ha desarrollado un producto muy innovador que espera tenga altas ventas en el mercado. Ya que su capacidad de producción es limitada, la empresa decide limitar la oferta del nuevo producto con precios más elevados de los que podría tener, pues su objetivo es evitar escasez de producto, lo que ocasionaría descontento entre clientes y la elevación del precio a nivel del minorista.

Quizá pueda decirse que cada uno de los productos ofrecidos posea en sí mismo su propia curva de oferta, pues, por ejemplo, sería absurdo agrupar en una misma curva la oferta de bolígrafos de precio bajo y de lujo; son dos productos que sirven para lo mismo, pero pueden ser ofrecidos de maneras muy diversas.

Incluso un mismo producto anunciado de dos maneras diferentes puede tener dos curvas de oferta diferentes (al igual que dos curvas de demanda distintas).

Detrás de la Oferta

El fondo del asunto es el mismo que en el caso de La Demanda. Las personas son la fuente original que crea con sus decisiones a la Oferta y a la Demanda, entendiendo que las mismas personas son al mismo tiempo oferentes y demandantes.

No existe un grupo exclusivo de personas que sólo compran y otro grupo diferente de personas que sólo venden.

Lo dicho sobre las decisiones humanas en la parte de la Demanda de este ensayo es aplicable en el caso de la Oferta también y no tiene mucho sentido abundar en ello. Sin embargo, es conveniente enfatizar el punto central que es el de partir de una hipótesis acerca de las decisiones humanas y sobre ella entender el comportamiento de la Oferta y la Demanda.

Es inevitable que el comportamiento señalado en esas dos curvas provenga de una idea que entiende a la persona humana como un ser pensante que utiliza su razón para tomar decisiones de elección y actuar dentro de un ambiente o contexto específico que tiene condicionantes internas y externas, bajo el control de la persona y fuera de su control.

Y esto tiene profundas consecuencias en el entendimiento de estos principios de Oferta y Demanda.

La Oferta y la Demanda tienen gran poder para explicar comportamientos y acciones humanas de todos tipos, legales e ilegales, buenas, neutrales y malas, de buenas y de malas intenciones; incluso acciones no económicas.

Con ellas pueden analizarse, por ejemplo, los mercados de contrabando, drogas, criminalidad, pero también los de medicinas, alimentos y otros muchos más.

No hay en esas herramientas de análisis, por tanto, una cualidad moral intrínseca a ellos; la moralidad radica en el ser humano que realiza las acciones y no en el proceso que siguen esas acciones.

Más aún, la Oferta y la Demanda suponen inevitablemente que los seres humanos son capaces de captar una realidad externa y objetiva para interpretarla y reunirla con los criterios, gustos, inclinaciones y preferencias personales, para así tomar decisiones individuales.

El punto principal en este sentido es comprender que tomar a la Oferta y a la Demanda como una herramienta única para conocer a la naturaleza humana es un error serio que se corrige solamente incorporando una noción explícita sobre el ser humano; de no hacerse esto se estarían condonando como legítimas acciones que son lógicas dentro del razonamiento parcial de una visión económica limitada, pero que a todas luces son reprobables.

El encuentro de la Demanda y la Oferta

Las dos curvas necesariamente se cruzan en un solo punto. La Demanda es una curva que cae dentro de la gráfica y la Oferta es una que se eleva por lo que es (casi) inevitable que haya una intersección entre ellas.

Ese punto de cruce representa en monto en el que hay acuerdos de compra y de venta: precio y cantidad coinciden entre quienes venden y quienes compran.

Ésa es la esencia del punto de acuerdo, los oferentes y los demandantes están en una zona de equilibrio en sus peticiones. Esto quizá pueda verse como una especie de compromiso informal y no escrito por ambas partes: a ese nivel de precio se producirán cantidades que se comprarán.

No se trata de una igualación de Oferta y Demanda, pues ambas curvas mantienen su tendencia contraria entre sí; los demandantes quieren precios más bajos para comprar más y los oferentes quieren precios más altos para producir más.

Pero sí se trata de una igualación de las cantidades demandadas y ofrecidas a un cierto precio, un punto que es una especie de polo de atracción para alrededor de él acordar compras y ventas.

La esencia de ese punto de acuerdo entre vendedores y compradores es una fijación de las variables de precio y cantidad que tiende a hacer eficiente la producción del bien. Para entender esto debe verse lo que sucede si el precio por alguna razón es diferente al precio acordado por el cruce de las dos curvas.

Si el precio fuera más alto que el acordado, los oferentes verían en ese precio una señal que les haría producir una cantidad más elevada que la demandada en realidad a ese precio más alto. El resultado de esto es una situación en la que habría exceso de ese bien que no se compraría.

Seguramente ese exceso de bienes no vendidos causaría decisiones en los oferentes para reducir el precio y deshacerse de los excedentes.

Pero si el precio fuera más bajo del acordado en el punto de cruce de las curvas, entonces los oferentes estarían produciendo cantidades menores a las demandadas por los compradores a ese precio.

El resultado de eso sería un faltante de producción, lo que probablemente causaría una serie de decisiones de los actores del mercado para elevar los precios.

Es decir, cuando por alguna causa existe una distorsión en los precios, las personas reciben señales que les llevan a tomar decisiones que los alejan del punto de acuerdo mutuo. Un ejemplo muy utilizado de esto es la popular medida gubernamental para fijar el precio de los alquileres de apartamentos a niveles que producen efectos contrarios a los deseados.

El gobierno municipal de Mocorito ha emitido una ley que fija el precio de alquiler de departamentos para vivienda en 10 pesos por metro cuadrado de cada una de las unidades; es decir, un departamento de 100 metros cuadrados por disposición oficial no puede cobrar una renta superior a 1,000 pesos. Si los propietarios de esos edificios consideran que el precio de la renta es insuficiente para cubrir sus gastos es seguro que en el plazo corto reduzcan gastos de mantenimiento. Y en el plazo largo, las personas verán señales de que a ese precio la oferta debe ser menor, lo que pone presión en los precios, pues a una oferta menor el precio debería elevarse.

La esencia de ese precio mutuamente acordado es la falta de dominio sobre el proceso para llegar a ese acuerdo. Nadie en particular sujeta el proceso a su voluntad unilateral por tiempos indefinidos, aunque pueden existir momentos “irregulares” durante los que se tienen ajustes.

Recuérdese que es un proceso dinámico que difícilmente puede ser evaluado integralmente analizando un momento específico y estático; la evaluación de un proceso dinámico también tiene que ser dinámica y examinar plazos. Véase Destruyendo y Creando.

Se trata de un proceso de negociaciones para beneficios mutuos, conducido sin imperio de nadie en particular y logrado espontáneamente sobre la base de señales que las personas capturan en su medio ambiente.

Debe señalarse que son simples señales, sucesos que las personas toman e interpretan para tomar decisiones y que no se trata de información exhaustiva en la inmensa mayoría de los casos. Un comprador de cigarrillos no necesita muchos más datos que el precio de la marca que fuma; incluso la compra de bienes de precio elevado como un automóvil no producen procesos de decisión que requieran información intensiva.

Los oferentes y demandantes ven en lo que está a su alrededor información necesariamente imperfecta y sobre ella deciden. Obviamente muchas de esas decisiones podrán ser erróneas, pero lo que importa es que la distorsión de la realidad del mercado conducirá a equivocaciones por diseño y no por malas evaluaciones personales.

Si, por ejemplo, un cierto sector industrial usa un insumo que tiene un precio artificialmente bajo, gas o electricidad, todas las empresas de ese sector operarán sobre bases irreales: su demanda de ese insumo será mayor a lo que correspondería si el precio fuese real y, por ende, no toman decisiones de menor consumo.

Ya que es una realidad que los recursos son limitados debe concluirse que es importante en extremo el utilizarlos con provecho y a esto colaboran los movimientos espontáneos de las curvas de Oferta y Demanda. Cuando se interfiere con ellos se producen distorsiones que desaprovechan recursos.

Rodolfo ha abierto un restaurante de comida gourmet en una zona de edificios para empresas. Su idea es atender a los ejecutivos de esas empresas en sus comidas de negocios cuando ven a sus clientes y lo quieren hacer en un ambiente de lujo. Si el restaurante tiene éxito ello significa que los recursos utilizados por Rodolfo han servido. Pero si el restaurante no tiene éxito puede deducirse que los insumos que ha usado se han desaprovechado: el local, las mesas, las sillas, la cocina, los meseros, los platos, todo podría ser usado en otras actividades con mayor provecho en otras actividades.

En esencia lo que se está reconociendo es que los recursos son siempre escasos, por eso tienen un precio; los precios encierran, cuando son reales, información clave que permite tomar decisiones sobre las cantidades que pueden consumirse y ofrecerse.

Una elevación del precio de la gasolina, por ejemplo, puede modificar las decisiones a la corta para usar menos el auto y a la larga para crear y comprar autos más eficientes. Sin esas señales de los precios, las decisiones tomadas serían erróneas.

Por ejemplo, mantener artificialmente el precio de la gasolina no produciría iniciativas para tener motores de menor consumo, o bien, un subsidio dado a algún alimento evitaría el aumento de la oferta de ese bien.

Un mercado libre

Lo establecido antes está fuertemente inclinado a sostener que un mercado espontáneo, basado en la libre decisión de las personas presenta ventajas de uso y aprovechamiento de recursos limitados, lo que por lógica debe repercutir en incrementos de bienestar.

Ya que los mercados libres pueden producir algunas críticas, conviene explicar en mayor profundidad su naturaleza con las siguientes consideraciones.

Las curvas de Oferta y Demanda tienden a igualar a las personas evitando sesgos discriminatorios basados en raza, sexo o alguna otra característica personal. El tipo de decisiones de compra y venta ignoran en lo general a las acciones de discriminación.

Un comprador que adquiere un computador no busca mucho más allá que un buen precio dada la calidad de la máquina, sin importarle quién la produjo y vende. Un vendedor no tiene interés en diferenciar a sus clientes por raza, o religión.

Sin embargo, sí existen criterios inherentes al bien y que diferencian a las personas. Un cosmético labial para mujeres hace de lado a los hombres. El fabricante de corbatas ignora a las mujeres. A los editores no les interesan las personas que no saben leer.

Estas situaciones son entendibles y no pueden verse como acciones de discriminación reprobable contra segmentos de la población; un disco de música de rap hace de lado a quienes no gustan de ese género.

Sin embargo hay otro tipo de segmentación que suele ser objeto de críticas. Todo bien tiene un precio, el que sea, y por eso el bien discrimina contra quien lo puede desear pero no lo puede adquirir debido a falta de ingreso suficiente.

Rolls-Royce discrimina o hace de lado a quienes queriendo tener esa marca de autos no lo pueden pagar; aunque por otro lado, los autos de bajo precio pueden muy bien estar discriminando contra quienes consideran que esos carros no son dignos de ellos.

El eje central de este punto es el precio, pues todo precio implica un cierto nivel de discriminación, o mejor dicho, separación de personas. No importa de qué religión se es para comprar un Ferrari pero sí importa que la persona tenga el dinero para pagarlo.

Gonzalo es propietario de un bar que empezó a ser frecuentado por estudiantes atraídos por los precios accesibles de las bebidas, pero que no consumían las cantidades suficientes según el propietario y, además, eran demasiado ruidosos, por lo que ahuyentaban a clientes de más edad que eran los más frecuentes. Para evitar el problema, Gonzalo elevó los precios de las bebidas y los estudiantes dejaron de ir. Además tuvo una idea, abrir otro bar, con precios bajos destinado sólo a estudiantes.

Hay dos maneras de reaccionar ante esta situación. Una de ellas es la crítica absoluta y total del sistema de libre mercado y que solicita su anulación por estar basado en precios. La otra forma en la que se puede reaccionar es más realista y basada en las siguientes consideraciones.

La realidad es innegable, los recursos son escasos y si ellos no tuvieran un costo serían desaprovechados en perjuicio general. Debe aceptarse que los recursos cuestan y que comprar bienes requiere tener ingresos, lo que puede entenderse como un incentivo de mutuo beneficio: para lograr ese ingreso la persona debe convertirse en oferente de bienes deseables para otros.

Es decir, se crea una dependencia mutua entre las personas y esto no puede dejarse de ver positivamente (véase La Buena Desigualdad).

Bajo está perspectiva de interdependencia, el punto se vuelve ahora más sencillo de plantear, al deber ser visto como la exploración de las causas por las que algunas personas carecen de un ingreso considerado razonable siquiera bajo algún estándar flexible.

Y, más aún, este planteamiento permite proponer una avenida de investigación prometedora: quienes no tienen ingresos suficientes están en esa posición porque no crean una Oferta valiosa. Las causas de esa falta de creación de una Oferta valiosa pueden ser varias, como la carencia de capacitación y otras más.

Un mercado libre presupone una relación positiva entre esfuerzo personal e ingreso, pero no significa esto la inexistencia de factores y circunstancias que nublan esa relación. Los criterios personales, las habilidades propias y circunstancias ajenas a la persona ensucian esa relación entre esfuerzo e ingreso.

Sin embargo, resulta lógico que donde no exista el incentivo para los esfuerzos se tendrá una cantidad menor de ellos, lo que afectará negativamente a la Oferta y tenderá a elevar los precios con el consecuente daño a los compradores.

Suele ser objeto de crítica la serie de movimientos de precios que tienen los bienes y que esos movimientos pueden lastimar severamente a las personas. La realidad sin duda demuestra que efectivamente los precios tienen oscilaciones, a veces muy pronunciadas y que eso tiene un efecto negativo en los compradores cuando los precios se elevan.

Esta crítica debe ser vista con más profundidad de la que suele tenerse.

Los precios suben, pero también es posible que bajen y eso es positivo, pues eso tiene un efecto claro: el ingreso del comprador de hecho se eleva cuando baja el precio de algún bien. Y lo contrario, el ingreso personal de hecho se reduce cuando algún bien sube de precio.

Al entender a las oscilaciones de precio como señales para la decisión de las personas, la perspectiva se modifica, pues esos cambios son valiosas indicaciones de acción.

Cuando un precio se eleva significa que el bien en cuestión debe ser tratado de otra manera que antes y que sería conveniente reducir su consumo; hay que cuidarlo. Por el contrario, si el precio baja, eso indica que ahora se puede consumir más, pues hay mayor abundancia que antes. Los frutos y las verduras de temporada son ejemplos en extremo conocidos de estos movimientos de precio.

Beatriz suele comprar en temporada tomates con los que hace salsa que congela y utiliza cuando ya ha pasado ese tiempo; de esta manera piensa ella ahorra dinero. Alberto y su familia suelen tomar vacaciones fuera de temporada, cuando los precios de los hoteles son más bajos y pueden quedarse unos días más por el mismo precio que lo harían en temporada alta.

Al ver a los precios como un sistema de avisos, las personas tienen una base real para guiar sus decisiones de compra y venta. Quitar ese sistema de avisos equivale a provocar errores de decisión en las personas, lo que altera su bienestar.

Más aún, por definición se trata de un proceso cambiante en el que todos tienen influencia pero nadie comanda y las señales que mandan los precios son base para tomar decisiones. También debe entenderse que en un sistema así, de intercambios voluntarios, todas las partes ganan realizándolos.

Si no ganaran algo, por poco que sea, el intercambio no se realizaría, pues es voluntario. Cada persona hace sus propios cálculos, de acuerdo a sus evaluaciones subjetivas, y toma decisiones que pueden ser acertadas o equivocadas en un proceso de aprendizaje continuo.

Casos y situaciones

Esta sección está destinada a provocar discusiones acerca de las situaciones presentadas. En ellas se presentan situaciones basadas en la vida real y se apuntan algunas ideas acerca de cómo tratarlas.

Un restaurante y el impuesto de lujo

Un restaurante argentino, El Che Bife, fue fundado hace varios años. Su especialidad son los cortes de carne para dos personas, ofrecidos a precios que son altos y con productos de alta calidad. Ha sido un buen negocio por varios años.

Las autoridades del país han decretado un impuesto de lujo, aplicable entre otras cosas, a los restaurantes como El Che Bife por el que el impuesto a las ventas sube de 10 a 20%. ¿Cómo afectará ese impuesto al restaurante?

Lo más sencillo es entender al nuevo impuesto como una elevación del precio de ir a comer a ese restaurante; con un impuesto de 10%, una cuenta de 1,000 pesos tendría un costo de 1,100, pero con el nuevo impuesto el costo sería de 1,200. La misma comida en el mismo lugar, debido al impuesto, eleva el precio en 100.

Al elevarse el precio es lógico esperar una disminución de la cantidad demandada, por lo que El Che Bife tendrá razón en esperar que se disminuya el número de clientes que lo visitan.

¿Cuántos? Depende de la elasticidad de la demanda y si suponemos que la demanda de los restaurantes es elástica, el efecto será una reducción de más del 10% de los ingresos.

Y más aún, las decisiones de clientes y propietario estarán basadas en precios diferentes: el cliente basará su cantidad demandada en un precio que incluye el impuesto de venta de lujo, pero el oferente basará su decisión en el precio de venta sin el impuesto; con una cuenta de 1,200 pesos incluyendo impuesto, ésa será la base de la cantidad demandada, pero la base para la cantidad ofrecida será la cantidad de 1,000 pesos.

Obviamente la diferencia entre ambas bases es el monto del impuesto.

El panadero que tiene un monopolio

José Juan Alcázar decidió abrir una panadería en un rumbo de la ciudad en el que por muchas cuadras a la redonda no existe una panadería. Su panadería al abrir ofrece pan de varios tipos dentro de una pequeña tienda que ofrece la comodidad de tener pan a distancias cortas para los vecinos.

La demanda es grande y no puede satisfacerla, por lo que a eso de las diez de la mañana suele quedarse sin pan para vender hasta que los hornos entregan la siguiente orden hacia las tres de la tarde.

Juan no sabe si subir los precios o dejarlos como están; sabe que al subir los precios, las personas reducirán sus compras de pan en la panadería, lo que les causará descontento. Pero también les produce descontento el que se termine el pan tan temprano por las mañanas y por las tardes. ¿Qué es lo que hará Juan?

Posiblemente a la corta, suba sus precios en alguna proporción para mantener la existencia de pan a todas horas, por lo menos de algunos tipos de pan; si sube mucho los precios, eso hará atractiva su venta en otros comercios cercanos que hasta ahora no venden pan.

Quizá decida elevarlos algo, pero lo más seguro es que decida a la larga ampliar la capacidad de horneado para mantener la oferta de pan a todas horas dando más comodidad a sus clientes.

Una protegida industria de la televisión

Los fabricantes de televisores de un país han logrado que se prohíba la entrada de aparatos fabricados en otras partes del mundo, bajo la idea de que así la industria podrá progresar teniendo un mercado nacional no atacado por competidores extranjeros.

¿Qué sucederá en el país? La predicción exacta es imposible, pero pueden apuntarse posibles sucesos.

Si los precios de las televisiones fabricadas localmente son muy altos o su calidad es muy inferior, eso será un incentivo a la creación de una oferta de aparatos de contrabando; los precios altos actuarán como señales de oportunidad a otros competidores que podrán invertir en esa industria o satisfacer la demanda por medios ilegales.

Igualmente, los fabricantes de esos televisores locales no tendrán el incentivo de competencia a niveles internacionales, lo que posiblemente les haga trabajar bajo estándares menores.

¿Puede haber varios proveedores de agua?

La situación general es la de un solo proveedor de agua entubada dentro de cada ciudad, típicamente una empresa estatal. El punto de análisis es la posibilidad de mejorar ese mercado introduciendo competidores adicionales que logren el efecto de productos mejores a precios más bajos.

¿Es posible tener otro proveedor de agua corriente? Quizá no en la mayoría de los casos debido a la presencia de una red de tuberías ya existentes que tendría que duplicarse para aceptar a otros competidores y que el consumidor cambiara a su antojo; por no mencionar las fuentes de abastecimiento construidas por el gobierno generalmente.

El hecho es que ese cambio de marca no es tan sencillo como en otros tipos de productos, aunque ha habido cambios sensibles en industrias en las que la competencia se consideraba imposible, como telefonía y electricidad.

¿Debe la empresa estatal subir y bajar precios dependiendo de abundancia o escasez? Sí es recomendable, pero al ser monopolio esas decisiones deben ser vigiladas por entes independientes; los precios cambiantes serían valiosas señales que ayudarían a los consumidores a decidir cantidades demandadas (podría haber un extremo en caso de presas muy llenas para tener días de agua gratuita).

Los costos de dos universidades

En una ciudad existen dos universidades que son iguales en todo, excepto en los costos de colegiaturas. Una de ellas cobra 10 mil pesos el semestre de estudios y la otra cobra 30 mil.

Si ambas son iguales en todo, la universidad con precios menores enfrentará una demanda significativamente mayor. Sin requisitos de admisión y con el compromiso de admitir a todos, la universidad de menor precio enfrentará un problema serio de cupo que tendrá que ser solucionado de cierta manera, pues sus instalaciones quizá no sean suficientes.

¿Qué alternativas tiene para reducir la cantidad demandada de estudios en ella? Una es elevar los precios; pero también puede poner exámenes de admisión muy fuertes para admitir a los más capaces.

¿Qué problema enfrenta? El de una demanda que no puede satisfacer ante la cual tiene que imponer limitaciones de algún tipo.

Por su parte la universidad más cara quizá tenga un problema de falta de alumnos y esté en una posición de instalaciones y facilidades desaprovechadas que le inclinará a tomar decisiones para elevar la cantidad demandada, quizá ofrecer dormitorios gratuitos a alumnos de fuera de la ciudad.

Las dos universidades tomarán decisiones que se afectarán entre sí. Una universidad gratuita totalmente enfrentará una demanda amplia, a la que quizá no pueda satisfacer en su totalidad. Una universidad en extremo cara podrá ser atractiva sólo si ofrece oportunidades de ingresos futuros mayores que las de otras instituciones.

Bibliografía

Las siguientes obras fueron consultadas para la elaboración de este texto y son lecturas altamente recomendadas.

Lecturas de Economía Política. Jesús Huerta de Soto (ed.) Unión Editorial.1986. En especial Método y Crisis en la Ciencia Económica, de Jesús Huerta de Soto.

Price Theory and Applications. Steven S. Landsburg. Southwestern Thomson Learning. 2002. Un muy buen libro de texto sobre el tema.

Economic Logic. Mark Skousen. Skousen Publishing Co. 1999. Otro muy buen libro de texto que es una gran introducción al tema de la Economía.

The Armchair Economist, economics and everyday life. Steven Landsburg. The Free Press. 1993. Un divertido libro de razonamientos económicos que es de gran ayuda para el lego en la materia.

Hay más material de consulta en ContraPeso.info: Precios.

ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural. Tiene una colección de más de tres mil textos.



2 Comentarios en “La Oferta”
  1. Kasumi Dijo:

    me ayudo bastante en mi tarea buena información muy completa

  1. Contrapeso » La Demanda




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