Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Soledad del Director
Eduardo García Gaspar
24 noviembre 2003
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Hay una frase muy conocida. Es de Lord Acton y dice más o menos que el poder corrompe y que el poder absoluto corrompe absolutamente.

A esto, una historiadora ha añadido otra dimensión, aterradora en serio. Barbara Tuchman ha dicho que el poder atonta y a esto podemos agregar que quizá también el poder rotundo embrutece rotundamente.

Desde luego, ambos autores fijan su atención en los círculos gubernamentales. Sin embargo, cuando en alguna conferencia he presentado la idea de Tuchman, siempre algún asistente ha mencionado casos en los que él cree que eso mismo sucede dentro de las empresas.

Déjeme, por tanto, abordar el tema. Lo haré de la manera más analítica posible, inspirado siempre en lo que he escuchado en esas conferencias.

Casi todos hablan de un director que comete errores propios de un hombre aislado, solo en su oficina, sin salir de ella, y protegido por una pléyade de secretarias y por una agenda que jamás tiene un espacio libre las doce horas del día que él trabaja.

Por tanto, no hay posibilidad de que se entere de nada de lo que no llega a su oficina. Ése es el otro común denominador de esas situaciones, pues lo que llega a su oficina está filtrado por una serie de destiladores de varios tipos.

Uno de esos filtros es la serie de personas que tienen acceso a él y que pueden ser gente honesta y franca o personas rastreras y aduladoras.

Si son serviles, será nula la posibilidad de que información real llegue al director general, por lo que él tomará decisiones sobre bases falsas, lo que obviamente producirá errores costosos para la empresa.

La otra situación que me cuentan es la de la actitud del director. ¿Le gusta o no escuchar verdades? Si la respuesta es negativa, es obvio que su gente le hará llegar sólo lo que le agrade, sea falso o no. En otras palabras, sus subordinados, mentirán conscientemente, con el mismo resultado anterior, malas decisiones para la empresa.

La visión del director será de la un falso mundo color de rosa.

Otro rasgo, es el de no acostumbrar tours por las oficinas de los subalternos, desde los más altos hasta los más bajos. Aparentemente lo que esas visitas logran es añadir realismo a un puesto que por tendencia natural tiende a aislarse de los demás.

Desde luego, todo el problema se reduce a uno de aislamiento, lo que puede dar indicaciones de los remedios a seguir.

Por ejemplo, insistir en escuchar la verdad por parte de su gente, castigando al adulador y premiando al honesto. Más, saber escuchar entre líneas buscando problemas y síntomas de ellos; salir de la oficina regularmente; y en caso de situaciones conflictivas siempre escuchar las diferentes partes de los argumentos.

La estrategia general es la de destruir esa capa de aislamiento del director formada por mil diferentes detalles, costumbres, personas y costumbres. Un asunto serio, pues pega directamente en la sobrevivencia de la empresa.

Sea lo que sea, por lo que escuché, no es una situación rara. Es relativamente común y aplicable no sólo al mero mero, sino a los demás niveles más altos de las empresas.

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