Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Las Leyes no se Comen
Eduardo García Gaspar
11 marzo 2003
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Si usted es un agricultor de tomate lo que a usted le interesa es producir tomates. Si usted es un escritor, a usted le interesa escribir libros.

Pero si usted es un legislador, lo que le interesa es emitir leyes. La producción de tomates o de libros o de mangos, puede ser de beneficio para todos.

Pero un exceso de leyes produce lo contrario de lo que persigue. El exceso de leyes encarece la vida, produce confusiones e ilegalidades. Lastima el bienestar esa profusión legal.

Y, sin embargo, eso es lo que nos dan los legisladores, pues es lo único que saben hacer.

Los abundantes torrentes legales satisfacen a los políticos que así muestran a todos los ciudadanos sus grandes vocaciones de servicio, aunque de esa manera se inunde la sociedad en un fango legaloide que detiene toda actividad.

Las leyes crean no sólo trámites que desperdician tiempos de producción ciudadana, sino también ideas que no dejan de ser muestras de confusiones mentales cuyo único propósito útil es hacer ver a los legisladores como personajes terriblemente preocupados con los problemas sociales.

Cuantos más problemas sociales se tengan mejor para ellos, quienes arrojarán a la sociedad cascadas de leyes y reglamentos que colocarán a prácticamente todos fueran de la ley. Entre las cosas que los legisladores avientan a la sociedad están ideas con buena dosis de humor involuntario pero que están envueltas en las más sagradas vestimentas políticas.

Un ejemplo de esto es la mención reciente de incluir en la legislación mexicana más alta un derecho, el de la alimentación. De hacerse realidad eso, desde luego, nuestra vida será más amable, pues supongo yo que podamos llegar a un restaurante francés, exigir que se cumpla ese derecho y se nos sirva de inmediato un plato de Coq au Vin.

Lo que sucede es que en el fondo, las ansias legislativas son tantas y tan vehementes que ciegan la vista del congresista. La noción de un derecho a la alimentación tiene valor de propaganda, pero no tiene un fundamento que permita lograr eso que quiere cumplir.

Usted podrá poner ese derecho en la constitución del país con mayor pobreza que nada logrará. Usted puede dotar a una población del derecho al empleo, que eso tampoco remediará el desempleo sufrido.

La realidad no puede ser manejada soñadoramente por ley alguna. Usted puede colocar en la ley el derecho a no morir, a no caerse, a no chocar su auto, que nada de eso será posible. La razón es ignorar a la realidad.

Un derecho real impone un papel doble en las personas. Por ejemplo, el derecho a la propiedad privada que usted tiene, coloca en todos la obligación de no robarle y si llegan a hacerlo serán castigados. Su derecho de libertad religiosa coloca en los demás la obligación de no impedir la realización del culto de su preferencia.

Pero un derecho a la alimentación no tiene esa posibilidad. Si usted tiene derecho a alimentarse, no hay nadie concreto en el que recaiga la otra parte natural de todo derecho bien fundamentado. ¿Caerá en su vecino? ¿En un restaurante? ¿En todos?

Si recayera en todos, usted tendría la facultad de ir casa por casa y pedir obligadamente dinero para alimentarse y si acaso no le dieran dinero, la policía los obligaría. Le digo, el único mérito de un derecho como el de la alimentación es su valor de propaganda política para el legislador que quiere mostrarse preocupado y hace lo único que sabe hacer, leyes.

Hace más el productor de tomates, el de chiles, el de legumbres por remediar el problema de la alimentación que el legislador al que se le ocurre la terrible idea de crear lo injustificable.

La alimentación para todos, buena y suficiente, no puede ser un derecho. Es, sin duda, una intención loable a la que todos debemos ayudar de alguna manera, pero no puede ser un derecho.

Y si acaso llegara a convertirse en un derecho, lo que así se logrará será posiblemente lo contrario de lo que intenta, pues en ese torrente de leyes el legislador ahogará a la iniciativa individual de quienes sí pueden producir alimentos.

La verdad es que las leyes no son comestibles pero si lo fueran México no tendría ya un problema de falta de alimento. Lo que las buenas leyes hacen es facilitar la acción humana que produce satisfactores que sí pueden comerse.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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