Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Las Víctimas Desconocidas
Eduardo García Gaspar
15 enero 2003
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en: ,


La disposición oficial para el cobro de un peso adicional en cada boleto de cine es algo tan completamente falto de inteligencia que sirve muy bien para explicar una cosa de simple sentido común, lo que ayudará a entender que medidas como ésas tienen un saldo final negativo para todos en el país.

Vayamos paso por paso para ser claros, aunque el asunto es sencillo en extremo.

Para facilitar las cosas inventemos una cifra, la que sea, para trabajar con ella. Digamos que al final del año ese impuesto adicional recolecta una cantidad de mil millones.

Esa cantidad se da a la industria del cine y con ella se producen películas. Hay varios problemas aquí, como el costo de la administración, la falta de incentivos para producir con atractivo a las personas, limitaciones a la libertad de expresión, injusticia de hacer pagar por películas que no se verán y varios más.

Pero hay algo de más fondo. Esa cantidad salió de los bolsillos de los ciudadanos, asistentes al cine y exhibidores, y pasó a manos de la burocracia para después pasar a manos de la gente del cine.

Como salió de las carteras de las personas eso quiere decir necesariamente que esas personas tendrán mil millones menos que gastar o ahorrar. Le quitaron a las personas esa cantidad y de eso no hay duda alguna. Las personas ahora ya no tienen ese dinero y por eso dejarán de hacer lo que iban a hacer con él.

Quizá no compren un disco, o dejen de ahorrar alguna cantidad, o no repongan un foco que se ha fundido. Si usted acumula todas esas cosas que las personas iban a hacer con el dinero que ahora no tienen, eso permite ver que todo lo que ha hecho ese impuesto es algo muy claro.

Ha provocado una redistribución del gasto de las personas que iban a gastar una determinada cantidad de cierta manera y ahora van a gastar mil millones menos. No se ha creado nada, tan sólo se ha redistribuido el gasto del consumidor de otra manera a la que él lo hubiera hecho.

El país no acaba mejor con ese impuesto y quizá termine peor.

El dinero ha pasado a manos de una industria pero se le ha quitado al resto de las industrias. Lo que ha ganado la gente del cine lo ha perdido el resto de la gente.

Digo, los pesos tienen cien centavos y si me quitan un centavo, eso quiere decir que tengo 99 para gastar. Es una cuestión sencilla de sumar y de restar.

Por cada vez que vayamos al cine nos quitarán un peso. Si vamos 20 veces al año al cine tendremos 20 pesos menos que gastar en otras cosas porque nuestros ingresos, altos o bajos, tienen un límite.

Necesariamente las personas tendremos menos dinero porque ese impuesto nos lo ha quitado para redistribuir los ingresos de las personas de otra manera distinta a la que hubiera sido sin ese peso de impuesto.

El resultado neto es una industria artificialmente beneficiada y el resto artificiosamente lastimado. Nunca sabremos con exactitud quiénes son las víctimas concretas de esa redistribución del gasto del consumidor, pero no hay duda de que ellas existen.

Si usted iba a gastar su ingreso de cierta manera, ahora lo gastará de otra manera porque le retirarán dinero de su bolsillo si va al cine.

El punto central de esto es que ese impuesto lastima a una cantidad amplia de personas e industrias por un monto igual al que se recolecte. Habrá un poco menos de dinero para los alimentos, para las diversiones, para todo eso que usted compra.

Un impuesto así, por tanto, no crea nada, tan sólo redistribuye los ingresos de las personas.

Si usted cree que con ese impuesto México hará mejores películas, lo que es dudable, piense que si eso sucede el costo de ello será el daño al resto de las industrias, con un balance neto final muy posiblemente dañino para todos. Esto que le digo, no es nuevo.

Que yo recuerde, la primera vez que este tema se analizó fue en 1776 en el libro de Adam Smith (de seguro antes) y ha sido ampliado varias veces en otros escritos.

Es algo sobre lo que existe consenso y es reconocido. Un impuesto así beneficia a unos y daña al resto, teniendo al final un balance negativo para todos, pero con la ventaja de tener un valor de propaganda gubernamental que resulta valioso en una población poco educada.

Un impuesto de este tipo puede ser vista como una disposición totalmente carente de inteligencia, de talento, de análisis, de seso, de prudencia, de reflexión, de sensatez, de…

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