Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Libertad y Responsabilidad
Selección de ContraPeso.info
1 agosto 2003
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: AmaYi
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Quizá sean las complicaciones de una sociedad en la que sus miembros son libres lo que hace difícil su comprensión; la comprensión de sus ventajas y la de sus defectos. Es enormemente más fácil entender el funcionamiento de una dictadura.

Y para comprender lo que significa vivir en una sociedad libre, pocas cosas son mejores que encontrar una clasificación de la irresponsabilidad, verdadera enemiga de la libertad, además de reconocer que en una sociedad libre necesariamente se vive rodeado de acciones que uno no necesariamente aprueba.

Eso es lo que nos brinda uno de los capítulos de la obra de Savater, que es un libro altamente recomendable para quien se inicia en la exploración personal de las cuestiones políticas. La idea reportada en esta carta está en el libro de Savater, Fernando (1992). POLÍTICA PARA AMADOR. Buenos Aires. Ariel. 9509122033, capítulo Octavo, ¿Libres o Felices?, Ariel, 1992, pp. 197-219.

Inicia el capítulo con la afirmación de que la vida en una sociedad libre es muy complicada.

Por el contrario, hay simpleza en los sistemas totalitarios, simpleza criminal que intenta imponer un orden sencillo e imposible en la sociedad.

Los totalitarismos se mofan de las libertades y con el pretexto de hacer el bien a todos, quieren terminar con esas libertades.

Las libertades, añade, llevan implícita la noción de la responsabilidad, que es el responder por el acto y explicar sus razones. La explicación de las razones del acto realizado, por su parte, acarrea necesariamente la idea de articular esas razones, de manera que sea posible el diálogo con otras personas y eso es escuchar, saber oír a los demás sin posiciones cerradas.

Con esta introducción, Savater, comienza su análisis de la irresponsabilidad. Concretamente, menciona varios tipos de irresponsables.

Primero, la irresponsabilidad que usa argumentos del tipo yo-no-fui-fueron-las-circunstancias, con lo que quieren buscar responsables de sus actos en el sistema, en la sociedad, o en la ignorancia, Así argumentan desconocer las consecuencias de sus actos.

La mención de este tipo de irresponsabilidad no es querer dejar de considerar que los actos tienen variables circunstanciales, pero sí es querer aclarar que debe evitarse que la persona deje de ser responsable de sus acciones.

El segundo tipo de irresponsable es el fanático, quien se niega a dar explicaciones de sus actos por considerar que él posee la verdad total y que sólo responde ante entidades superiores a los del resto de los hombres.

En el fanatismo no hay posibilidad de dar aclaraciones ni explicaciones.

Tercero, también existe el tipo de la irresponsabilidad burocrática. Es la que se da en instituciones y organizaciones en las que nadie es responsable de lo que allí se hace; nadie da la cara.

La responsabilidad se pierde en las jerarquías de la organización, sin que exista la posibilidad, por ejemplo, de la renuncia de alguien por sus actos. Esto es impunidad; las denuncias de malas acciones no acarrean acciones efectivas.

Y, cuarto, está la irresponsabilidad de aquellos quienes creen que quien debe hacer las cosas es la autoridad; para ellos el gobierno debe hacerlo todo y ellos tan solo deben esperar a que otros hagan las cosas.

Los irresponsables son los enemigos de la libertad. La libertad significa autocontrol y ella lleva consigo la idea de cometer errores y producir daños en nosotros mismos y en los demás.

Más aún, la creencia de sabernos responsables quiere decir que es posible organizarnos, que es posible realizar cosas; pues si no fuésemos responsables, ello significaría que alguien nos debe impedir actuar.

Los irresponsables son como niños que tienen miedo a los actos de los demás o que tienen miedo a sus propios actos.

Cualquiera que sea la razón del miedo, ello lleva a la idea de querer prohibiciones de acción, pues creen que existen tentaciones irresistibles antes las que inevitablemente cedemos. No sorprende, pues, que ellos piensen y propongan al gobierno como la única solución.

El gobierno prohibe así las tentaciones y ellos creen que esas prohibiciones hacen desaparecer a las tentaciones.

Lo que las prohibiciones gubernamentales no reconocen es que cuanto más vedado y proscrito es algo, más atracción y seducción ejerce.

Además, cada persona es diferente, y tiene sus propias tentaciones, las que tendrían que prohibirse también, a pesar de que no lo fueran para el resto.

Por ejemplo, las drogas. Su prohibición las ha convertido en un negocio en extremo lucrativo. Cada vez los delitos relacionados con el tráfico de droga crecen más. Para examinar esto, conviene recordar lo sucedido durante la Prohibición de bebidas fuertes.

Dice el autor que las tentaciones sencillamente no pueden ser prohibidas. Peor aún, las prohibiciones fomentan y promueven esas tentaciones, dañando a quien las hubiera usado con moderación.

Nos lleva ahora Savater al terreno de la tolerancia, reconociendo que si se vive dentro de una democracia ello necesariamente significa vivir rodeado de acciones que para una persona merecen desaprobación.

La democracia, por tanto, significa tener una base única para todos, pero muchas realidades diferentes.

Esa base es la de las leyes, que son iguales para todos. Las leyes protegen los derechos de cada persona, además de establecer las obligaciones correspondientes. Hay acciones que, no prohibidas por las leyes, pueden realizarse.

Por ejemplo, yo puedo ir al templo que yo quiera, pero no puedo hacer obligatorio que el resto de las personas vayan al mismo templo.

Eso implica tolerancia, pero el hecho de tolerar no quiere decir aprobar. Se puede comprender que las personas realicen algunos actos y así tolerarlos, pero las acciones y acciones de las personas pueden ser sujetos a crítica y desaprobación.

Libertades como la de expresión son parte de la democracia, pero esta libertad, dice el autor, tiene dos restricciones. Una es la de la abierta instigación a la violencia, al crimen o al daño a otras personas. Otra es la restricción que protege la intimidad de las personas.

Fuera de eso, la libertad de expresión tiene luz verde, aunque es muy recomendable la prudencia en los discusiones que acarreen consecuencias públicas.

Las sociedades democráticas por su propia naturaleza son conflictivas y esto se debe a que ellas están basadas en la libertad, no en el consenso obligado, ni en  la unanimidad forzada.

Con esta consideración, vuelve el autor al tema de este capítulo. ¿Nos hace felices la libertad? Los gobiernos, contesta, no pueden hacer felices a persona alguna; es suficiente con que ellos no la fastidien, ni la hagan desgraciada.

La felicidad no es una cuestión de orden político.

Si sucediera que en los momentos de grandes transformaciones de una sociedad las personas creyeran que todos sus problemas y males serían resueltos, ello sería una expectativa irreal.

La felicidad personal es buscada por el individuo en cosas y cuestiones que no están directamente relacionadas con las acciones gubernamentales.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



1 comentario en “Libertad y Responsabilidad”
  1. Contrapeso » Mercados, intervención y política




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